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sábado, 25 de enero de 2014

Las tres Estampas Maestras de Durero: Una trilogía oculta (6)



Llegados aquí, las relaciones simbólicas podrían multiplicarse. No nos alargaremos más, aunque aún habría mucho que decir. Nos contentaremos tan solo con una indicación cosmológica. Sabido es que el hombre es un microcosmos reflejo del macrocosmos y que contiene en sí, en potencia, el orden natural universal. Por ello la división ternaria del alma se corresponde muy bien con los tres mundos herméticos:


    • mundo inferior - Tierra, nivel del mundo físico, correspondiente a la manifestación formal física o grosera[1]
    • mundo intermedio - Atmósfera, nivel del mundo psíquico, ámbito al que corresponde el elemento Aire y la manifestación formal sutil; y
    • mundo superior - Cielo, al que corresponde el elemento Fuego y el mundo causal o manifestación informal.


La equivalencia de los tres mundos herméticos con las tres estampas salta a la vista:

  •           ‘La melancolía’ - hace referencia al mundo físico, lo material y lo grosero, el mundo de la acción exterior, que es aquel sobre el que domina y tiene poder transformador la tercera casta, la dimensión material de la vida humana;
  •         ‘El caballero…’ - mundo intermedio, que corresponde asimismo con la dimensión volitiva –objetivos y metas- de la vida humana así como de la sociedad misma, aspecto de regulación social sobre el que rige la segunda casta.
  •        ‘San Jerónimo…’ - mundo superior o celeste, dimensión espiritual del hombre, sobre la que tiene dominio la primera y más alta de las castas.

Indiquemos casi de pasada que según la cosmología tradicional el papel del hombre es ser mediador entre los cielos y la tierra[2].
Llegamos ya al final de nuestro estudio pero no podemos dejar de señalar una última analogía debido a la profunda enseñanza metafísica que contiene, si bien requiere para ser expuesta de una cierta explicación. Se trata de una analogía bastante cercana a la ya establecida con la doctrina tradicional de las castas[3] pues es inseparable de ésta y a buen seguro resultará ciertamente evidente para aquellos que estén familiarizados con la metafísica tradicional, nos referimos a aquella que puede establecerse entre los tres grabados del maestro de Núremberg y los tres Gunas o cualidades de la naturaleza (Prakriti) según la tradición Samkhya hindú: Sattvá, Rajas y Tamas.
La doctrina de los Gunas es el substrato sobre el que se sostienen todas las analogías y correspondencias que han ido apareciendo a lo largo de este trabajo. Es por esta razón que hemos dejado su exposición para el final y la emplearemos a modo de recopilación y síntesis de todo lo antes dicho.
La correspondencia que es posible establecer entre las tres estampas maestras y la doctrina de los gunas del Samkhya hindú puede sintetizarse del siguiente modo:

  •           ‘La melancolía’     - Guna Tamas    - Casta de los vaishyas.
  •           ‘El caballero…’     - Guna Rajas       - Casta de los chatrias.
  •           ‘San Jerónimo…’ - Guna Sattvá     - Casta de los brahmanes.

