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jueves, 21 de diciembre de 2017

Reflexiones acerca del arte en la sociedad moderna.

"El arte no es para los museos sino para el hombre." 
J. Oteiza


El mundo de la creación en general, de la cultura y del arte, han sido absorbidos durante el último medio siglo por lo que se denomina cada vez con mayor naturalidad y sin rubor industria cultural o del entretenimiento. 

Ahora bien, dentro de la 'industria' cultural y artística distinguimos dos ámbitos o tendencias marcadamente diferenciadas: 
  1. la 'cultura de masas', que alcanza su mejor expresión en la llamada 'cultura pop'; y 
  2. la 'cultura de las élites', considerada como superior intelectual y socialmente, la propia de los sectores sociales más educados (cultivados) que quieren distinguirse de la vulgaridad de la cultura de masas.

Ninguna de las dos es propiamente una cultura artística o un Arte en sentido tradicional y clásico. La primera es un producto meramente industrial y por tanto carente de verdadera alma, tiene de cultural lo mismo que una lata de conservas pero de ningún modo puede encontrarse en ello algo artístico. 

La segunda categoría que hemos señalado es, por su parte, algo mucho más sofisticado y pernicioso, pues no se trata de un falso arte -como pudiera ser aquel que consistiera en la imitación repetitiva y formal carente de contenido y significado-, sino que es aquello a que pueden aplicarse en rigor los términos de contracultura y anti-arte. Topamos así una vez más con la inversión y suplantación -tan propia de la modernidad y la anti-Tradición- del arte verdadero y no con una mera imitación.

Como veremos a continuación esta distinción es análoga a la que estableciera Guénon entre pseudo tradición y contra-Tradición.

lunes, 23 de enero de 2017

Feminismo y género: ingeniería social al asalto de la Tradición.


"La lámpara del cuerpo es tu mirada; 
si tu mirada es pura, todo tu cuerpo estará lleno de luz. 
Si tu mirada es maligna, todo tu cuerpo estará en tinieblas."
(Mt. 6:22-23)


"Esta historia ya puede contarse ahora, porque la necesidad misma está aquí en acción. 
Este futuro habla ya en cien signos; este destino se anuncia por doquier; 
para esta música del porvenir ya están aguzadas todas las orejas."
(Nietzsche, La voluntad de poder, Prefacio)


Aunque lentamente, en los últimos años han comenzado a surgir voces discrepantes ante los excesos dogmáticos del feminismo moderno y los cada vez menos disimulados métodos de ingeniería social que propaga y emplea para sus alcanzar fines [1]. Pero aunque ya ha habido valientes intentos de conformar un discurso teórico crítico en este sentido se carece todavía de un análisis del feminismo desde una perspectiva que pudiera ser considerada tradicional. Resulta particularmente llamativo que buena parte de las críticas recientes a que hacíamos alusión antes contra este subproducto ideológico provengan del ámbito de la izquierda libertaria. Pero también por este motivo, y pese al valor y perspicacia de tales análisis, no es posible encontrar hasta la fecha una crítica desde presupuestos tradicionales o perennialistas. Para encontrar una opinión fundada en este sentido hemos de seguir remontándonos a los análisis que hiciera J. Evola durante los años 20 y 30 del siglo XX, acerca de la feminización de la sociedad y la 'guerra de sexos' -hoy diríamos 'guerra de géneros'-, análisis proféticos en todo caso que mantienen hoy, pasado casi un siglo, toda su vigencia y actualidad.  

Sin duda, ante la virulencia que muestran las operaciones de ingeniería social disfrazadas de ideología política y envueltas tras un falso disfraz de tolerancia y multiculturalismo, las críticas se harán cada vez más frecuentes en el futuro próximo, tanto en el ámbito privado como en la esfera pública, pero, si se desea que tales críticas vayan más allá de la mera expresión de protesta contra un orden que nos viene dado y al que solo cabe plegarse, y que contribuyan al reenderezamiento de los acontecimientos, el análisis crítico debe dirigirse sin ambages a combatir el núcleo teórico y la agenda revolucionaria de tales pseudo-ideologías de la postmodernidad.

A pesar de la censura invisible que actualmente se nos trata de imponer a través de la interiorización de conceptos como el de 'políticamente correcto' es un imperativo reaccionar ante el tsunami disolvente con que la postmodenidad hace tabula rasa de todo lo que encuentra a su paso, dejando tras de sí un desolador horizonte de ruinas y escombros sobre el que fundar su nuevo orden, muy probablemente algún tipo de transhumanismo. 

Reaccionar es justamente el sentido real de la palabra reaccionario, tan empleada actualmente por parte de los perros de presa del Nuevo Orden Mundial (NWO) y su neolengua como 'palabra policía' que puede ser arrojada contra cualquiera que se separe del dogma hegemónico. No se debe temer por tanto ser vilipendiado con la misma pues apunta precisamente en la dirección correcta, la de la necesaria reacción, ya que quien no reacciona ante las circunstancias actuales de deterioro social y cultural, siquiera sea en su fuero interno o en su círculo más próximo de familiares y amistades, se convierte en corresponsable del mismo.