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martes, 19 de diciembre de 2017

La impostura moderna del 'judeocristianismo'. Razones teológicas para afirmar su falsedad.


"Eternamente tuve el principado, desde el principio, antes del origen de la tierra.
Antes de los abismos fui engendrada; 
antes que los manantiales cargados de agua;
antes que los montes fuesen formados,
antes que los collados, ya había sido yo engendrada.
No había aún hecho la tierra ni los campos,
ni el polvo primordial del mundo.
Cuando formaba los cielos, allí estaba yo."
(Pr. 8:23-27)

"Yo mismo te engendré, como rocío, antes de la aurora."
(Sal. 110)

Ya hemos hablado en otras ocasiones de la falsedad que encierra este término que responde a intereses políticos, como es propio de la moderna neolenguaEn esta ocasión vamos a mostrar cómo la auténtica Tradición cristiana contiene dogmas fundamentales que resultan incompatibles con la falsedad herética que propone el moderno y judaizante término de 'judeocristianismo'. 

El término judeocristianismo encuentra su justificación en la idea cada vez más extendida de que los seguidores de la religión mosaica son "hermanos mayores en la Fe" de los cristianos. Esta idea, ya lo hemos apuntado en otras ocasiones va dirigida a socavar la Fe y la identidad de los cristianos, y muy especialmente de los católicos, pues otras ramas del cristianismo resisten de momento la influencia de esta campaña de confusión. 


martes, 13 de enero de 2015

Simbolismo de la nieve y el hielo



Ya que nos hemos referido brevemente al significado que poseen la nieve y el hielo al tratar del sentido esotérico del Árbol de Navidad (ver aquí), creemos que puede ser útil extendernos un poco más sobre ello a fin de precisar el valor simbólico que poseen estos elementos de la naturaleza desde un punto de vista tradicional.

En primer lugar, debemos advertir que los significados simbólicos que vamos a abordar a continuación adquieren su plena significación solamente cuando son contemplados desde el punto de vista de la Geografía Sagrada, es decir, desde la asunción de que la naturaleza en tanto que fenómeno no es sino una Epifanía en sentido estricto (del griego επιφάνεια), es decir un 'manifestarse', un 'darse a conocer' de lo numinoso bajo la forma del mundo. Es sobre esta certeza sobre la que se asienta cualquier analogía tradicional que tome como punto de partida un fenómeno, ya se trate de un acontecimiento o de un elemento natural cualquiera.

Por otra parte hay que precisar que el significado simbólico de nieve y hielo resulta inseparable de otros dos simbolismos, con los que se asocia de manera inevitable y a los que nos referiremos muy brevemente como introducción: el de la montaña y el del agua, y dentro de este último se asocia, más concretamente, al simbolismo de los ríos.

jueves, 25 de diciembre de 2014

Símbolos de la Natividad: el árbol de Navidad (I)



"A los que vivían en tierra de sombras una luz brillante los cubrió. 
Acrecentaste el regocijo, multiplicaste la alegría: 
alegría por tu presencia, como la alegría en la siega."
(Is. 9:2)


Al enfrentarnos al significado del conocido árbol navideño, presente en tantos hogares cuando se celebra el nacimiento de Jesús cada 25 de diciembre, nos encontramos ante otro caso de ataque premeditado contra un símbolo tradicional con la intención de desacreditarlo y borrar por completo el sentido profundo que tal símbolo contiene. Un caso bastante similar en su fondo e intención al que viene sucediendo en las últimas décadas con los tradicionales animales del Pesebre, el buey y la mula, y que ya hemos tratado (ver aquí)

Si la presencia del buey y la mula en el Portal de Belén ha sido en los últimos tiempos cuestionada por no encontrarse referencia explícita a dichos animales en el Evangelio -olvidando de paso que también lo que la iglesia practica forma parte de la Tradición-, el árbol navideño es acusado cada año con mayor beligerancia de ser un símbolo pagano y extranjero y, en definitiva, de ser una tradición dudosamente compatible con la fe cristiana. 


Resulta llamativo que todas estas campañas acostumbren a aparentar un exceso de celo y de rigor por la pureza de la tradición, a la cual supuestamente quieren librar de elementos espurios, a pesar de lo cual no es difícil advertir que lo que realmente persiguen tales campañas es destruir la tradición en su esencia más profunda, pues nunca ninguna de ellas atiende jamás al verdadero significado esotérico -es decir espiritual y metafísico- de los símbolos contra los que carga, sino que atienden exclusivamente a los factores más superficiales y anecdóticos del asunto, demostrando con ello lo lejos que están de comprender los símbolos en su justa medida, así como de cualquier enseñanza tradicional del tipo que sea. 

viernes, 28 de noviembre de 2014

Reflexiones sobre el valor y la funcionalidad del arte en una sociedad normal (y II)



Hasta aquí hemos explicado brevemente las tres funciones principales que poseía el arte en una sociedad tradicional y que pueden resumirse como sigue:


  • función (con)formadora - educar y dar forma al alma a un nivel profundo para constituir un ser humano integral. 
  • función comunicadora - como puente o camino por el que el sujeto establece contacto con las realidades superiores, pone en comunicación ambos mundos. 
  • función transformadora o reparadora - a fin de re-equilibrar, restituir el orden  (cosmos) perdido. Este ordenamiento se da tanto entre los hombres (nivel social) como entre la Tierra, los hombres y los Cielos (nivel cósmico).

Por último, pueden ser adecuadas unas palabras acerca del origen del arte desde la perspectiva tradicional. Debemos hacer notar que este origen no es diferente al del lenguaje mismo, en tanto que la potencia simbólica de ambos remite por entero al espíritu, que es su fuente común. Ambos son inevitablemente huella del espíritu en el mundo. A propósito de esto, se dice a menudo que la característica más reseñable de ambos –lenguaje y arte- es la función simbólica y representativa, pues bien, sin negar esto, entendamos que representar es volver a presentar algo, para lo cual es necesario que ese algo esté ausente, de ahí que toda representación implique siempre recuperar una presencia perdida, es decir, poner fin a una ausencia.