Si bien antes no hicimos alusión a ello, es de sobra conocido que la palabra que designa propiamente las castas en la tradición hindú es varna que significa color. En efecto según la tradición Samkhya, a cada casta se le atribuye un color, color que está precisamente en correspondencia con el guna o cualidad que es más característico de dicha casta, es decir que domina en ella –estando siempre los tres gunas presentes en toda la manifestación-. Es precisamente la preponderancia de un guna en particular sobre los otros lo que designa a qué casta pertenece ese ser concreto. Se advierte que la cualificación que supone la casta, lejos de ser un atributo exterior, es ante todo una cualidad o propiedad interior y designa un estado espiritual –al menos potencial- de ese ser. Así a la casta de los sacerdotes (brahmanes) se asocia el color blanco de la pureza (Guna Sattvá), a la casta de los guerreros (chatrias) el color rojo, propio del sacrificio y la voluntad (Guna Rajas) y a la casta de los artesanos (vaishyas) el color negro propio del mundo material y de lo inerte[4] sobre el cual ostentan poder transformador (Guna Tamas). 
Hemos establecido una primera correspondencia entre ‘La melancolía’ y el Tamo-guna. Veamos el porqué. Siendo el Tamo-guna el que simboliza la inercia, la pesadez, la ignorancia, la pereza, la falta de movimiento espiritual y la carencia de objetivo y siendo a menudo simbolizado por la noche, la oscuridad y la muerte, en todo coincide con el sentido de la noche oscura y la muerte iniciática que hemos atribuido anteriormente a la primera de las tres estampas. Vemos la pesadez en los materiales constructivos densos que rodean a la figura, la ignorancia en su desconocimiento de cómo acometer su Obra, que está a medio construir, y además como ya indicamos es propio del alma apetitiva o inferior vivir apegándose a lo más exterior, grosero y material de la manifestación. El Tamas además debe ser puesto en relación con la melancolía misma. La melancolía es un sentimiento que gusta de autocomplacerse, es centrípeto, circular y obsesivo –contrariamente a la energía que corresponde al Rajas que es centrífuga-, y se recrea abundantemente en sí mismo[5]. Pero es sobre todo la relación con Saturno la que nos da la pista definitiva que vincula la melancolía con el Tamas.
Frecuentemente se ha asociado este grabado al carácter saturnal y melancólico[6], carácter que sería causado por la ‘bilis negra’, que es, de los 4 humores de la teoría hipocrática -empleada por la cosmología neoplatónica en tiempos de Durero- el que corresponde al elemento Tierra, elemento que nos remite a la materia fría, oscura e inerte.
“La bilis negra, causante de la melancolía, fue el humor considerado más pernicioso, asociado a la tierra y la vejez [Saturno], propenso a enfermedades del espíritu como la demencia, siendo por tanto clara expresión de lo desagradable y desgraciado y gozando como única cualidad positiva de su tendencia al solitario estudio. Eran seres nacidos para ser sabios pero no felices.”[7]
Por su parte las referencias saturnales del grabado –se consideraba que Saturno regía sobre la bilis negra y el mal melancólico- están por una parte en relación con el genio creativo y ‘una tendencia superior del espíritu’[8] -tendencia que según el maestro neoplatónico florentino Marsilio Ficino poseen los ‘nacidos bajo el signo de Saturno’[9]-; y por otra esas mismas referencias saturnales nos remiten al comienzo de la Obra alquímica –el Opus Magnum-, pues se dice que ésta comienza en la estación de Saturno. Y curiosamente el color negro señala su primera fase: la nigredo o putrefactio. Color, este negro, con todas sus implicaciones simbólicas referidas a la muerte, que se corresponde bien con el Tamo-guna, presente como hemos dicho en la inercia, lo pesado, lo oscuro, la ignorancia. En el siglo XVI era frecuente relacionar lo melancólico con lo saturniano[10], Saturno era para la astrología clásica paradigma de lentitud –no en vano es el planeta de más lento movimiento entre los contemplados por el sistema ptolemaico[11]-, y sabemos además que, según la tradición hermética, el metal asociado a Saturno es el plomo, el metal más pesado de todos… y por ello mismo el más tamásico. Por consiguiente parecen evidentes las profundas relaciones que existen entre lo que en tiempos de Durero se denominaba melancolía y se asociaba al influjo saturnal y aquella cualidad de la naturaleza que la tradición hindú conoce como Tamas. La correspondencia de este guna con el primer grabado se muestra acertada.
‘El caballero…’ por su parte nos remite al segundo guna, Rajas, la tendencia expansiva y centrífuga opuesta en cierto modo a la contractiva y centrípeta del Tamas. La cualidad centrífuga es caliente, inestable y móvil (su color es el rojo) mientras la cualidad centrípeta es fría y rígida (siendo su color característico el negro). Ambos grupos de cualidades se corresponden muy bien con los dos grabados. La palabra Rajas también designa el aire, la atmósfera, es decir el mundo intermedio, estando el mundo intermedio precisamente caracterizado por su carácter inestable y cambiante.
La cualidad pasional, emocional y afectiva del Rajas es la más propia de la casta guerrera, en la que predomina el alma volitiva –parte intermedia del alma-. El chatria o guerrero busca sobreponerse a todas estas emociones siempre cambiantes para encontrar el centro siempre estable de su ser. Tal centro es simbolizado por Durero por la ciudadela que se ve a lo lejos del grabado en una referencia quizá al mito caballeresco por antonomasia de la tradición europea: la leyenda del Santo Grial. Incluso el hecho de que tal lugar central esté en lo alto de una montaña -como en el mito griálico mismo- es un simbolismo tradicional perfectamente habitual[12]. Al caballero parecen poder aplicársele muy bien las palabras que dirigiera san Pablo a los efesios:
“Por lo demás, fortaleceos en el Señor y en la fuerza poderosa. Revestíos de de las armas de Dios para poder resistir a las asechanzas del diablo. Porque nuestra lucha no es contra la carne y la sangre, sino contra los principados, contra las potestades, contra los dominadores de este mundo tenebroso, contra los espíritus del mal que están en el aire [elemento propio del mundo intermedio]. Por eso tomad las armas de Dios, para que podáis resistir en el día funesto, y manteneros firmes después de haber vencido todo. Poneos en pie, ceñida vuestra cintura con la verdad y revestidos de la justicia como coraza. […] Tomad, también, el yelmo de la salvación y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios; siempre en oración y súplica.”[13]
Por último, san Jerónimo simboliza el guna restante, el más elevado de los tres, el Sattvá, asociado con las cualidades de pureza y bondad, lo luminoso, el impulso ascendente y la contemplación de los mundos superiores, justamente el estado en que encontramos al santo, trabajando en su estudio y recibiendo la inspiración del Espíritu. Se corresponde además este guna con el alma intelectiva o superior, cuya característica principal es su capacidad para comunicar con los mundos superiores.
San Jerónimo se encuentra en el punto mismo donde es posible tal comunicación con los estados superiores del Ser, mundos superiores inmanifestados que quedan más allá de esa ventana por la cual el santo recibe la luz y, no sería descabellado pensar, también la inspiración. El hecho de que un crucifijo –único símbolo explícitamente cristiano en los tres grabados- medie entre esa luz purísima que hay tras el cristal y el santo escriba no puede ser tampoco casual, pues:
“Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí.”[14]  

