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jueves, 27 de agosto de 2015

New-age: pseudo-espiritualidad y contra-tradición (y IV). La gran ceremonia de la confusión.



Finalmente intentaremos esbozar algunas conclusiones acerca de las implicaciones profundas que supone un fenómeno social tan extendido, y a la vez tan poco definido, como este de la nueva espiritualidad 'alternativa'. Para empezar enumeremos muy brevemente las conclusiones a que hemos llegado hasta el momento. 
  • En primer lugar hemos mostrado que la new-age se desarrolla en la 'zona de sombra' del paradigma materialista y racionalista en que nos encontramos y que no dudamos en identificar con la modernidad misma. Es por ello un movimiento confuso y oscuro, de mensajes calculadamente ambiguos e incluso contradictorios, que evita siempre ser  estudiado y categorizado. Es parte de su esencia impedir ser adecuadamente definido. 
  • En segundo lugar hemos visto que esta pseudo-espiritualidad, enteramente exterior y superficial, posee innegables rasgos postmodernos -el gusto por lo exótico, el igualitarismo democrático, la falta de rigor frente a la unidad y cohesión doctrinales de toda tradición auténtica, la libertad personal y el juicio propio como derechos irrenunciables, la negación de todo principio de autoridad y por tanto el rechazo de todo verdadero maestro, etc...-  lo que la convierte no solo en un acabado 'signo de los tiempos' presentes con una enorme deuda con el punto de vista protestante de la espiritualidad -lo cual tendría ante todo un interés sociológico-, sino también en la 'forma religiosa' -pseudo-religiosa en realidad pues es una falsificación de las formas religiosas verdaderas- más idónea para los tiempos de la postmodernidad, tan 'democráticos' y enemigos de todo dogmatismo... Y puesto que esta pseudo-religión ocupa el espacio que en las sociedades tradicionales ocupaba la religión, suplantándola, la new-age se erige en la 'falsa doctrina' propia de los últimos tiempos. Por esto no sorprende en absoluto que sus seguidores sean partidarios cada vez más explícitamente de abolir la viejas religiones y sustituirlas por una nueva 'religión universal' -en la que suponemos cada cual podría practicar y participar a su manera en virtud del principio de libertad individual- lo cual nos será 'vendido' como un progreso más, un progreso sin duda en la actual espiral descendente que sigue la civilización moderna... 
  • Por último podemos advertir que, contrariamente a lo que se cree, esta 'nueva espiritualidad' no solo no debilita o combate el paradigma civilizatorio de la modernidad sino que se nutre de él y a la vez lo fortalece. Lo fortalece en particular debido a su carácter 'anti-tradicional', perceptible sobre todo en su intención de falsificación y suplantación de las tradiciones auténticas a las que ataca desde fuera o intoxica desde dentro bajo pretexto de re-inventarlas y modernizarlas. Por tanto no es exagerado decir que la 'nueva espiritualidad' es hoy por hoy el mayor enemigo de toda verdadera espiritualidad así como de todo aquel que persiga sinceramente un acercamiento a la Verdad última. 

Nos encontramos por tanto ante una influencia maléfica de primer orden cuyas sugestiones están desviando a muchos del camino auténtico. 

Por ello, para quien pueda pensar que nuestros argumentos resultan un tanto exagerados recurriremos a continuación al simbolismo tradicional -universal y eterno- para comprobar sin margen de duda el carácter maléfico e infernal de toda la 'nueva espiritualidad'.

New-age: pseudo-espiritualidad y contra-tradición (III). Californismo y contra-culturas.


New-age y contra-cultura.


Después de todo lo dicho hasta ahora no puede extrañar que la new-age se difunda de forma especialmente exitosa precisamente 
entre aquellos sectores sociales que presentan un estado más avanzado de disolución social e intelectual y que son por lo general los que abrazan más explícitamente los ideales del globalismo, la multiculturalidad y el rechazo de toda identidad, en definitiva los ideales más propios de la postmodernidad. Y tales sectores suelen ser precisamente aquellos que se presentan como 'progres', 'alternativos' e incluso muy a menudo como 'anti-sistema'. 

No se trata de una simple coincidencia. Se hace necesario advertir la 'unidad de proyecto' que subyace bajo la aparente diversidad de movimientos sociales y 'modas culturales' que, aunque se disfracen de reivindicativos y 'alternativos' -o precisamente por ello- forman parte de las fuerzas del globalismo. 

No debe olvidarse además que en occidente la descomposición social e intelectual es mucho más avanzada entre la juventud, vaciada por completo de identidad y de tradiciones y adoctrinada desde su infancia -por parte de la educación obligatoria y los mass-media- en la 'cultura del palimpsesto', el rechazo por todo lo pasado -empezando por la cultura de sus propios padres- y la consideración de todo vestigio de identidad colectiva como el más grave peligro para la 'paz social'. 

En definitiva, y como sucede tan a menudo, son los sectores sociales más progresistas, aquellos que conforman la vanguardia cultural y la 'contra-cultura' los que suponen la punta de lanza de la postmodernidad, también en lo que respecta a la pseudo-espiritualidad por paradójico que pudiera parecer. Así, más que perfilarse una 'alternativa' al grotesco orden cultural y espiritual actual tal y como dicen representar, lo que suponen en realidad es un preocupante adelanto de lo que está por venir.