Reflexiones sobre el valor y la funcionalidad del arte en una sociedad normal (I)


‘Todo arte que no proporcione saber ha de ser descartado.’


Ibn ‘Arabi


"El arte debe ser como ese espejo
que nos revela nuestra propia cara."


J.L Borges, 'Arte poética'.





 [1] Lo que generalmente se consideran las grandes corrientes o etapas del arte universal son, cada una de ellas, expresión propia de una civilización única y particular. No cambia el arte sin que cambie la sociedad misma que lo crea y lo nutre. De este modo cada gran corriente artística que ha existido en la historia corresponde a un modo único de ser-en-el-mundo. El arte constituye así una herramienta privilegiada para estudiar y conocer un pueblo, al modo de una radiografía del alma de esa sociedad, al mostrarnos su modo particular de sentir y ver el mundo: es como un 'retrato' de su mundo interior donde se nos muestran a la luz sus deseos, sus pasiones y sus miedos más profundos. El arte es, como dijera Spengler, ‘alma hecha forma’.

 Pero el arte no sólo cumple una función expresiva sino también una importante función reflexiva. Ninguna sociedad crea su arte para otra, para exhibirse ante otros hombres o pensando en tiempos venideros, sino por y para sí misma. El arte se convierte así en una auto-representación por la cual la sociedad cobra conciencia de sí misma. Por tanto el arte es, antes que nada, una herramienta de auto-conocimiento: el espejo en que toda sociedad se mira. 

 Por lo tanto el arte tradicional no solo muestra la realidad interior de una sociedad particular sino que al mismo tiempo contribuye en buena medida a crearla y a tomar conciencia de ella: la reflexividad que supone el arte tiene una importancia fundamental en el desarrollo de la identidad de toda colectividad humana, descubriendo a esa colectividad quién es, qué la define y cuál es su lugar en el mundo. 

lunes, 3 de noviembre de 2014

Karma y destino (y III): el 'sentimiento trágico' de occidente



Capítulo aparte merecería el estudio de por qué diferentes tradiciones -la hindú y la greco-latina- pusieron el énfasis en diferentes aspectos de esta realidad. 

El diferente énfasis que ponen ambas doctrinas acerca de los condicionamientos y los límites que conlleva toda manifestación ha de dar lugar forzosamente a desarrollos  y conocimientos diferentes en uno y otro caso. Desarrollos que pueden implicar disciplinas como la teología, la filosofía, el arte y cualquiera otras, pues todas son expresión del alma humana. 

Como hemos visto hasta ahora el destino es, por definición, invariable. Ahora bien, el especial énfasis puesto en la inamovibilidad del destino por parte de la tradición greco-latina ha generado un 'sentimiento trágico' muy propio de la cultura y tradición occidental, una percepción de fatalidad intrínseca a la experiencia vital [1]. Este sentimiento trágico puede rastrearse en los pueblos germánicos, eslavos, por supuesto entre los griegos y quizá algo menos en los romanos. En todo caso de nuevo resulta abrumador en ciertos períodos la cristiandad medieval. Este carácter trágico, este modo doliente de enfrentarse a la vida se aleja muy claramente de la actitud de desapego y distanciamiento con que suelen enfrentar la existencia las tradiciones orientales y consideramos que es una  suerte de 'marca racial' de los pueblos de occidente. 


domingo, 2 de noviembre de 2014

Karma y destino (II): 'cuerpo causal' y liberación espiritual


Una vez entendido que el destino está constituido por aquellos condicionamientos inscritos de manera informal pero indeleble en el 'cuerpo causal' (karana-sharira) de un ser, resulta evidente que el desarrollo de ese ser no puede ir hacia cualquier parte pues, aun poseyendo diversas posibilidades o potencias, éstas no son de ningún modo infinitas para un ser dado en la manifestación, definido y caracterizado como no puede ser de otro modo por la concreción y la limitación. [1]

Las diversas tradiciones espirituales de la humanidad han tratado de dotar a los hombres de estrategias con las que superar dichas limitaciones a fin de alcanzar el espíritu. Se trata por tanto de trascender la barrera que suponen los condicionamientos del alma en sentido general y del 'cuerpo causal', en tanto que núcleo del alma, en particular. El principal obstáculo para alcanzar dicha unión no es el alma en sí -pues el alma es un órgano de conocimiento-, sino las impurezas -impresiones y condicionamientos, que la ensucian y enturbian su 'mirada'. Es así por tanto que toda disciplina espiritual auténtica es una terapia de descondicionamiento -de 'liberación'- dirigida a 'limpiar' y purificar el alma para que pueda unirse con el Espíritu, es decir, en último término a liberar al 'observador'. Todas las tradiciones coinciden en señalar que el hombre que ha logrado tal 'unión' o 'identificación' es el único 'hombre libre' o 'liberado' -jivanmukta en terminología hindú-. Por su parte la consecución de dicha limpieza o purificación destruye la 'cadena kármica' que ha producido a ese ser particular por la 'ley de la necesidad' (la Ananké platónica) y le ha conducido a la manifestación. Puede describirse esta 'limpieza' interior como un camino 'hacia atrás', 'hacia el interior' o 'hacia las profundidades' de ese ser, cualquiera de estas imágenes sirve, pues todas ellas son metáforas tradicionales empleadas para referirse al trabajo espiritual. 


viernes, 31 de octubre de 2014

Karma y Destino (I)


Una de las nociones metafísicas que ha sido más pervertida y desnaturalizada por la new-age es la de karmaLlama la atención en particular que este término de karma se haya extendido a lo largo y ancho de occidente a la vez que se niega de la manera más ferviente toda concepción metafísica propia de la tradición occidental, y muy particularmente se niega aquella que viene siendo la contraparte occidental de la idea de karma: el destino. 