Dijimos que los tres grabados mostraban un proceso de interiorización desde el dominio exterior en que se encuentran los sentidos del hombre profano hasta la unificación completa de las facultades humanas en el centro primordial –simbolizado tradicionalmente por el corazón-. Efectivamente siendo la iluminación un estado eminentemente interior en que el espíritu habla al alma secretamente, san Jerónimo es el único de los tres personajes que ocupa un interior, bien ordenado y armónico por lo demás, en el que conviven pacíficamente el perro y el león, imagen de la armonía y el equilibrio que reinan en el alma del santo.
Podemos decir entonces que San Jerónimo habita en el centro o corazón del mundo, centro de la rueda de la manifestación, lugar por el que pasa el eje vertical que viniendo del Polo atraviesa toda la manifestación y une el estado humano con los estados superiores del Ser de los cuales procede su inspiración, san Jerónimo ha devenido así ‘Hombre primordial’[15].
La confirmación de que san Jerónimo se halla en un centro del mundo nos viene dada por el particular simbolismo del reloj de arena, motivo que se repite en los tres grabados y que sirve en parte como leitmotiv de los mismos. Si atendemos a los relojes de arena presentes en los dos primeros grabados –‘La melancolía’ y ‘El caballero…’- apreciaremos que el reloj de arena porta sobre él un pequeño reloj de sol. Ambos relojes están destinados a medir dos tiempos diferentes: mientras el reloj de arena mide el tiempo cronológico, el tiempo histórico, un tiempo horizontal y lineal que nunca se detiene, el reloj de sol nos habla de otro tiempo, el Kairós, un tiempo vertical y cíclico, que señala el instante decisivo o momento oportuno y que se opone por su misma naturaleza a Chronos.
Mediante los dos relojes el simbolismo de los dos tiempos se hace evidente: mientras el tiempo cuantitativo de la manifestación y la materia es medido con arena –es decir, por el elemento tierra-, el tiempo cualitativo del espíritu es medido por la luz intangible que viene del sol -elemento fuego-.[16] Dos tiempos que se mueven, no en sentidos opuestos, sino en dos dimensiones diferentes –horizontal uno, vertical el otro- y que responden a dos naturalezas también muy diferentes: uno es el tiempo propio de la manifestación; el otro es el tiempo del espíritu, de lo inmanifestado y de los mundos superiores, un tiempo cualitativo frente al carácter eminentemente cuantitativo del primero. Señalemos además que en el primer grabado el reloj de sol no proyecta ninguna sombra, señal indicativa de que el momento oportuno –el Kairós- aún no ha llegado y que aún se espera la ocasión propicia, que coincidirá presumiblemente con el amanecer que vendrá a iluminar esa noche oscura que simboliza el primer grabado.
Ahora bien, si en los dos primeros grabados el reloj de arena que mide el tránsito del tiempo en la tierra se contrapone al reloj de sol que mide el curso del tiempo del cielo, en el tercer grabado no hay reloj de sol sobre el de arena. ¿Por qué? Estando san Jerónimo precisamente dentro de ese momento epifánico, participando de esa iluminación, viviendo el Kairós, él mismo es ahora el gnomon[17] que marca el trayecto del sol; el santo encarna él mismo el reloj solar que recibe la luz del espíritu y alrededor del cual gira el universo. San Jerónimo se encuentra por tanto, como el gnomon de un reloj solar, en el centro de la rueda, ese centro inmóvil por el que pasa el eje del universo (Axis Mundi) y alrededor del cual gira todo lo manifestado.




