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miércoles, 6 de enero de 2016

Simbolismo del petróleo (y II)

Parte Segunda: la liberación de los Titanes. 



"La luz que brilla con el doble de intensidad dura la mitad de tiempo." 

Frase pronunciada por el Dr. Tyrell en el film futurista y distópico Blade Runner (1982)


Dejemos a un lado el a
nálisis simbólico de la denominación de 'oro negro' que hemos abordado hasta aquí y dirijamos ahora nuestra atención al producto en sí. 

Sabemos que el petróleo es un 'combustible fósil', producido a lo largo de millones de años de maceración intraterrestre, pero, y esto es muy significativo, pese a este largo proceso sufrido durante millones de años su origen último sigue siendo solar

Es decir, estamos ante subproducto 'solar' que ha sido trasformado -transmutado- en el interior mismo de la tierra, lo cual encaja asombrosamente con el análisis simbólico que hemos desarrollado hasta aquí: una suerte de símbolo solar invertido, negativo y de origen inferior. 

Para mostrar con mayor claridad lo que decimos y sus implicaciones simbólicas proponemos la siguiente imagen gráfica. 

martes, 5 de enero de 2016

Simbolismo del petróleo (I)

"Se cierne ahora sobre el mundo una época implacable. 
Nosotros la forjamos, nosotros que ya somos su víctima."

J.L. Borges, 'Deutsches requiem' (1932).

Debido al olvido generalizado del sentido simbólico el hombre moderno vive apegado a interpretaciones generalmente muy prosaicas y simplistas del mundo que le rodea. Estas interpretaciones, además de no proporcionar al hombre un sentido trascendental de su existencia que le sea útil para su vida cotidiana -lo que sí hacían los antiguos mitos-, proporcionan un marco idóneo para la difusión del discurso falaz y manipulador del poder. Así por ejemplo los pseudo-mitos del progreso, la democracia o la igualdad; o tantos otros que sería largo citar. 

Consideramos que a estas alturas toda persona bien informada -que busca críticamente sus fuentes de información- posee un conocimiento básico de la problemática ecológica -y por ende social, pues en rigor estos ámbitos no pueden separarse- a que nos enfrentamos en la actualidad como consecuencia de haber edificado toda una civilización sobre la explotación central de un único recurso, del que esta sociedad es por completo dependiente: el petróleo. 


En las próximas líneas queremos dejar a un lado los habituales análisis materialistas acerca del tema, plagados de cifras, estadísticas y estimaciones, para plantear la cuestión del significado simbólico del petróleo y asimismo analizar qué consecuencias sutiles conlleva el hecho de convertir este extraño producto de la naturaleza en la fuente de energía principal de toda una sociedad industrial, un recurso sin el cual es simplemente imposible que esta siga en marcha y siendo lo que hoy es. 

martes, 9 de septiembre de 2014

Simbolismo del lago y el estanque (y II)


El estanque y el cangrejo: la purificación de las aguas. 

Una vez visto el simbolismo metafísico del lago o estanque como tal, que supone una imagen sintética del universo mismo -el macrocosmos- y del hombre -el microcosmos- conviene ponerlo en relación con algunos otros símbolos que suelen asociarse a él como el de la flor de loto, el del pez o muy particularmente, el del cangrejo. Acerca de este último en parte nos ocupamos ya de él cuando tratamos del signo de Cáncer -ver aquí-, pero creemos que ciertos aspectos de su simbolismo pueden resultar particularmente esclarecedores cuando se ponen en relación con el tema de las 'aguas contenidas' o 'estancadas'. 

Como dijimos en aquella ocasión el cangrejo es un ser que vive en las profundidades, en el lecho marino o en el fondo del lago, estanque o pantano, donde se alimenta de los restos orgánicos que caen desde la superficie. Este carácter saprofito y carroñero nos da una pista clave para entender su función simbólica. En el estanque, como en cualquier otro ecosistema natural los organismos descomponedores y carroñeros cumplen un papel fundamental a la hora de mantener el equilibrio bioquímico de dicho ecosistema cerrando el ciclo, o, dicho de otro modo, limpiando los restos del ciclo anterior y posibilitando el comienzo de un nuevo ciclo de existencia y manifestación. Esta es la función que representa el cangrejo.  

martes, 19 de agosto de 2014

Esoterismo cristiano: IHS

El Nombre de Jesús ha sido representado tradicionalmente mediante el monograma IHS, figura que, pese al olvido generalizado del simbolismo cristiano, aún es frecuente encontrar en las iglesias, sobre todo en los altares y en los retablos. Quizá su representación más conocida sea formando parte, junto con la Santa Cruz y los tres clavos, del conocido escudo de la Orden de la Compañía de Jesús. 