Esto demuestra la profunda confusión en que está inmerso el hombre moderno, que reniega de todo aquello que le es más propio y cercano -con el consabido argumento del oscurantismo y la superstición- solo para acabar abrazando exotismos y modas ajenas que no comprende, y que a menudo resultan ser aún más oscurantistas y falsas, cuando no obedecen a intereses sospechosos [1]

Si se niega en occidente la existencia del destino no es en base a razones filosóficas o metafísicas sino en virtud de una supuesta 'libertad individual' de que disponemos para regir nuestras vidas y con la cual sería incompatible la idea de destino. Es decir, se razona y se decide en base a criterios meramente sentimentales, relativos al gusto y al deseo; no importa la verdad. Hasta aquí ha llegado a debilidad mental de occidente. 

lunes, 8 de septiembre de 2014

Simbolismo del lago y el estanque (I)


La imagen del estanque o el lago ha sido empleada con frecuencia como metáfora del alma humana aunque mejor sería decir que estanque y lago son un símbolo del 'hombre integral' tal y como éste es entendido por parte de las antropologías tradicionales. Veamos a continuación cómo se adecua la figura de las 'aguas contenidas' en un lago o estanque al significado ya citado de ser una imagen del alma humana, si es que lo hace, así como qué otras conclusiones se pueden sacar a partir de tal simbolismo. 

Hay que reparar en que el estanque está dividido verticalmente en tres zonas o regiones que son las que nos van a guiar hacia su simbolismo:
  • la superficie del agua
  • el agua 
  • el fondo del estanque

miércoles, 18 de junio de 2014

Edad moderna vs. edad media (IV): feminismo e 'ideología de género' desde una perspectiva tradicional

El 'eterno femenino' y el feminismo moderno.


Volviendo al tema que nos ocupa, el de la importancia de lo femenino como símbolo del 'pilar de la emancipación', y su consiguiente exclusión del núcleo ideológico del paradigma moderno, si nos dirigimos a las antiguas tradiciones espirituales puede advertirse que generalmente se ha asociado a lo masculino lo activo y exterior, el aspecto exotérico de una cultura, mientras a lo femenino se asocia lo pasivo, lo interior, lo oculto, aquello que no se muestra explícito a la luz -el alma, por ejemplo que se relaciona siempre con lo femenino-, y por ello lo femenino está en relación no tanto con el polo exotérico sino con la dimensión esotérica -interior- de la tradición. 

Ya hemos tratado en otras ocasiones de la concepción tradicional de los opuestos, no como enemigos -lo son solo en apariencia- sino como complementarios que deben dar lugar a un nuevo equilibrio y orden que les trascienda. La superación de ambos se producía en una síntesis creativa, lo que muchas tradiciones representaban básicamente bajo dos imágenes:

martes, 10 de junio de 2014

Edad moderna vs. edad media (III)




El valor de lo femenino.

Entre los diferentes pares de opuestos que pueden asociarse a los pilares 'del control' y 'la emancipación' hay uno que forma parte de la interpretación más tradicional de los opuestos: la polaridad masculino-femenino

Esta polaridad cobra especial relevancia cuando reparamos en que va asociada en la modernidad a otra: razón-superstición. En efecto, para la modernidad -que ha sido acertadamente calificada de misógina por numerosos autores- la razón -y por consiguiente todas las disciplinas científicas de carácter moderno que le son deudoras- se encuentra clarísimamente asociada a lo masculino y al varón, mientras las ideas asociadas a lo irracional, como superstición, creencia o intuición, así como todas aquellas que remiten al ámbito religioso, caen del lado de lo femenino y la mujer. 

Estas constelaciones de significados resultan aún más evidentes cuando las analizamos en referencia al discurso histórico construido desde la modernidad y que ya hemos expuesto anteriormente. Este acercamiento nos interesa especialmente para entender el carácter que se ha atribuido a la edad media, carácter que, como veremos a continuación y en tanto contra-ejemplo histórico de la modernidad misma, ha retenido buena parte de los significados y valores asociados con lo femenino en el mundo tradicional. 

jueves, 5 de junio de 2014

Edad moderna vs. edad media (I): Algunas reflexiones sobre dos paradigmas antagónicos



Ya que nos hemos referido recientemente a los pilares del control y la emancipación (ver aquíquisiéramos emplear este modelo teórico para confrontar la ideología y los valores subyacentes a los respectivos paradigmas medieval y moderno. 

En primer lugar hemos de señalar cómo toda la historia de occidente está construida sobre esta dicotomía ya citada de 'control-emancipación' presentada por De Sousa, dicotomía que en sí misma reviste en el fondo un carácter profundamente tradicional pero que toma tintes claramente anormales y anti-tradicionales en el modo en que la modernidad lo entiende y aplica. Veamos por qué. 

Resulta definitorio que, dado el carácter reduccionista y excluyente de la modernidad, estas oposiciones no fueron entendidas como complementariedades -como lo eran para el mundo tradicional- sino que se asumió su perfecta irreconciliabilidad y por tanto la absoluta superioridad de uno de los polos sobre el otro. Es esta irreconciliabilidad entre los opuestos la que ha conformado el carácter propio de la modernidad, conduciéndola inexorablemente a los ideales de competencia, control y dominio, ideales donde, como ya hemos dicho con anterioridad, lo diferente representa un peligro, una amenaza que debe ser neutralizada.  

domingo, 18 de mayo de 2014

Los 4 niveles de interpretación del símbolo



Son conocidos los cuatro niveles de interpretación que estableciera Dante en su Convivio (literalmente 'Convite' o 'Banquete'). Resumidamente estos niveles son: 
  • el literal,
  • el alegórico, 
  • el tropológico (también denominado a veces moral o filosófico) y
  • el anagógico (a veces llamado teológico).

