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lunes, 4 de julio de 2016

Catedral gótica y esoterismo cristiano (V): la música de las catedrales.


'Ars sine Scientia nihil est.'


Consideramos que las anteriores precisiones acerca del ambiente interior de las catedrales medievales eran pertinentes a fin de aclarar y desmentir algunas ideas erróneas, provenientes de la mentalidad moderna, que giran en torno al arte gótico, que distaba mucho de ser un arte 'decorativo' en el sentido que actualmente se entiende sino un arte con un elevado valor 'práctico', pues estaba al servicio de objetivos rituales y espirituales. 

Sin embargo hemos dejado sin tratar hasta el momento un aspecto central de la cultura gótica sobre el que también existe en general una gran confusión, nos referimos a su dimensión musical. 

martes, 8 de marzo de 2016

Catedral gótica y esoterismo cristiano (IV): Espacio y tiempo transfigurados.

Ich schreite kaum, 
doch wähn´ich mich schon weit.

- Du siehst, mein sohn, 
zum raum wird hier die zeit.

R. Wagner, Parsifal (Acto I, Escena 1)



"La cualidad de la experiencia se ve afectada porque 
el ambiente físico afecta al estado de la conciencia."

Tenzin Rínpoche, El yoga de los sueños.



Hasta aquí hemos abordado un análisis simbólico de la catedral gótica 
de índole marcadamente estructural, centrándonos principalmente en su dimensión arquitectónica, la cual es sin duda la dimensión más espectacular de todo el arte gótico. Por este motivo puede decirse que hemos observado la catedral medieval en tanto que 'objeto', estudiándola como una realidad fija e inmóvil, si bien hemos interpretado esta realidad, como corresponde a una perspectiva tradicional, como un 'microcosmos'

Pero tal 
acercamiento hacia una obra de arte sacro tan compleja como es una catedral gótica sería incompleto e insuficiente si no atendiéramos también a su dimensión funcional, en tanto realidad viva, activa y útil, que se pone en acción a través de los actos humanos. Esta función es principalmente ritual, y no debe olvidarse que es por y para esta dimensión funcional que la catedral existe, pues si su funcionalidad y utilidad no fuera perceptible para los hombres y mujeres de la edad media nadie se habría tomado la molestia de construirlas. Por tanto, a la hora de abordar el estudio de la catedral gótica -y de todo el arte medieval en realidad- hay que tener muy presente algo que puede parecer obvio pero que se olvida con demasiada frecuencia: sin ritos -y obviamente ritos cristianos- no hay catedral posible. 


Por esta razón en adelante nos proponemos profundizar en el significado ritual de la catedral cristiana tomando en cuenta la función y el uso a que estos templos estaban destinados. Hay que alejarse por tanto de la visión simplista de las catedrales góticas como 'objetos' artísticos para atender más bien a su papel como 'espacios' en los que tenían lugar rituales sagrados, lugares teofánicos donde se vislumbraban los sagrados misteriosAdemás al adentrarnos en el análisis funcional del templo cristiano medieval no pueden dejarse de lado las implicaciones políticas y sociales que el mismo tenía

Sin embargo antes de entrar de lleno en los aspectos más funcionales y rituales de las catedrales góticas es necesario referirnos a algunos aspectos del arte gótico acerca de los cuales persisten numerosas ideas erróneas que deben ser matizadas. 

jueves, 30 de abril de 2015

Catedral gótica y esoterismo cristiano (III)

Las similitudes y analogías que hemos encontrado al comparar la catedral gótica en tanto microcosmos con el Árbol sefirótico de la cábala hebrea nos invitan a realizar una exploración más detallada de las relaciones existentes entre ambos diagramas cósmicos. Nuestra exploración tomará como punto de partida la correlación gráfica de ambos diagramas y va a permitir arrojar algo de luz sobre algunos simbolismos del templo medieval que suelen pasar desapercibidos   

Si superponemos el árbol sefirótico sobre el plano de una catedral comprobaremos el sorprendente grado de coincidencia existente entre los dos modelos y la extraordinaria armonía que se desprende de la fusión de ambos. 

Superposición del Árbol sefirótico sobre la planta de la catedral de Chartres. 

Como puede apreciarse en la ilustración además de la coincidencia general entre ambas figuras destacan las correspondencias simbólicas existentes entre el Pilar central del Árbol y el eje central de la catedral. 