El monograma IHS en el escudo de la Compañía de Jesús.


Aparte de su significado más evidente como las tres primeras letras que forman el Santo Nombre en lengua griega, se ha dado a este monograma otras interpretaciones, de las que quizá la más interesante sea la que interpreta las tres letras como las primeras, respectivamente, de las palabras: 


Iesus Hominum Salvator


Si bien estas lecturas no responden directamente al origen del símbolo, tampoco son descartables, pues todo símbolo verdadero admite varias lecturas, las cuales además en este caso resultan ser complementarias, perfeccionando el significado original. 

En este sentido es especialmente significativo que durante los muchos siglos en que el monograma crístico ha sido empleado por parte de la iglesia latina se haya latinizado la letra sigma, pasando de Σ a S, y no se haya latinizado sin embargo la letra eta, pasando de H a E. Esto responde a razones simbólicas muy profundas como a continuación veremos, razones que pueden funcionar de manera inconsciente en la cultura popular -en el 'inconsciente colectivo' diría Jung- preservando un significado simbólico aún cuando este pase por completo desapercibido para la mayoría. 

sábado, 25 de enero de 2014

Las tres Estampas Maestras de Durero: Una trilogía oculta (5)



Esta última particularidad aludida, este segundo nacimiento en que consiste la superación del aniquilamiento iniciático, conduce nuestro análisis hacia una nueva e insospechada dirección. En efecto, Durero, no contento con mostrarnos los tres peldaños de la vida espiritual tal como nos ha sido legada por la tradición, escoge para representar cada uno de estos tres peldaños las figuras alegóricas que él considera los prototipos más perfectos de tales estados humanos. Conociendo su capacidad de síntesis y de economía visual, su conocimiento de la tradición pictórica anterior así como de las nuevas gramáticas iconográficas que estaban surgiendo en el renacimiento[1] y, sobre todo, sabiendo de su habilidad polisémica para decir muchas cosas mediante una sola imagen, no parece apropiado pensar que Durero dejara la elección de estos tres personajes a algún tipo de gusto particular o de azar. Es posible por tanto pensar que las tres figuras encierren aún algún significado más.
Al escoger la labor que le parece más adecuada para representar cada grado iniciático el maestro alemán escoge un tipo humano muy particular que posee -para Durero- el valor de un arquetipo: un artesano, un guerrero y un santo. Así encontramos que los tres personajes protagonistas de nuestros grabados personifican las tres ‘castas nobles’ o superiores del orden social tradicional. Y no es por casualidad que los miembros de estas tres castas nobles –nombradas a menudo por su más conocida denominación hindú como brahmanes, chatrias y vaishyas- sean quienes pueden ser llamados en rigor dwija, es decir ‘nacidos-dos-veces’. Son precisamente estos tres arquetipos humanos los que tienen la posibilidad –y el derecho por naturaleza- de cumplir ese segundo nacimiento que describíamos en el capítulo anterior.
Y también aquí Durero muestra la habitual progresión desde lo inferior hacia lo superior pues los tres grabados se corresponden con las tres castas tradicionales del siguiente modo:
-          ‘La melancolía’ à representa la casta de los artesanos y comerciantes, la más baja de las tres y el conocimiento que le es más propio, el de la materia.
-          ‘El caballero, la muerte y el diablo’ à representa la casta de los guerreros y gobernantes; representan el poder temporal y el conocimiento que se refiere al gobierno de los hombres.
-          ‘San Jerónimo en su estudio’ à representa la casta sacerdotal, la más alta de las tres; representan el poder espiritual y el conocimiento espiritual.