Dante especifica que a excepción del literal o histórico, los otros tres son alegóricos, pues provienen de alle, extraño, otro. Es una idea común que este esquema proviene de Dante, pero aunque Dante es la referencia clásica, como buen autor tradicional, él hereda y transmite este conocimiento. Según Dante da a entender es un procedimiento que aplicaban los escolásticos a la lectura e interpretación de la Sagrada Escritura. Pero tampoco ellos fueron sus descubridores.  

domingo, 27 de abril de 2014

Sobre el nombre de este blog

Porqué este blog se llama Agnosis.


a-. Prefijo que denota privación o negación. (RAE)

gnosis. (del griego) Conocimiento. Dícese del conocimiento absoluto e intuitivo, especialmente de la divinidad. (RAE)


"De lo que precede resulta que el hombre puede, desde su existencia terrestre, liberarse del dominio del Demiurgo o del Mundo hylico, y que esta liberación se opera por la Gnosis, es decir por el Conocimiento integral. Señalemos que este Conocimiento nada tiene en común con la ciencia analítica y no la supone de ningún modo. Es una ilusión muy extendida en nuestros días creer que no se puede llegar a la síntesis total más que a través del análisis; al contrario, la ciencia ordinaria es totalmente relativa y, limitada al Mundo hylico, tiene la misma existencia que éste desde el punto de vista universal.

R. Guénon, El Demiurgo. 


El hombre moderno, presa de la agitación constante en que está sumido vive en la nesciencia metafísica y espiritual. Atento siempre a la manipulación de innumerables objetos de diversa índole de los que se rodea de manera compulsiva, envuelto y casi ahogado en su propio ruido, carece del tiempo y la actitud necesarios para la observación pausada y detallada de algo, siquiera él mismo. Sus mismas facultades al respecto están mermadas, sus sentidos embotados. El hombre de nuestro tiempo no conoce la experiencia del silencio. Apreciamos esta merma de sus capacidades en lo difícil y esforzado que nos resulta "escuchar", por ejemplo, durante unos pocos minutos una pieza musical.

El velo que oculta la Realidad presente bajo los infinitos fenómenos es cada vez más grueso y opaco gracias al desarrollo de toda una realidad virtual, cada vez más vasta, propiciada por el hiperdesarrollo de la tecnología. Estas virtualidades, celebradas como progresos, veneradas como verdades divinas, invaden como un grotesco diluvio el imaginario mental del hombre, anegan su alma, cercenando su creatividad y dirigiendo su propia capacidad imaginal, haciéndose por tanto cada vez más difícil traspasar esta nueva cortina de pseudo-mitos y alcanzar el centro de uno mismo.

lunes, 3 de febrero de 2014

Simbolismo zodiacal: Piscis




La representación moderna del signo de Piscis muestra dos peces nadando en sentidos opuestos, sin embargo la imagen tradicional de este signo era otra y estaba vinculada a un personaje propio de las mitologías mediterráneas orientales pre-cristianas. Veamos en primer lugar cómo se representaba este signo en la edad media.  




Signo de Piscis del zodiaco del Portal Real de Chartres.

martes, 28 de enero de 2014

Esoterismo cristiano: el Crismón


El escudo del Imperio Romano de Oriente, llamado 'Crisma de Constantino' y a veces lábaro, oculta diversos simbolismos de gran importancia. En primer lugar este emblema respondía al conocido lema del Emperador:


"In Hoc Signo Vinces

("por este signo vencerás") 


Si seleccionamos la primera letra de cada palabra nos aparece el acróstico: 

I - H - S - V 

que son las letras latinas que forman el Nombre de Jesús. En las iglesias cristianas latinas (occidentales) normalmente se representa este acróstico recurriendo sólo a las tres primeras letras: 

I - H - S

motivo que aún es fácil de encontrar en diversas combinaciones y que también guarda varios simbolismos de los cuales tratamos aquí.

Esoterismo cristiano: Tarot




El Tarot y el Oráculo de Toth


Comenzaremos nuestro recorrido por el esoterismo cristiano observando algunos de sus símbolos menos evidentes. Desvinculado desde hace siglos de las ciencias sagradas y tradicionales (como la astrología) el Tarot ha caído poco a poco en el descrédito y el mal uso. Aparece entre las 'pseudociencias' como una cartomancia y es empleado para 'adivinar' un hipotético futuro. Pero cabe preguntarse si éste es el fin con que fue pensado y diseñado en origen. Además semejante esfuerzo para un saber tan dudoso resulta sorprendente. Entendemos que en su origen el Tarot no fue pensado ni diseñado para estos fines.

Muchos hacen derivar el término "Tarot" del nombre del Dios egipcio "Toth". Lamentablemente no hay relación alguna en su etimología. Una vez más se aceptan con facilidad fuentes de origen incierto y se niegan y desprecian obstinadamente las fuentes tradicionales. No se entiende por qué procedimiento lingüístico puede derivarse Tarot de Toth introduciendo una consonante de modo inexplicable en medio de la palabra.

Sin embargo parece más razonable que la palabra "Tarot" tenga su origen en un símbolo muy conocido y que funcione como anagrama del mismo.

El Crismón era el emblema de Cristo en la Alta Edad Media. Fue insignia del Imperio de Oriente, Bizancio, se dibujaba en los tondos de Santa Sofía de Constantinopla, aparecía en los escudos imperiales y se propagó por toda Europa durante el románico como sello de Cristo. El Crismón está formado por las dos primeras letras del nombre de Cristo, en griego Xristos, que significa "ungido". Estas dos primeras letras son la Ji (X) y la Ro (P). Cuando se superponen dan el signo que conforma el Crismón. Esto es bien conocido por cualquiera mínimamente versado en Historia del Arte.

Las otras dos letras del Crismón son la a ("alfa", primera letra del alfabeto griego que corresponde a la A del latino) y  w, W ("omega" —literalmente 'O grande'— última letra del alfabeto griego que corresponde a la O larga del latino). Primera y última letras del alfabeto griego en referencia al principio y el fin del mundo que supone Cristo Jesús, Rey del Mundo y Señor de los Tiempos.

De modo que el Crismón posee las letras X, P, A y W. 

Por otra parte la palabra TAROT posee dos T, una A , una O y una R.

