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viernes, 7 de julio de 2017

Cultura del palimpsesto





"Talar bosques sagrados es borrar huellas divinas"
N. Gómez Dávila

"Quien controla el presente controla el pasado, quien controla el pasado 
controla el futuro."
G. Orwell, 1984, cap. III.


Palimpsesto. 1. m. Manuscrito antiguo que conserva huellas de una escritura 
anterior borrada artificialmente. (DRAE)



En ocasiones a lo largo de nuestro análisis de la modernidad -que supone la materialización del punto de vista profano a nivel social- hemos hecho referencia a lo que denominamos 'cultura del palimpsesto'. Se trata de una de las formas más explícitas que toma el nihilismo moderno, con su odio hacia el pasado y la tradición, y es inseparable además de otros tantos falsos mitos de la modernidad como el mito del progreso -que es el evolucionismo aplicado al devenir histórico-, o el del individualismo y la auto-construcción, más bien autodestrucción, del sujeto. 

Cuando hablamos de 'cultura del palimpsesto' nos referimos a una estrategia de largo alcance dirigida a la destrucción sistemática de toda 'herencia' cultural -individual y colectiva- a fin de eliminar aquellos obstáculos que pudieran oponerse a la instauración de un 'nuevo orden' cultural, orden cultural acorde al 'nuevo orden' social propio de las utopías modernas y revolucionarias que se pretende imponer. 

lunes, 23 de enero de 2017

Feminismo y género: ingeniería social al asalto de la Tradición.


"La lámpara del cuerpo es tu mirada; 
si tu mirada es pura, todo tu cuerpo estará lleno de luz. 
Si tu mirada es maligna, todo tu cuerpo estará en tinieblas."
(Mt. 6:22-23)


"Esta historia ya puede contarse ahora, porque la necesidad misma está aquí en acción. 
Este futuro habla ya en cien signos; este destino se anuncia por doquier; 
para esta música del porvenir ya están aguzadas todas las orejas."
(Nietzsche, La voluntad de poder, Prefacio)


Aunque lentamente, en los últimos años han comenzado a surgir voces discrepantes ante los excesos dogmáticos del feminismo moderno y los cada vez menos disimulados métodos de ingeniería social que propaga y emplea para sus alcanzar fines [1]. Pero aunque ya ha habido valientes intentos de conformar un discurso teórico crítico en este sentido se carece todavía de un análisis del feminismo desde una perspectiva que pudiera ser considerada tradicional. Resulta particularmente llamativo que buena parte de las críticas recientes a que hacíamos alusión antes contra este subproducto ideológico provengan del ámbito de la izquierda libertaria. Pero también por este motivo, y pese al valor y perspicacia de tales análisis, no es posible encontrar hasta la fecha una crítica desde presupuestos tradicionales o perennialistas. Para encontrar una opinión fundada en este sentido hemos de seguir remontándonos a los análisis que hiciera J. Evola durante los años 20 y 30 del siglo XX, acerca de la feminización de la sociedad y la 'guerra de sexos' -hoy diríamos 'guerra de géneros'-, análisis proféticos en todo caso que mantienen hoy, pasado casi un siglo, toda su vigencia y actualidad.  

Sin duda, ante la virulencia que muestran las operaciones de ingeniería social disfrazadas de ideología política y envueltas tras un falso disfraz de tolerancia y multiculturalismo, las críticas se harán cada vez más frecuentes en el futuro próximo, tanto en el ámbito privado como en la esfera pública, pero, si se desea que tales críticas vayan más allá de la mera expresión de protesta contra un orden que nos viene dado y al que solo cabe plegarse, y que contribuyan al reenderezamiento de los acontecimientos, el análisis crítico debe dirigirse sin ambages a combatir el núcleo teórico y la agenda revolucionaria de tales pseudo-ideologías de la postmodernidad.

A pesar de la censura invisible que actualmente se nos trata de imponer a través de la interiorización de conceptos como el de 'políticamente correcto' es un imperativo reaccionar ante el tsunami disolvente con que la postmodenidad hace tabula rasa de todo lo que encuentra a su paso, dejando tras de sí un desolador horizonte de ruinas y escombros sobre el que fundar su nuevo orden, muy probablemente algún tipo de transhumanismo. 