Puesto que el orden social en un sistema de castas es conforme a naturaleza, es decir basado en la diferente cualificación natural entre los hombres, la correspondencia entre los mismos estados espirituales que expusimos anteriormente y las propias castas es natural e inevitable. Por ello la figura de cada casta es tomada aquí por Durero como el arquetipo –nunca mejor dicho- de ese tipo espiritual concreto, o dicho de otro modo de ese nivel particular de conocimiento y proximidad a lo divino. Así, a través de la descripción visual de los tres grados iniciáticos Durero abarca también un retrato de la sociedad tradicional dividida en sus tres castas funcionales superiores. No dejará de ser llamativo para muchas mentalidades modernas que uno de los artistas más representativos del renacimiento europeo y de las nuevas corrientes humanistas que surgieron en él, muestre de modo tan poco disimulado el orden social propio de la denostada y teocrática edad media. En todo caso no debemos olvidar que Durero creció y aprendió su arte en un sistema gremial -heredado de esa misma edad media aunque en franco retroceso ya en su tiempo-, y que tal sistema gremial en que se agrupaban artistas y artesanos, reproducía inevitablemente el mismo esquema ternario tradicional cuyo rastro seguimos en este estudio, bajo la forma de los tres grados habituales: aprendiz, oficial y maestro. Tres grados gremiales que encajan a la perfección, como no podía ser de otra manera, con los personajes protagonistas de los tres grabados. 

     Las castas se designan habitualmente en orden inverso al que hemos tomado para los grabados, de superior a inferior. Esto depende del punto de vista que se tome, si tomamos como punto de vista el principio universal del que todo deriva los miembros del orden social se ordenarán de superior a inferior por proximidad al mismo: sacerdotes, guerreros y artesanos; en cambio si tomamos el punto de vista humano, que es el del hombre que debe ascender la escala, el ordenamiento de las correspondientes fases iniciáticas o peldaños de la escalera tomará forzosamente el orden inverso, ya que serán percibidas como etapas del ascenso hacia la cumbre. Por eso, tal y como hemos ordenado las estampas de lo inferior a lo superior, éstas representan los grados iniciáticos tal y como deben ser recorridos por parte del cualquier hombre en su camino de ascenso o retorno desde la división -signo inequívoco de la multiplicidad que implica toda manifestación- hasta la completa unión que se cumple en la cima de la vía iniciática




[1] La capacidad de síntesis y las nuevas gramáticas figurativas ya habían sido exploradas por Durero un par de años antes (1512) cuando ilustró los Hieroglyphica de Horapollo para su amigo el humanista Willard Pirkheimer. Dicho sea de paso, y a modo de anécdota pero para nada casual, este misterioso personaje supone el puente entre Durero y el neoplatonismo italiano de la época, cuya figura más destacada fue Marsilio Ficino (que tradujo al latín a Platón y a Plotino), muerto pocos años antes (1499).

viernes, 24 de enero de 2014

Las tres Estampas Maestras de Durero: Una trilogía oculta (2)


Para abordar el estudio de conjunto de las tres estampas maestras del maestro Durero las ordenaremos en la siguiente secuencia, que se considerará en adelante el orden correcto a los fines que se persiguen en este estudio:
1.      ‘La Melancolía’.
2.      ‘El caballero, la muerte y el diablo’.
3.      ‘San Jerónimo en su estudio’.

Lo primero que nos encontramos al comparar las tres estampas es la evidencia de que, aunque hay varios personajes en cada una de ellas –unos de apariencia humana y otros no tanto-, las tres escenas están protagonizadas invariablemente por una ‘figura central’: la primera de aspecto femenino y masculinas las otras dos.
Partiendo siempre, como debemos partir para el análisis, de lo más obvio, las tres figuras protagonistas pueden ser descritas como un artista o artesano –quizá un escultor o constructor- por las herramientas y utensilios que le rodean, un guerrero y un santo. Además si los tres grabados son tomados en el orden que aquí proponemos se muestran como una progresión, un viaje –y nunca mejor dicho- iniciático de la oscuridad de la noche del primer grabado –más adelante mostraremos porqué esa asociación con la noche - a la luz eterna del Reino de los Cielos del tercero de los tres.
Si alguna otra cosa cabe destacarse que sea común a las tres estampas es la profusión de símbolos que contiene cada escena y el carácter eminentemente alegórico de al menos dos de ellas –‘La Melancolía’ y ‘El caballero…’-. La tercera –‘San Jerónimo en su estudio’- parece más convencional por su realismo, pese a su marcado anacronismo, pues no contiene elementos fantásticos o sobrenaturales –a excepción de la aureola que denota la santidad del personaje-, sin embargo esta última escena está también repleta de símbolos de lo más diverso.

  
        




Las tres 'Estampas Maestras' de Durero ordenadas según la secuencia que 
proponemos para su interpretación.