 


           
Las ilustraciones nos muestran los tres relojes presentes a modo de leitmotiv en las Tres Estampas, se presentan en el mismo orden en que los hemos expuesto y analizado: 'Melancolía', 'El Caballero...' y en último lugar 'San Jerónimo'. 

Se aprecia perfectamente cómo en los dos primeros el reloj de arena porta sobre sí un gnomon solar. 


A espaldas del santo, tan vehemente en su labor como ciego a las realidades de espíritu, el reloj de arena, siempre amontonando su tiempo hecho de tierra, nos recuerda uno de los proverbios del infierno del poeta W. Blake:

The hours of folly are measur’d by the clock,
but of wisdom: no clock can measure.

Las horas de la locura las mide el reloj;
pero ningún reloj puede medir las horas de la sabiduría.[18]











[1] Tomamos aquí la terminología habitualmente empleada por R. Guénon.
[2] Guénon, R. La Gran Triada. Ed. Paidós. Barcelona, 2004. Recordemos la representación clásica del hombre en las ciencias sagradas chinas con los brazos alzados, las manos tocando el cielo y los pies sobre la tierra, haciendo así de puente entre Cielo y Tierra.
[3] Para profundizar en la base metafísica en que se sustenta ésta recomendamos la obra de F. Schuon Castas y razas.
[4] Reparemos en el paralelismo etimológico entre la materia inerte y la inercia que es la característica central del Tamas: el no moverse por propia voluntad o decisión racional sino por apetitos.
[5] Panofsky et al. Op. Cit.
[6] Panofsky et al. Op. Cit.
[7] González de Zárate, J.M. Durero y los Hieroglyphica, en Archivo español de Arte, Vol. 79, nº 313 (2006). Instituto de Historia (CSIC).
[8] Panofsky et al. Op. Cit.
[9] Por lo demás Ficino en su comentario a Aristóteles no aclara a qué tipo de nacimiento se refiere...
[10] González de Zárate, J.M. Op. Cit.
[11] El planeta Saturno tarda unos 29 años en completar su traslación.
[12] Guénon, R. Símbolos fundamentales de la ciencia sagrada. Ed. Paidós. Barcelona, 1995.
[13] Ef. 6, 10-18. La cursiva es nuestra.
[14] Jn. 14, 6.
[15] Guénon, R. La Gran Triada.
[16] Habría mucho que decir sobre la ciclicidad del tiempo kairótico frente a la linealidad -que crea la ilusión histórica- del tiempo cronológico.
[17] Palabra que cuando es referida a personas significa precisamente: experto, maestro, aquel que discierne.
[18] Blake, W. El matrimonio del cielo y el infierno. Ed. Visor. Madrid, 2003. 




viernes, 6 de marzo de 2009

Reflexiones sobre Hermes (IV).

Hermes y San Cristóbal.


La figura de Hermes ha pervivido en otras tradiciones más recientes. A este respecto señalamos aquí su relación con san Cristóbal y con los arcángeles, al menos con cuatro de ellos.

Cristóbal, del griego Cristóforos, portador de Cristo. El mítico santo cristiano es un conocido símbolo iniciático y muy empleado en la tradición alquímica (que recordemos se autodeclara como hermética y remonta su origen al mismo Hermes Trismegisto).