Reaccionar es justamente el sentido real de la palabra reaccionario, tan empleada actualmente por parte de los perros de presa del Nuevo Orden Mundial (NWO) y su neolengua como 'palabra policía' que puede ser arrojada contra cualquiera que se separe del dogma hegemónico. No se debe temer por tanto ser vilipendiado con la misma pues apunta precisamente en la dirección correcta, la de la necesaria reacción, ya que quien no reacciona ante las circunstancias actuales de deterioro social y cultural, siquiera sea en su fuero interno o en su círculo más próximo de familiares y amistades, se convierte en corresponsable del mismo.

lunes, 15 de junio de 2015

Guardias pretorianas y perros de presa (y III)


"Y unge tus ojos con colirio, para que recobres la vista." 
(Ap. 3:18)


Hasta aquí hemos expuesto la radical falsedad que contiene la popular dicotomía entre izquierda y derecha, así cómo su incapacidad para explicar adecuadamente la realidad social. Como hemos visto, la pretendida oposición entre estos términos forma parte de un discurso elaborado y promovido desde el poder para consumo de las mayorías, mayorías que pese a la ilusión democrática moderna tienen un papel por completo pasivo en el devenir de su sociedad. Por ello la elaboración del espectro 'ideológico-político' consistente en la aparente oposición de derecha e izquierda debe ser considerado en primer lugar un 'acto de propaganda', tras el cual, como veremos a continuación, el poder oculta y protege su verdadero núcleo

A fin de combatir la perspectiva sobre la que se fundamenta la anterior dicotomía y que impide ver la verdadera relación de fuerzas que se esconde tras los agentes políticos de la dominación global proponemos un nuevo modelo interpretativo desarrollado a partir de la noción de paradigma tal y como planteara T. Kuhn y desarrollara con posterioridad I. Lakatos, pues la modernidad occidental cumple todos los requisitos necesarios para ser considerada como tal.

domingo, 14 de junio de 2015

Guardias pretorianas y perros de presa (II)



Las reflexiones anteriores acerca de la falta de iniciativa real de la izquierda en lo que respecta al cambio social nos conducen a la segunda asimetría que quisiéramos constatar: la que se refiere a la muy diferente influencia y valoración social que poseen izquierda y derecha, en el plano político y social pero también en el cultural e intelectual. Es fácil comprobar que tanto la presencia social como la influencia cultural sobre el imaginario colectivo que ha poseído -y aún posee en buena medida- la izquierda no ha encontrado nunca un contrapeso en la 'derecha'. 

Por lo que respecta a la derecha, diremos tan solo que la manipulación a que ha sido sometida por parte del liberalismo para vaciarla de toda identidad propia es bastante más evidente que en el caso de la izquierda y así ha quedado reducida a un mero espectro que enfrentar a la izquierda, un pelele que agitar, un miedo atávico, oscuro e impreciso, del que echar mano cuando es necesario juntar filas y atemorizar a la 'clase media'... 

Viendo este destino de la derecha, que ha sido demonizada como el mayor enemigo de los derechos, la democracia y la libertad, cabe preguntarse por qué la izquierda, sobre todo atendiendo ahora a su dimensión intelectual y a su influencia en el imaginario popular de las clases trabajadoras, no se ha visto por igual perseguida, proscrita y anulada por el poder de las pasadas décadas. De hecho ha sucedido lo contrario, a menudo ha sido promovida y jaleada desde el poder, que la ha puesto a su servicio convirtiéndola en la cultura institucional. Es evidente que esto solo puede deberse al papel social estratégico que la izquierda debía cumplir.  

sábado, 13 de junio de 2015

Guardias pretorianas y perros de presa (I): hacia una superación de la ideología moderna

La dicotomía izquierda-derecha como marco socio-político hegemónico


Si el lenguaje es siempre una herramienta de conocimiento con la que el hombre ordena y aprehende la realidad, entonces el empleo de los lenguajes del poder, es decir, aquellos discursos emanados desde las estructuras oligárquicas dominantes a fin de auto-legitimarse en su posición privilegiada, ha de tener como consecuencia inevitable una existencia, entendida como experiencia vital, inmersa de principio a fin en la realidad construida y articulada por esos mismos poderes.   