T - A - R - O - T



La X no es otra cosa que un aspa, o también, una cruz tumbada o girada. Cruz que está formada a su vez por dos "Taus" (T) contrapuestas y unidas por su trazo superior horizontal. Por tanto la X dividida en dos partes iguales da lugar a dos T. Por su parte la W griega puede ser sustituida por su equivalente latina, la O. De modo que ya tenemos las letras -T, T, A, O, R- que forman la palabra TAROT. Solo resta ordenarlas adecuadamente. 

El orden correcto nos lo da el sentido del círculo en que se inscribe el propio Crismón. No es casual que el Crismón se inscriba en un círculo, símbolo de los ciclos y de la rueda de la manifestación o samsara. Y, efectivamente, a partir del símbolo del Crismón se lee fácilmente la palabra Tarot.

Por otra parte podemos escribir la palabra Tarot de forma circular, de modo que comenzara y terminara en la misma letra la T.


T

O                A

R


Así que las letras en que se descompone el Crismón ordenadas convenientemente según la orientación del círculo nos dejan leer:

T A R O T

Esta teoría de la lectura circular de la palabra se confirma mediante dos fáciles artificios. Por transliteración de las letras que componen la palabra, artificio frecuentemente usado por los cabalistas, cambiamos de lugar las consonantes entre sí y las vocales entre sí. La palabra obtenida resulta clarificadora:

R O T A R


Más fácilmente de conseguir. Si en lugar de transliterar las letras cambiamos el punto de lectura de las letras escritas en círculo. Si en lugar de comenzar en lo alto del círculo y leer en el sentido de las agujas del reloj leemos el signo en el sentido opuesto se encuentra la misma palabra:

R O T A R


Hay que señalar un último detalle: si escrita la palabra Tarot en forma circular es leída comenzando en el punto más alto pero en el sentido opuesto a las agujas del reloj se lee "Torá", la Ley.

El Oráculo de Toth


Decíamos al principio que muchos creen erróneamente que existe una relación etimológica entre "Tarot" y el nombre del Dios egipcio "Toth". Nos parece ya suficientemente demostrado que esta relación es falsa. Lo cual no significa que no exista relación alguna. Realmente hay una relación entre el Tarot y el Dios Toth, pero no es etimológica.

Esta relación entre ambos términos proviene de los significados y enseñanzas más profundas que representan. Toth es el Dios que en la tradición egipcia inventó la escritura y la enseñó a los hombres. Se le representa habitualmente con cabeza de Ibis. De las tres escrituras que históricamente se usaron en el Egipto faraónico la que se supone transmitida por Toth es la más antigua de ellas: la escritura jeroglífica.


    • Jeroglífico - del griego hieros glifos, "grabado sagrado". Efectivamente la escritura jeroglífica era considerada sagrada, de origen divino por los egipcios. Es bien conocido que esta escritura consiste en ideogramas de lo más variado. Emparentada con el término glifo tenemos otra palabra que tambien designa una lengua sagrada: 'petroglifo', "grabado en piedra".


La Tradición Hermética dice que el Tarot es "el Libro de Toth". Esto, aparte de haber provocado la confusión lingüística ya aclarada anteriormente no hay porqué ponerlo en duda, siempre que no olvidemos que tal enunciado tiene un sentido simbólico. Es decir, no hay porqué dudar del sentido simbólico del enunciado tradicional. Es fácil percatarse de que el Tarot está compuesto de "ideogramas" como la misma escritura jeroglífica egipcia. Si estos ideogramas fueran en su origen considerados sagrados cabe la posibilidad de que fueran emparentados a los jeroglíficos egipcios, quizá erróneamente, quizá simbólicamente en tanto lenguaje figurado -es decir con figuras-. He ahí la primera y principal relación entre Tarot y Toth. No es la única.

Como ya dijimos a Toth se le representa con cabeza de Ibis. El ibis era considerado en Egipto un ave sagrada. El ibis aparece con sorprendente frecuencia en los portales y los capiteles románicos de toda Europa. La Tradición Hermética nos dice también que los cabalistas eran aquellos que conocían "la lengua de los pájaros". Incluso el argot propio de los alquimistas y esoteristas de la Edad Media llegó a llamarse "lengua de los pájaros" (lo cual tiene amplias implicaciones para aquel que quiera entender el Camino de Santiago). Precisamente entre los romanos los augures eran quienes conocían el "vuelo de las aves": a pesar de que nos ha quedado la interpretación más superficial, esto es que predecían el futuro (¡sorprende que sea la misma función adivinatoria a la que ha quedado relegado el Tarot!) observando el vuelo de las aves en el cielo. Pero esto no es más que un modo sutil de decir lo mismo: que poseían y manejaban un código comunicativo que no era público o exotérico, sino esotérico y básicamente incomunicable, dependía de la intuición. La "lengua de los pájaros", el "vuelo de los pájaros". Viene aquí a la memoria sin dificultad ese pasaje de la Tetralogía wagneriana en que la sangre del dragón Fafner otorga la inesperada cualidad a Siegfried de entender precisamente el canto de un pájaro del bosque. Demasiadas coincidencias para ser consideradas casualidades.

Precisamente recibía el nombre de Hermes el equivalente griego del Dios Toth y en la Alejandría helénica se le llamó Hermes-Toth. Hermes era el mensajero de los Dioses y hacía el viaje entre el Olimpo y los hombres. Debido a esta movilidad, cabe decir volatilidad, que define su función se le representa con alas en el pétaso (sombrero de alas anchas propio de los pastores) y en las cáligas (sandalias). También la vara de Hermes, el caduceo, posee un par de alas en su cúspide.