Debemos advertir que Cristo, comúnmente entendido como deidad solar por ser la luz verdadera que ilumina el mundo, siempre ha sido comparado al oro -y a otros símbolos tradicionalmente solares como el león-, en particular en el simbolismo metálico propio de la alquimia. Así encontramos que san Cristóbal:
  • Fulcanelli relaciona a san Cristóbal con lo mercurial, añade además que las representaciones góticas de este santo eran pintadas de color gris metálico. (El misterio de las catedrales).
  • En tanto que mercurial guarda relación con Hermes-Mercurio.
  • San Cristóbal lleva sobre sus hombros el ‘oro alquímico’ (Cristo), que será la piedra filosofal, en sus primeras fases.
  • Sirve así de guía y soporte al mismo durante una peligrosa fase de la ‘Gran Obra’ entendida como el proceso iniciático (R. Guénon).
  • Cruza las aguas inferiores (el río turbulento) que tratan de arrastrarlo (aquí el río tiene el mismo significado que el mar tempestuoso en el mito de Jonás).
  • Aludiendo a otro simbolismo lleva al sol (Cristo) sobre sus hombros: Mercurio es el planeta que anuncia al sol, alegóricamente se puede entender que lo arrastra tras de sí.
  • Ya hemos mencionado antes la estrecha relación entre Hermes-Mercurio y el dios solar Apolo, su hermano mayor, del cual es el heraldo.
  • Este simbolismo solar de transporte se puede relacionar asimismo con la mitología egipcia, san Cristóbal cumpliría así el papel del barquero del mundo inferior que guía al sol por la noche del mundo inferior (el viaje nocturno del sol por el otro lado del mundo después de ponerse en el horizonte). En efecto este viaje también se produce sobre las aguas, en este caso del mundo inferior, las mismas aguas que deben cruzar las almas de los muertos. Este simbolismo del cruce de las aguas es común a muchas tradiciones y lo encontramos también en la tradición greco-latina bajo la forma de Caronte. Encontramos aquí referencia al psicopompos y al guía cualificado para penetrar el mundo inferior (algo que lo emparenta sin duda con la tradición chamánica).
  • La relación entre Caronte (que se acompaña del perro Cerbero) y Anubis (deidad con cabeza de perro o chacal) en este caso no debe ser menospreciada.
  • La tradición medieval hacía de san Cristóbal un santo africano, a quien describen las fuentes griegas como κυνοκηφαλοι, kunokefaloi, "cinocéfalos". Las fuentes latinas tradujeron el término por canineus, "perruno". Esta extraña tradición originó que se representara iconográficamente a san Cristóbal con cabeza de perro lo que le pone en relación directa con Anubis, el dios egipcio de la muerte y el tránsito de las almas. Vemos cómo las correspondencias no son para nada casuales.
  • El hecho de que la leyenda de san Cristóbal provenga de África y a él mismo se le considere según las fuentes ‘africano’ o ‘bereber’ refuerza esta hipótesis de su relación con la deidad egipcia.
  • Este papel de soporte y guía del dios solar en su peligroso viaje al mundo inferior puede estar haciendo referencia a la inquebrantable fuerza de voluntad de que debe hacer gala lo mental (lo anímico) en el transcurso del trabajo iniciático para llegar a la otra orilla (la de los ‘nacidos dos veces’) sin ser arrastrado por las pasiones y los pensamientos incontrolados generados por la naturaleza más inferior, mercurial y plomiza. Siguiendo esta interpretación vadear el río vendría a simbolizar la ‘muerte iniciática’, la muerte a ‘este mundo’ para alcanzar el segundo nacimiento, la otra orilla. En tal caso el río embravecido sirve de frontera y límite que el neófito debe cruzar decididamente lo que parece relacionarse una vez más con la figura de Hermes como dios de tránsitos, cruces y fronteras.
  • San Cristóbal es patrón de los arqueros, disciplina tradicional de claro simbolismo solar y vinculada a Apolo en la tradición grecolatina. Incluso en algunos casos esta atribución del arte de la arquería pasó al mismo Hermes.
  • Como patrón de los viajeros y caminantes, y en concreto de los peregrinos, ¿podemos ver aquí una nueva referencia al cuadro ya mencionado de El Bosco, ‘el peregrino’? Río, perro, bastón, todos ellos son símbolos asociados a san Cristóbal.

Reflexiones sobre Hermes (III).

Otras caras de Hermes.