Para el imaginario colectivo occidental el arco 'ideológico-político' [1] se reduce a la dicotomía básica entre izquierda y derecha, un esquema muy básico, arbitrario y bastante pueril basado en la oposición entre estos dos términos contrarios e irreconciliables, unos términos vagos, mal definidos -incluso en ocasiones contradictorios- pero extrañamente identificables de forma inmediata para cualquier ciudadano occidental medianamente instruido. Este esquema básico se completa por medio de imaginarse tal espectro 'ideológico' como un continuo que transita entre estos dos extremos. 

viernes, 13 de febrero de 2015

Castas y clases (y II): el orden de la modernidad como inversión del orden tradicional


Las anteriores reflexiones muestran hasta qué punto la tercera casta -o mejor dicho, un pequeño sector de la misma-, ha llegado a dominar y dirigir por completo la sociedad actual, por medio de lograr que la sociedad misma asuma como propios los valores particulares de dicho sector. Puede decirse que una pequeña parte de la sociedad se ha adueñado del todo social. 

Además se concluye que el dominio del punto de vista de la tercera casta ha conllevado que todo criterio de valor y de juicio en la sociedad actual se refiera a rasgos exteriores, es decir a accidenteslo cual resulta evidente en ciertos aspectos, como son la tecno-ciencia entendida como proyecto dominador de la naturaleza -recordemos que la tercera casta se ocupa del conocimiento y el uso de la materia y la naturaleza-, la riqueza como único objetivo en la vida del hombre así como único criterio de valor, el economicismo que reduce en la práctica toda la realidad a su 'valor económico', o la obsesión extrema por la acumulación, no solo de bienes materiales o riquezas sino incluso de datos de lo más variado, algo observable en la tendencia cada vez más acusada por dejar constancia de todo.  


El orden social tradicional en el contexto del descenso cíclico.

Todo lo anterior se entenderá mejor si hacemos referencia a las enseñanzas tradicionales que se refieren a la relación que existe entre las castas y las edades de la humanidad. Para el punto de vista tradicional, las castas no son una realidad fija e inmutable -como no lo es nada que pertenezca al plano de la manifestación- sino que están sujetas al devenir histórico, marcado ante todo por la idea de 'descenso cíclico', que entiende el final de un ciclo de manifestación, causado por el natural agotamiento de las posibilidades propias de dicho ciclo, como una degradación y una inversión especular de lo que era en el comienzo del mismo. Ni las castas en sí, ni el orden social basado en ellas, pueden estar al margen de este factor temporal de involución o degradación que forma parte inevitable de la condición manifestada. Por tanto la sociedad de castas está sujeta a devenir y bien podría escribirse su 'historia' desde una perspectiva tradicional. Esto sirve asimismo para desmentir la común idea del inmovilismo de las sociedades tradicionales.  

Así, y profundizando en la idea tradicional del 'descenso cíclico', éste conlleva en su avance una corrupción y una disolución progresivas de las formas primordiales -arquetípicas- que existían al comienzo del ciclo. 
El instante inicial de la creación es el de la irrupción de la Energía divina que entonces se encuentra en el máximo de su intensidad; y sabemos que luego, a medida que se desarrolla el ciclo, disminuye la energía cósmica; lo mismo ocurre en cualquier ciclo, grande o pequeño. (Hani, J. 'La realeza sagrada', cap. 2)

Aunque este proceso disolutivo afecte a todas las realidades del universo humano -y desde luego a las mismas castas que tienden a confundirse y desaparecer con el envejecimiento de la humanidad, así como también a la misma constitución psíquica del hombre cada vez más fragmentaria-, si nos atenemos exclusivamente al ámbito del orden social dicho proceso supone la progresiva subversión del orden 'normal' a través de sucesivas revoluciones o inversiones, algo que podríamos describir como sucesivos 'golpes de estado' por parte de las castas inferiores contra el legítimo orden tradicional.


jueves, 12 de febrero de 2015

Castas y clases (I)

Si hay un ámbito en que se muestra de forma evidente el carácter 'inverso' o 'especular' de la sociedad moderna respecto de la sociedad tradicional es sin duda aquel que se refiere al orden social'. En las siguientes líneas compararemos a grandes rasgos el orden social que representan idealmente ambos modelos de sociedad.  