El diccionario nos dice que oráculo es la "respuesta que da Dios por sí o por sus ministros". Entre los gentiles esta respuesta se daba a través de pitonisas o sacerdotes (hierofantes). Y ésta era exactamente la función primera para la que fue diseñado el Tarot: como instrumento de comunicación con los dioses, como oráculo, para recibir una respuesta divina.  Por tanto realizaba una función de contacto y comunicación entre la esfera de los dioses y la de los hombres. Recordemos que la función principal de Hermes-Toth era precisamente servir de enlace entre los dioses y los hombres. Ahora se entiende claramente y sin lugar a dudas que el Tarot en tanto que vehículo e instrumento oracular para comunicarse con lo numinoso no puede estar dedicado simbólicamente sino al mismo numen que comunicaba cielo y tierra para la tradición esotérica. Puesto que el mismo Jesucristo se proclamó fin y medio ("nadie va al padre si no es por mí") para alcanzar esta comunicación el Tarot no puede sino referirse de modo inevitable a él, a Cristo.

Aunque parezca sorprendente el Tarot en su forma actual es un instrumento oracular de claro matiz cristiano si bien evidentemente pertenece a la rama más esotérica y desconocida de la Tradición. Este origen dentro del esoterismo cristiano explica no solo su nombre, un anagrama en referencia evidente a Cristo sino también diversas referencias cristianas en sus ideogramas, como por ejemplo el Tetramorfos presente en el último de los Arcanos Mayores o la clara referencia a la Parusía en el Arcano XX, donde apreciamos una escena tan cristiana como la Resurrección de los muertos y el Juicio Final. 


sábado, 25 de enero de 2014

Las tres Estampas Maestras de Durero: Una trilogía oculta (6)



Llegados aquí, las relaciones simbólicas podrían multiplicarse. No nos alargaremos más, aunque aún habría mucho que decir. Nos contentaremos tan solo con una indicación cosmológica. Sabido es que el hombre es un microcosmos reflejo del macrocosmos y que contiene en sí, en potencia, el orden natural universal. Por ello la división ternaria del alma se corresponde muy bien con los tres mundos herméticos:


    • mundo inferior - Tierra, nivel del mundo físico, correspondiente a la manifestación formal física o grosera[1]
    • mundo intermedio - Atmósfera, nivel del mundo psíquico, ámbito al que corresponde el elemento Aire y la manifestación formal sutil; y
    • mundo superior - Cielo, al que corresponde el elemento Fuego y el mundo causal o manifestación informal.


La equivalencia de los tres mundos herméticos con las tres estampas salta a la vista:

  •           ‘La melancolía’ - hace referencia al mundo físico, lo material y lo grosero, el mundo de la acción exterior, que es aquel sobre el que domina y tiene poder transformador la tercera casta, la dimensión material de la vida humana;
  •         ‘El caballero…’ - mundo intermedio, que corresponde asimismo con la dimensión volitiva –objetivos y metas- de la vida humana así como de la sociedad misma, aspecto de regulación social sobre el que rige la segunda casta.
  •        ‘San Jerónimo…’ - mundo superior o celeste, dimensión espiritual del hombre, sobre la que tiene dominio la primera y más alta de las castas.

Indiquemos casi de pasada que según la cosmología tradicional el papel del hombre es ser mediador entre los cielos y la tierra[2].
Llegamos ya al final de nuestro estudio pero no podemos dejar de señalar una última analogía debido a la profunda enseñanza metafísica que contiene, si bien requiere para ser expuesta de una cierta explicación. Se trata de una analogía bastante cercana a la ya establecida con la doctrina tradicional de las castas[3] pues es inseparable de ésta y a buen seguro resultará ciertamente evidente para aquellos que estén familiarizados con la metafísica tradicional, nos referimos a aquella que puede establecerse entre los tres grabados del maestro de Núremberg y los tres Gunas o cualidades de la naturaleza (Prakriti) según la tradición Samkhya hindú: Sattvá, Rajas y Tamas.
La doctrina de los Gunas es el substrato sobre el que se sostienen todas las analogías y correspondencias que han ido apareciendo a lo largo de este trabajo. Es por esta razón que hemos dejado su exposición para el final y la emplearemos a modo de recopilación y síntesis de todo lo antes dicho.
La correspondencia que es posible establecer entre las tres estampas maestras y la doctrina de los gunas del Samkhya hindú puede sintetizarse del siguiente modo:

  •           ‘La melancolía’     - Guna Tamas    - Casta de los vaishyas.
  •           ‘El caballero…’     - Guna Rajas       - Casta de los chatrias.
  •           ‘San Jerónimo…’ - Guna Sattvá     - Casta de los brahmanes.