Analicemos con mayor detenimiento lo que hemos caracterizado como progresión del primer al tercer grabado.
1.              La misteriosa figura de la primera escena está como detenida en medio de su labor: rodeada de todos los instrumentos necesarios para realizar su trabajo su actitud es sin embargo de pasividad, puede incluso que de derrota, se encuentra vencida ante la -¿enorme?- tarea que debe afrontar. Apoya el rostro en su mano en una actitud de espera, de cansancio, ¿de resignación? Quizá se encuentre ante un problema cuya solución se le escapa. Quizá no sabe cómo continuar. Sea como sea, se puede decir que no está ‘manos a la obra’ –y atención a los múltiples sentidos que encierra la expresión-. Por su gesto y su posición sabemos que no se trata simplemente de una pausa en su labor, de un merecido descanso, estamos ante algo de otro tenor, algo más profundo, ¿quizá una duda sobre el sentido de tanto esfuerzo? ¿O quizá simplemente ignora cómo debe continuar? Sea como sea el personaje se encuentra detenido -paralizado- en medio del trabajo. Todo avance, todo progreso, es, en este momento crítico que retrata Durero, imposible. Se hace imposible continuar. Más aún, se corre el riesgo de echar a perder todo el trabajo, que todo el esfuerzo pierda en un instante su sentido, que nada haya merecido la pena; y esta terrible amenaza se vislumbra en la pesadumbre y en la incertidumbre de su mirada. No se ve claro el camino que hay que seguir. La inscripción ‘Melencolia I’ sobre la espalda de esa especie de dragón-murciélago que vuela a lo lejos da título a la escena pero si ha de verse melancolía en algún lugar de la estampa es en esa mirada de desesperanza del misterioso personaje, una mirada que encierra algo más: se espera un tiempo mejor. Escuchemos ahora estas palabras de Jacob Boehme, el místico silesio:
“Pero como todo esto me había causado ya efectos chocantes, sin duda procedente del Espíritu, que parecía tener una debilidad por mí, caí en un estado de profunda melancolía y gran tristeza, especialmente cuando contemplaba el gran Abismo de este mundo, y también el sol y las estrellas, las nubes, la lluvia y la nieve, y entraba a considerar en mi espíritu la totalidad de la creación del mundo.[1] (Confesiones, Cap. III)
2.              Si la primera figura no distingue el camino por el que ha de continuar, el caballero, está ya ‘en camino’ –y nuevamente atención a los sentidos diversos a que apuntan las palabras-; camino que va hacia alguna parte, porque sin una meta clara y definida no hay camino que hacer. La meta del caballero es el castillo o ciudadela que se vislumbra el fondo de la estampa, en segundo plano, ese es el objetivo que persigue el caballero. Y es en el camino que le salen al paso las dos figuras enemigas que vemos: la muerte y el diablo. Los dos grandes enemigos del hombre. Pero aunque ambos le acosen de cerca no parece que consigan detenerle: la rectitud del jinete en su montura y el paso firme de su caballo denotan la voluntad de continuar sin distraerse. Aunque su meta está todavía lejos, en lo alto de la montaña y apenas visible entre el ramaje, el caballero la tiene siempre presente. Hay determinación en su gesto. Nada le detendrá en su camino. Además el caballero domina al caballo, símbolo de las pasiones e inclinaciones naturales[2]. Volviendo a Jacob Boehme encontramos una preciosa clave para interpretar este segundo grabado:
“Escuchad atentamente, sé muy bien lo que es la melancolía. También sé bien qué es lo que proviene de Dios. Conozco ambas cosas y a ti también en tu ceguera; pero ese conocimiento no me lo da la melancolía, sino mi lucha incesante hasta obtener la victoria. [3] (Confesiones, Cap. XIII)
3.              Para terminar san Jerónimo se nos presenta, este sí -a diferencia de la figura melancólica-, entregado a su tarea, en pleno trabajo en su despacho. Pluma en mano, el santo, inclinado sobre su atril, agacha la cabeza, completamente ensimismado en su labor, que es bien conocida: poner por escrito el mensaje divino[4]. Aquí no se dejan los instrumentos a un lado en obediencia de un sentimiento malsano o en espera de no se sabe qué tiempo mejor, el santo no se abandona a introspectivas meditaciones de nefastas consecuencias para el cumplimiento de su cometido, no hay dudas ni inseguridades debidas a la inexperiencia que paralicen su acción. Tampoco nada ni nadie amenaza con distraerle de la misma. El hombre santo está libre tanto de pensamientos propios que lo distraigan –como en el caso de la figura melancólica- como de enemigos externos que le amenacen o interrumpan su trabajo –como son las figuras maléficas que acosan y tientan al caballero de la segunda estampa-. Está, ya lo hemos dicho, ensimismado, es decir, volcado dentro de sí. Su trabajo lo es todo.