Las sociedades tradicionales se basan idealmente, tal y como es reconocido incluso a nivel del imaginario popular, en un modo de reparto de las funciones sociales ordenado según unas 'castas' o estamentos cerrados mientras la sociedad moderna, que es la 'inversión' más o menos exacta del modelo tradicional como veremos en lo que sigue, se ordena en función de las llamadas 'clases' sociales. 

Ahora bien, sobre el sistema de castas existen multitud de ideas preconcebidas y falsas, provenientes tanto del desconocimiento acerca de su verdadera naturaleza, origen y función, como de los poderosos prejuicios anti-tradicionales que ha logrado imponer al cabo de los siglos la ubicua propaganda de la modernidad disfrazada siempre de humanismo, progresismo e igualitarismo. Por esta razón sería necesario llevar a cabo una exposición detallada y en profundidad acerca de la sociedad de castas y todo lo que ella implica pero por el momento no abordaremos dicha exposición y nos limitaremos, en esta ocasión, a la comparación general de ambos modelos de sociedad: la tradicional basada en 'castas' y la moderna basada en 'clases'. 

domingo, 9 de noviembre de 2014

Ideologías de la modernidad (I): darwinismo, marxismo y freudismo.


Como toda civilización, el occidente moderno ha requerido de discursos que validaran y justificaran su particular modelo de sociedad. En el caso de la modernidad occidental esta necesidad es especialmente acuciante, dado que su modelo de sociedad era anormal y proponía un cambio de orden muy acusado, un proyecto de revolución tecnológica y material de la sociedad que podía predisponer a muchas capas de la misma en su contra. Un objetivo que hubo de ser puesto en marcha pasando por encima tanto de dificultades prácticas como de oposiciones y desconfianzas de buena parte de la población. Era prioritario entonces dotar a la colectividad de un nuevo sistema de ideas, imágenes y valores que les hiciera desear el 'nuevo orden' o al menos no oponerse activamente al mismo. En definitiva el 'nuevo orden' requería, ya desde la revolución francesa, de legitimación política y teórica de cara a los hombres y mujeres sobre los que se iba a imponer, y esta necesidad era urgente a mediados del siglo XIX.

En las sociedades tradicionales tal discurso explicativo, legitimador y cohesionador de la sociedad, lo constituían los 'mitos' pero, en la sociedad moderna tales discursos debían tomar un nuevo aspecto, revolucionario y anti-tradicional, que denominaremos 'anti-mítico'Así, si en la sociedad tradicional los mitos eran elaborados por poetas, chamanes y profetas, en el modelo de sociedad desacralizada que es la modernidad, en el cual todo discurso para ser aceptado y tenido en cuenta debe tomar un aspecto pretendidamente analítico y racionalista, los nuevos 'anti-mitos' debían provenir de la ciencia y la filosofía moderna, principales valedores del nuevo paradigma en que se sostiene el (des)orden moderno. 

Darwin, Marx y Freud fueron sin lugar a dudas los grandes definidores del discurso anti-mítico que ha sostenido durante más de cien años el armazón ideológico de la modernidad, y sostiene asimismo el de la postmodernidad. Sus discursos han sido capaces de concretar en palabras los deseos y fantasías de los que es víctima el hombre moderno. La obra de estos autores además posee el dudoso mérito de haber dotado al paradigma moderno de su propio y exclusivo discurso pues han aportado las categorías conceptuales imprescindibles para ello, olvidando definitivamente la retórica y las lógicas del antiguo régimen y permitiendo al paradigma moderno referirse a sí mismo como realidad objetiva dotada de una retórica propia.