Dioses asociados a Hermes:
  • Lugus – deidad pancéltica (común a todos los pueblos celtas). Es el clásico trikster de la mitología (precursor del bufón, del loco y del aventurero), un dios aventurero y astuto. Representado en regiones y tradiciones muy distantes entre sí (América del norte, Siberia, África) por el zorro y el chacal por su astucia (J. Campbell). Otro símbolo propio de Lug es el lobo, símbolo de la noche, del inframundo, de la muerte e incluso de los cementerios. Veremos que esto le relaciona con la tradición de dioses cinocéfalos (con cabeza de perro). Por su relación histórica con pueblos indoeuropeos y su presencia hasta tiempo reciente con pueblos animistas (quizá vinculados a la Tradición Primordial) podemos considerarlo una deidad de claro componente chamánico, el lobo seria su animal de poder, su tótem.
  • Odín – parece tener atributos comunes: bastón, la guía y protección de viajeros.
  • Toth – dios del lenguaje, la escritura y la sabiduría.
  • Anubis – dios de las almas de los muertos. Se le representa con cabeza de chacal negro. Es con el que tiene mayor coincidencia. Los romanos crearon la figura de Hermanubis.


Debemos hacer notar que en numerosas tradiciones, probablemente en todas las indoeuropeas por lo menos, al perro se le atribuye el papel de 'psicopompos' o guía de las almas de los difuntos. Un recuerdo que ha quedado de forma grotesca en el mito del can Cerbero. Recordemos también cómo al héroe Odiseo, recién regresado a Ítaca, el primero en reconocerlo es su perro.

El hecho de ser una deidad de origen arcadio, zona proverbial de pastores, puede darnos alguna pista. El perro está asociado tradicionalmente a la labor pastoril. No solo es un animal rural y lejano a las necesidades y la forma de vida de la polis sino que presenta u innegable papel de ayuda, como protector y como guía.

Llegados a este punto el perro parece simbolizar a la perfección el doble papel de toda religión en su dimensión iniciática: como protección del fiel ente los peligros que acechan a su alma (recordemos que el perro es el animal fiel, símbolo de la fidelidad) y como guía del alma a un más allá salvador, lejos de los peligros y la condenación de los infiernos. El perro parece así una curiosa figuración del ‘maestro espiritual’ o del ‘maestro interior’ que nos guía en el camino iniciático hacia la salvación de nuestra alma. ¿Quizá por ello se produjo la asociación entre Lug o el primitivo Hermes arcadio con los cánidos? Esto debe ser estudiado en más profundidad. Quizá debiera verse una relación aún más particular con los pueblos pastores nómadas, para los cuales en efecto el perro es un animal de vital importancia, aunque esta relación carece de pruebas. Aunque el perro (y más aún el lobo) también puede ser por sí mismo un peligro. Vemos cómo posee un aspecto dual de ayuda y peligro, según sea su carácter salvaje o doméstico.



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Por último y a modo de sugerencia queremos recordar aquí el primer (o último) Arcano Mayor del Tarot denominado ‘El Loco’, la carta sin número, en la cual vemos a un peregrino o viajero al que sigue de cerca un perro. Una revisión particularmente curiosa de este Arcano la encontramos en el cuadro ‘El peregrino’ de El Bosco, también llamado a veces 'El hijo pródigo'. En el mismo vemos a un peregrino que parece defenderse con su bastón del acoso de un pequeño perrillo (que no parece particularmente peligroso) y que próximamente habrá de cruzar un puente. Todo puente salva de forma lógica un río. Todos ellos símbolos que vemos asociados de un modo u otro a Hermes, aquí bajo la forma simbólica de Hermanubis, guía del mundo inferior. ¿Es quizá el cuadro de El Bosco una representación del viaje del alma después de la muerte?



          



            

La carta de 'El Loco' -el Arcano sin número del Tarot de Marsella- y dos versiones 
de 'El peregrino' o 'El camino de la vida' de El Bosco. 

La primera versión que se muestra es el reverso de los paneles exteriores del conocido tríptico 'El carro de heno' en la copia conservada en El Escorial (Madrid), existe una copia muy similar en el Louvre.

La segunda versión es conocida en ocasiones como 'El hijo pródigo', se trata de un tondo independiente conservado en Rotterdam y que puede ser considerado una obra maestra del género, de carácter moralizante pero, como toda obra maestra, susceptible de varias lecturas... 



Y no deja de ser curioso que el Tarot haya recibido el nombre de ‘Libro de Toth’, que su origen mítico se remonte a Egipto y que su legendario fundador no sea otro que Hermes Trismegisto.