A continuación compararemos un poco más de cerca a los tres personajes para ver con claridad la progresión que está queriendo indicar Durero.  
La primera figura es víctima de la melancolía. No sabiendo resistirse a los malos pensamientos ha sido vencida por la acedia[5] y se encuentra ahora como impedida, incapaz de continuar su labor. Ante las tentaciones y distracciones de los malos pensamientos que desvían al hombre de su camino y le impiden alcanzar su destino, el caballero de la segunda estampa muestra una inquebrantable voluntad de seguir adelante y una invencible resistencia –la armadura- contra todo aquello que, viniendo del exterior, pudiera hacerle olvidar su misión o distanciarle de su objetivo -la ciudadela-. Por último, más allá de estas dos actitudes bien distintas frente a la adversidad y la tentación, encontramos otro caso: el del sabio san Jerónimo que se encuentra ya libre de toda distracción, tentación o interrupción, en un estado de perfecta contemplación, armonía y equilibrio. Un estado de silencio mental que le permite recibir la tenue luz que viene de más allá de su ventana y escuchar la ‘suave brisa’[6] que ‘soplaba sobre las aguas’[7] del pensamiento. Es aquel que ya ha recorrido el camino hasta su meta.
En un sentido simbólico puede decirse que el santo se encuentra en el interior de la ciudadela a la que se dirige el caballero de la segunda estampa. Mientras este está todavía en camino, san Jerónimo ha alcanzado ya la fuente de la eterna y divina Sabiduría –Hagia Sophia- y es uno con ella. Fuente que la figura melancólica de la primera estampa aún busca sin saber dónde está, pero hacia la que se dirige con fe y determinación el caballero del segundo grabado. Del santo puede decirse que el espíritu ya habla por él, pues no es sino estar en contacto con la verdadera Sabiduría, que es la luz del mundo[8], lo que define y distingue al sabio de los demás hombres.
Resumimos este carácter progresivo de la secuencia de imágenes brevemente: si el primer personaje es víctima, el segundo es guerrero en lucha y el tercero es maestro victorioso, alguien que ha llegado al final de su camino, alguien que ha vencido en su particular y personal guerra.
Se puede entender ahora en qué consiste dicha progresión que anunciamos: Durero resume el camino iniciático que debe recorrer el hombre desde la ignorancia hasta la sabiduría, desde la oscuridad hasta la luz, en tres escenas que representan alegóricamente sendos grados en la progresión espiritual. Su mensaje no podría ser más trascendente ni universal.
Cada grado (o peldaño) en que Durero divide y resume el camino espiritual es mostrado por un personaje que se encuentra en un momento muy diferente de su camino respecto de los otros dos:
1.      ‘La Melancolia’ - Aquel que no sabe cuál es su camino ni por dónde continuar. Podemos decir que está perdido, se halla rodeado por las tinieblas de la noche. El destino aún tiene poder sobre él.
2.      ‘El caballero, la muerte y el diablo’ - Aquel que sabe cuál es su camino y lo sigue con determinación pese a los obstáculos y las penalidades. Providencia y destino se hallan en lucha en su vida.
3.      ‘San Jerónimo en su estudio’ - Aquel que ha recorrido por entero su camino y ha llegado a su fin último. El destino ya no puede nada sobre él porque a través de él actúa ya la Providencia.
Unas breves palabras evangélicas parecen corresponderse bastante bien con este curioso tríptico sin título que nos muestran las tres estampas:
“En el mundo tendréis tribulación. Pero tened valor, yo he vencido al mundo.”[9]
En efecto, en el primer grabado, ‘La melancolía’, hay tribulación, el personaje está como atrapado aún en el mundo, prisionero entre las formas groseras de la materia. En el segundo grabado hay valor, imprescindible para enfrentarse a los peligros del camino. Por fin, en el tercer grabado encontramos el único símbolo explícitamente cristiano de las tres estampas: el crucifijo que preside la mesa de san Jerónimo, símbolo justamente de aquel que venció al mundo y pronunció las palabras antes citadas.
Durero resume así magistralmente en tres escenas las etapas más generales de la búsqueda iniciática de la Sabiduría desde su comienzo en la ‘noche saturnal’ hasta su consecución definitiva, anunciada por la luz del espíritu y la aureola de santidad. Se condensa en tres imágenes –que figuran también tres estados humanos, tres modos de ser en el mundo- el camino universal que conduce de la noche de la materia a la luz pura del espíritu. No en vano al final de este camino está el santo, es decir aquel que vive en los cielos y no en la tierra, pues ya ‘no es de este mundo[10].
A menudo se argumenta que el grabado ‘Melancolía’ debía complementarse con otros tres grabados de modo que el conjunto mostrara los cuatro tipos humanos según la ‘teoría de los humores’, tan extendida en el renacimiento[11]. De ser así Durero habría construido una clasificación de los tipos humanos horizontal mientras que lo que se nos presenta en las tres Estampas maestras es una ordenación vertical: los tres grabados presentan una jerarquía humana que viene establecida por el grado conocimiento, de cercanía a lo divino o, en otras palabras, de realización; única jerarquía humana verdaderamente válida desde un punto de vista tradicional.
Se trata por tanto de una ordenación vertical que remite a una jerarquía interior –y por tanto invisible- y espiritual[12]. Y en tanto que la diferencia entre los personajes es ante todo interior podemos decir que es esotérica. Durero muestra tres etapas –a modo de tres momentos consecutivos- en el camino del hombre hacia el conocimiento, camino que a menudo ha sido comparado con una escala.[13] Ante la necesidad del artista de ‘dar forma’ al mensaje que nos quiere mostrar, estas tres etapas son representadas forzosamente por su imagen, es decir por lo que tienen de exterior, pero la verdadera diferencia entre los personajes de las mismas está realmente en su interior. Lo exterior, lo que rodea a los personajes, es solo consecuencia, forma e imagen de su respectivo estado interior.
    El objetivo es entonces mostrar figuradamente, mediante tres sugestivas alegorías, la senda que conduce al (re)encuentro del hombre con el espíritu. Una vez se ha comprendido el sentido global de esta genial trilogía oculta que Durero nos ofrece surgen nuevas preguntas: ¿qué significan esos tres grados? Y sobre todo, ¿por qué estos tres tipos humanos han de designar esos determinados grados?