Si bien antes no hicimos alusión a ello, es de sobra conocido que la palabra que designa propiamente las castas en la tradición hindú es varna que significa color. En efecto según la tradición Samkhya, a cada casta se le atribuye un color, color que está precisamente en correspondencia con el guna o cualidad que es más característico de dicha casta, es decir que domina en ella –estando siempre los tres gunas presentes en toda la manifestación-. Es precisamente la preponderancia de un guna en particular sobre los otros lo que designa a qué casta pertenece ese ser concreto. Se advierte que la cualificación que supone la casta, lejos de ser un atributo exterior, es ante todo una cualidad o propiedad interior y designa un estado espiritual –al menos potencial- de ese ser. Así a la casta de los sacerdotes (brahmanes) se asocia el color blanco de la pureza (Guna Sattvá), a la casta de los guerreros (chatrias) el color rojo, propio del sacrificio y la voluntad (Guna Rajas) y a la casta de los artesanos (vaishyas) el color negro propio del mundo material y de lo inerte[4] sobre el cual ostentan poder transformador (Guna Tamas). 
Hemos establecido una primera correspondencia entre ‘La melancolía’ y el Tamo-guna. Veamos el porqué. Siendo el Tamo-guna el que simboliza la inercia, la pesadez, la ignorancia, la pereza, la falta de movimiento espiritual y la carencia de objetivo y siendo a menudo simbolizado por la noche, la oscuridad y la muerte, en todo coincide con el sentido de la noche oscura y la muerte iniciática que hemos atribuido anteriormente a la primera de las tres estampas. Vemos la pesadez en los materiales constructivos densos que rodean a la figura, la ignorancia en su desconocimiento de cómo acometer su Obra, que está a medio construir, y además como ya indicamos es propio del alma apetitiva o inferior vivir apegándose a lo más exterior, grosero y material de la manifestación. El Tamas además debe ser puesto en relación con la melancolía misma. La melancolía es un sentimiento que gusta de autocomplacerse, es centrípeto, circular y obsesivo –contrariamente a la energía que corresponde al Rajas que es centrífuga-, y se recrea abundantemente en sí mismo[5]. Pero es sobre todo la relación con Saturno la que nos da la pista definitiva que vincula la melancolía con el Tamas.
Frecuentemente se ha asociado este grabado al carácter saturnal y melancólico[6], carácter que sería causado por la ‘bilis negra’, que es, de los 4 humores de la teoría hipocrática -empleada por la cosmología neoplatónica en tiempos de Durero- el que corresponde al elemento Tierra, elemento que nos remite a la materia fría, oscura e inerte.
“La bilis negra, causante de la melancolía, fue el humor considerado más pernicioso, asociado a la tierra y la vejez [Saturno], propenso a enfermedades del espíritu como la demencia, siendo por tanto clara expresión de lo desagradable y desgraciado y gozando como única cualidad positiva de su tendencia al solitario estudio. Eran seres nacidos para ser sabios pero no felices.”[7]
Por su parte las referencias saturnales del grabado –se consideraba que Saturno regía sobre la bilis negra y el mal melancólico- están por una parte en relación con el genio creativo y ‘una tendencia superior del espíritu’[8] -tendencia que según el maestro neoplatónico florentino Marsilio Ficino poseen los ‘nacidos bajo el signo de Saturno’[9]-; y por otra esas mismas referencias saturnales nos remiten al comienzo de la Obra alquímica –el Opus Magnum-, pues se dice que ésta comienza en la estación de Saturno. Y curiosamente el color negro señala su primera fase: la nigredo o putrefactio. Color, este negro, con todas sus implicaciones simbólicas referidas a la muerte, que se corresponde bien con el Tamo-guna, presente como hemos dicho en la inercia, lo pesado, lo oscuro, la ignorancia. En el siglo XVI era frecuente relacionar lo melancólico con lo saturniano[10], Saturno era para la astrología clásica paradigma de lentitud –no en vano es el planeta de más lento movimiento entre los contemplados por el sistema ptolemaico[11]-, y sabemos además que, según la tradición hermética, el metal asociado a Saturno es el plomo, el metal más pesado de todos… y por ello mismo el más tamásico. Por consiguiente parecen evidentes las profundas relaciones que existen entre lo que en tiempos de Durero se denominaba melancolía y se asociaba al influjo saturnal y aquella cualidad de la naturaleza que la tradición hindú conoce como Tamas. La correspondencia de este guna con el primer grabado se muestra acertada.
‘El caballero…’ por su parte nos remite al segundo guna, Rajas, la tendencia expansiva y centrífuga opuesta en cierto modo a la contractiva y centrípeta del Tamas. La cualidad centrífuga es caliente, inestable y móvil (su color es el rojo) mientras la cualidad centrípeta es fría y rígida (siendo su color característico el negro). Ambos grupos de cualidades se corresponden muy bien con los dos grabados. La palabra Rajas también designa el aire, la atmósfera, es decir el mundo intermedio, estando el mundo intermedio precisamente caracterizado por su carácter inestable y cambiante.
La cualidad pasional, emocional y afectiva del Rajas es la más propia de la casta guerrera, en la que predomina el alma volitiva –parte intermedia del alma-. El chatria o guerrero busca sobreponerse a todas estas emociones siempre cambiantes para encontrar el centro siempre estable de su ser. Tal centro es simbolizado por Durero por la ciudadela que se ve a lo lejos del grabado en una referencia quizá al mito caballeresco por antonomasia de la tradición europea: la leyenda del Santo Grial. Incluso el hecho de que tal lugar central esté en lo alto de una montaña -como en el mito griálico mismo- es un simbolismo tradicional perfectamente habitual[12]. Al caballero parecen poder aplicársele muy bien las palabras que dirigiera san Pablo a los efesios:
“Por lo demás, fortaleceos en el Señor y en la fuerza poderosa. Revestíos de de las armas de Dios para poder resistir a las asechanzas del diablo. Porque nuestra lucha no es contra la carne y la sangre, sino contra los principados, contra las potestades, contra los dominadores de este mundo tenebroso, contra los espíritus del mal que están en el aire [elemento propio del mundo intermedio]. Por eso tomad las armas de Dios, para que podáis resistir en el día funesto, y manteneros firmes después de haber vencido todo. Poneos en pie, ceñida vuestra cintura con la verdad y revestidos de la justicia como coraza. […] Tomad, también, el yelmo de la salvación y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios; siempre en oración y súplica.”[13]
Por último, san Jerónimo simboliza el guna restante, el más elevado de los tres, el Sattvá, asociado con las cualidades de pureza y bondad, lo luminoso, el impulso ascendente y la contemplación de los mundos superiores, justamente el estado en que encontramos al santo, trabajando en su estudio y recibiendo la inspiración del Espíritu. Se corresponde además este guna con el alma intelectiva o superior, cuya característica principal es su capacidad para comunicar con los mundos superiores.
San Jerónimo se encuentra en el punto mismo donde es posible tal comunicación con los estados superiores del Ser, mundos superiores inmanifestados que quedan más allá de esa ventana por la cual el santo recibe la luz y, no sería descabellado pensar, también la inspiración. El hecho de que un crucifijo –único símbolo explícitamente cristiano en los tres grabados- medie entre esa luz purísima que hay tras el cristal y el santo escriba no puede ser tampoco casual, pues:
“Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí.”[14]  