[1] La cursiva es nuestra.
[2] El mismo simbolismo del caballo empleado por Platón en su diálogo Fedro.
[3] La cursiva es nuestra.
[4] Recordemos que San Jerónimo fue el traductor al latín de la Biblia en la versión conocida como Vulgata.
[5] Uno de los más peligrosos y corrosivos demonios o espíritus malignos según la escuela de San Víctor. También es citado en la tradición ortodoxa por Evagrio Póntico entre los 8 pecados o vicios. Requeriría en sí misma un estudio completo.
[6] 1Ry. 19:12.
[7] Gn. 1:2.
[8] Jn 8:12.
[9] Jn 16, 33. La cursiva es nuestra.
[10] ‘No sois del mundo, sino que yo os escogí del mundo, por esto el mundo os aborrece’ (Jn 15:19).
[11] Panofsky, E., Klibansky, R., y Saxl, F. Saturno y la melancolía. Ed. Alianza. Madrid, 1991.
[12] Según Sto. Tomás las clasificaciones jerárquicas se componen siempre de tres términos que el santo describe como si de un viaje se tratara: comienzo o partida, medio o aproximación y fin o llegada; así por ejemplo los tres mundos: mundo inferior, mundo intermedio y mundo superior. Véase más adelante.
[13] Existen innumerables ejemplos: la Scala Paradisi de Juan Clímaco, la conocida escalera de Jacob, o en otro orden simbólico diferente la conocida figura de la Sabiduría que preside el pilar central de la portada de Nôtre-Dame de Paris, donde vemos la escalera de los sabios que asciende desde sus pies hasta su cabeza.

viernes, 6 de marzo de 2009

Reflexiones sobre Hermes (IV).

Hermes y San Cristóbal.


La figura de Hermes ha pervivido en otras tradiciones más recientes. A este respecto señalamos aquí su relación con san Cristóbal y con los arcángeles, al menos con cuatro de ellos.

Cristóbal, del griego Cristóforos, portador de Cristo. El mítico santo cristiano es un conocido símbolo iniciático y muy empleado en la tradición alquímica (que recordemos se autodeclara como hermética y remonta su origen al mismo Hermes Trismegisto).

Debemos advertir que Cristo, comúnmente entendido como deidad solar por ser la luz verdadera que ilumina el mundo, siempre ha sido comparado al oro -y a otros símbolos tradicionalmente solares como el león-, en particular en el simbolismo metálico propio de la alquimia. Así encontramos que san Cristóbal:
  • Fulcanelli relaciona a san Cristóbal con lo mercurial, añade además que las representaciones góticas de este santo eran pintadas de color gris metálico. (El misterio de las catedrales).
  • En tanto que mercurial guarda relación con Hermes-Mercurio.
  • San Cristóbal lleva sobre sus hombros el ‘oro alquímico’ (Cristo), que será la piedra filosofal, en sus primeras fases.
  • Sirve así de guía y soporte al mismo durante una peligrosa fase de la ‘Gran Obra’ entendida como el proceso iniciático (R. Guénon).
  • Cruza las aguas inferiores (el río turbulento) que tratan de arrastrarlo (aquí el río tiene el mismo significado que el mar tempestuoso en el mito de Jonás).
  • Aludiendo a otro simbolismo lleva al sol (Cristo) sobre sus hombros: Mercurio es el planeta que anuncia al sol, alegóricamente se puede entender que lo arrastra tras de sí.
  • Ya hemos mencionado antes la estrecha relación entre Hermes-Mercurio y el dios solar Apolo, su hermano mayor, del cual es el heraldo.
  • Este simbolismo solar de transporte se puede relacionar asimismo con la mitología egipcia, san Cristóbal cumpliría así el papel del barquero del mundo inferior que guía al sol por la noche del mundo inferior (el viaje nocturno del sol por el otro lado del mundo después de ponerse en el horizonte). En efecto este viaje también se produce sobre las aguas, en este caso del mundo inferior, las mismas aguas que deben cruzar las almas de los muertos. Este simbolismo del cruce de las aguas es común a muchas tradiciones y lo encontramos también en la tradición greco-latina bajo la forma de Caronte. Encontramos aquí referencia al psicopompos y al guía cualificado para penetrar el mundo inferior (algo que lo emparenta sin duda con la tradición chamánica).
  • La relación entre Caronte (que se acompaña del perro Cerbero) y Anubis (deidad con cabeza de perro o chacal) en este caso no debe ser menospreciada.
  • La tradición medieval hacía de san Cristóbal un santo africano, a quien describen las fuentes griegas como κυνοκηφαλοι, kunokefaloi, "cinocéfalos". Las fuentes latinas tradujeron el término por canineus, "perruno". Esta extraña tradición originó que se representara iconográficamente a san Cristóbal con cabeza de perro lo que le pone en relación directa con Anubis, el dios egipcio de la muerte y el tránsito de las almas. Vemos cómo las correspondencias no son para nada casuales.
  • El hecho de que la leyenda de san Cristóbal provenga de África y a él mismo se le considere según las fuentes ‘africano’ o ‘bereber’ refuerza esta hipótesis de su relación con la deidad egipcia.
  • Este papel de soporte y guía del dios solar en su peligroso viaje al mundo inferior puede estar haciendo referencia a la inquebrantable fuerza de voluntad de que debe hacer gala lo mental (lo anímico) en el transcurso del trabajo iniciático para llegar a la otra orilla (la de los ‘nacidos dos veces’) sin ser arrastrado por las pasiones y los pensamientos incontrolados generados por la naturaleza más inferior, mercurial y plomiza. Siguiendo esta interpretación vadear el río vendría a simbolizar la ‘muerte iniciática’, la muerte a ‘este mundo’ para alcanzar el segundo nacimiento, la otra orilla. En tal caso el río embravecido sirve de frontera y límite que el neófito debe cruzar decididamente lo que parece relacionarse una vez más con la figura de Hermes como dios de tránsitos, cruces y fronteras.
  • San Cristóbal es patrón de los arqueros, disciplina tradicional de claro simbolismo solar y vinculada a Apolo en la tradición grecolatina. Incluso en algunos casos esta atribución del arte de la arquería pasó al mismo Hermes.
  • Como patrón de los viajeros y caminantes, y en concreto de los peregrinos, ¿podemos ver aquí una nueva referencia al cuadro ya mencionado de El Bosco, ‘el peregrino’? Río, perro, bastón, todos ellos son símbolos asociados a san Cristóbal.