Dijimos que los tres grabados mostraban un proceso de interiorización desde el dominio exterior en que se encuentran los sentidos del hombre profano hasta la unificación completa de las facultades humanas en el centro primordial –simbolizado tradicionalmente por el corazón-. Efectivamente siendo la iluminación un estado eminentemente interior en que el espíritu habla al alma secretamente, san Jerónimo es el único de los tres personajes que ocupa un interior, bien ordenado y armónico por lo demás, en el que conviven pacíficamente el perro y el león, imagen de la armonía y el equilibrio que reinan en el alma del santo.
Podemos decir entonces que San Jerónimo habita en el centro o corazón del mundo, centro de la rueda de la manifestación, lugar por el que pasa el eje vertical que viniendo del Polo atraviesa toda la manifestación y une el estado humano con los estados superiores del Ser de los cuales procede su inspiración, san Jerónimo ha devenido así ‘Hombre primordial’[15].
La confirmación de que san Jerónimo se halla en un centro del mundo nos viene dada por el particular simbolismo del reloj de arena, motivo que se repite en los tres grabados y que sirve en parte como leitmotiv de los mismos. Si atendemos a los relojes de arena presentes en los dos primeros grabados –‘La melancolía’ y ‘El caballero…’- apreciaremos que el reloj de arena porta sobre él un pequeño reloj de sol. Ambos relojes están destinados a medir dos tiempos diferentes: mientras el reloj de arena mide el tiempo cronológico, el tiempo histórico, un tiempo horizontal y lineal que nunca se detiene, el reloj de sol nos habla de otro tiempo, el Kairós, un tiempo vertical y cíclico, que señala el instante decisivo o momento oportuno y que se opone por su misma naturaleza a Chronos.
Mediante los dos relojes el simbolismo de los dos tiempos se hace evidente: mientras el tiempo cuantitativo de la manifestación y la materia es medido con arena –es decir, por el elemento tierra-, el tiempo cualitativo del espíritu es medido por la luz intangible que viene del sol -elemento fuego-.[16] Dos tiempos que se mueven, no en sentidos opuestos, sino en dos dimensiones diferentes –horizontal uno, vertical el otro- y que responden a dos naturalezas también muy diferentes: uno es el tiempo propio de la manifestación; el otro es el tiempo del espíritu, de lo inmanifestado y de los mundos superiores, un tiempo cualitativo frente al carácter eminentemente cuantitativo del primero. Señalemos además que en el primer grabado el reloj de sol no proyecta ninguna sombra, señal indicativa de que el momento oportuno –el Kairós- aún no ha llegado y que aún se espera la ocasión propicia, que coincidirá presumiblemente con el amanecer que vendrá a iluminar esa noche oscura que simboliza el primer grabado.
Ahora bien, si en los dos primeros grabados el reloj de arena que mide el tránsito del tiempo en la tierra se contrapone al reloj de sol que mide el curso del tiempo del cielo, en el tercer grabado no hay reloj de sol sobre el de arena. ¿Por qué? Estando san Jerónimo precisamente dentro de ese momento epifánico, participando de esa iluminación, viviendo el Kairós, él mismo es ahora el gnomon[17] que marca el trayecto del sol; el santo encarna él mismo el reloj solar que recibe la luz del espíritu y alrededor del cual gira el universo. San Jerónimo se encuentra por tanto, como el gnomon de un reloj solar, en el centro de la rueda, ese centro inmóvil por el que pasa el eje del universo (Axis Mundi) y alrededor del cual gira todo lo manifestado.




 


           
Las ilustraciones nos muestran los tres relojes presentes a modo de leitmotiv en las Tres Estampas, se presentan en el mismo orden en que los hemos expuesto y analizado: 'Melancolía', 'El Caballero...' y en último lugar 'San Jerónimo'. 

Se aprecia perfectamente cómo en los dos primeros el reloj de arena porta sobre sí un gnomon solar. 


A espaldas del santo, tan vehemente en su labor como ciego a las realidades de espíritu, el reloj de arena, siempre amontonando su tiempo hecho de tierra, nos recuerda uno de los proverbios del infierno del poeta W. Blake:

The hours of folly are measur’d by the clock,
but of wisdom: no clock can measure.

Las horas de la locura las mide el reloj;
pero ningún reloj puede medir las horas de la sabiduría.[18]











[1] Tomamos aquí la terminología habitualmente empleada por R. Guénon.
[2] Guénon, R. La Gran Triada. Ed. Paidós. Barcelona, 2004. Recordemos la representación clásica del hombre en las ciencias sagradas chinas con los brazos alzados, las manos tocando el cielo y los pies sobre la tierra, haciendo así de puente entre Cielo y Tierra.
[3] Para profundizar en la base metafísica en que se sustenta ésta recomendamos la obra de F. Schuon Castas y razas.
[4] Reparemos en el paralelismo etimológico entre la materia inerte y la inercia que es la característica central del Tamas: el no moverse por propia voluntad o decisión racional sino por apetitos.
[5] Panofsky et al. Op. Cit.
[6] Panofsky et al. Op. Cit.
[7] González de Zárate, J.M. Durero y los Hieroglyphica, en Archivo español de Arte, Vol. 79, nº 313 (2006). Instituto de Historia (CSIC).
[8] Panofsky et al. Op. Cit.
[9] Por lo demás Ficino en su comentario a Aristóteles no aclara a qué tipo de nacimiento se refiere...
[10] González de Zárate, J.M. Op. Cit.
[11] El planeta Saturno tarda unos 29 años en completar su traslación.
[12] Guénon, R. Símbolos fundamentales de la ciencia sagrada. Ed. Paidós. Barcelona, 1995.
[13] Ef. 6, 10-18. La cursiva es nuestra.
[14] Jn. 14, 6.
[15] Guénon, R. La Gran Triada.
[16] Habría mucho que decir sobre la ciclicidad del tiempo kairótico frente a la linealidad -que crea la ilusión histórica- del tiempo cronológico.
[17] Palabra que cuando es referida a personas significa precisamente: experto, maestro, aquel que discierne.
[18] Blake, W. El matrimonio del cielo y el infierno. Ed. Visor. Madrid, 2003.