En el caso concreto de la catedral de Chartres, cuya planta hemos presentado en la ilustración imediatamente anterior algunas coincidencias son especialmente significativas: la 'séfira oculta' D'aath coincide con el lugar donde originalmente se encontraba el altar mayor de la catedral, la novena séfira, Yesod, coincide con el lugar que ocupa el famoso laberinto, Tiferet coincide con el crucero de la catedral, Malkhuth con el nártex, y las tres séfiras superiores que coronan el Árbol -y que corresponden a realidades situadas fuera de la manifestación- corresponden a los tres ábsides menores de la girola. 

sábado, 25 de abril de 2015

Catedral gótica y esoterismo cristiano (II)

Presencia de los 'tres mundos' en la catedral medieval. 

Según lo que hemos dicho hasta ahora acerca del valor como microcosmos de todo templo, sería de esperar que los 'tres mundos' se encuentren, como una suerte de resumen del universo, contenidos y representados de algún modo en el propio templo cristiano medieval. Así es en efecto, y además lo están por partida doble: podemos encontrarlos representados en la planta del templo y también en su alzado. Esto es así, conviene hacer la aclaración a fin de evitar malentendidos, siempre y cuando se cumpla la condición básica de haber sido edificado el templo conforme a las reglas -el canon- de la arquitectura sagrada, como ya hemos comentado antes, lo que por otra parte era lo habitual en la edad media, no así en tiempos más recientes y prácticamente nunca en tiempos modernos. 


Alzado de la nave central de la catedral de Nôtre-Dame de Chartres, 
donde se aprecia claramente la división en los tres niveles de manifestación o 'mundos'. 
El triforio corresponde al mundo intermedio. 

viernes, 24 de abril de 2015

Catedral gótica y esoterismo cristiano (I)



A fin de continuar profundizando en el simbolismo del templo cristiano y en su dimensión cósmica nos referiremos a continuación a algunas de las relaciones que existen entre la catedral gótica y la cábala medieval, relaciones mucho más estrechas de lo que cabría imaginar desde las tan frecuentes perspectivas religiosas exclusivistas que tratan de presentar como realidades separadas y enfrentadas entre sí a las diferentes tradiciones espirituales.

Tales relaciones entre tradiciones espirituales no deberían extrañar a nadie y a buen seguro fueron de un mayor alcance de lo que se suele reconocer. En general la influencia cultural e intelectual entre los esoterismos judío y cristiano durante la edad media ha sido bastante infravalorada, especialmente si la comparamos con la muy sobrevalorada influencia musulmana en la cultura europea y cristiana, que ha recibido una atención mucho mayor -quizá exagerada- por parte de los académicos. 

Por otra parte la existencia de influencias mutuas entre tradiciones espirituales a niveles que sobrepasan el marco meramente religioso o exotérico no puede ser negada y en este caso concreto resultan ser una prueba irrefutable del contacto que el cristianismo medieval mantenía con los 'centros espirituales' de su época, tal y como ha sido apuntado repetidamente por infinidad de autores, entre ellos Guénon, Evola, Burckhardt o Hani. La existencia de estos contactos ha dejado su huella en la memoria colectiva y popular en forma de mitos y leyendas que hacen referencia a los mismos, como son algunos episodios presentes en las leyendas elaboradas en torno a la misteriosa búsqueda del Grial o aquellas otras que se refieren al Reino del Preste Juan

A pesar de que, como decíamos, las posibles relaciones entre el esoterismo hebreo y el esoterismo cristiano han sido ignoradas hasta tiempos muy recientes por los especialistas, es innegable que la tradición cabalista se encontraba por razones obvias en una posición mucho más favorable para influir sobre el esoterismo cristiano que el mundo musulmán, mucho más alejado no solo culturalmente sino incluso físicamente -hay que recordar que antes de las cruzadas los únicos puntos de contacto serio y mantenido entre ambos mundos eran la península ibérica y Sicilia-. Asimismo, la cultura judía estaba en una posición privilegiada para tender puentes entre las respectivas élites espirituales de las otras dos tradiciones y realizar una cierta labor de mediación entre ellas. No decimos que tenga que haber sido forzosamente así, pero sí que, de haberse producido tales contactos entre élites o centros espirituales en el mundo medieval, este parece ser el camino más lógico en que se produjeran tales contactos. A este respecto es llamativo que fuera precisamente en el entorno mediterráneo donde la cábala tuviera un mayor desarrollo (Cataluña, Baleares, Provenza, Languedoc, etc...).  

martes, 27 de mayo de 2014

Orden y belleza en el pensamiento medieval (V): la noción de límite


El límite como marco conceptual en el pensamiento medieval.


Llegamos así a uno de los conceptos más centrales del paradigma neoplatónico medieval, la noción de límite. El límite era entendido, no como algo negativo, sino como algo necesario y positivo: constituía un marco regulador y también una guía. La noción medieval de límite es inseparable de la idea aristotélica de forma -μορφή-, tal y como lo plantearon los escolásticos en la teoría del hilemorfismo. Así toda educación, toda decisión, todo acto humano implica en sí un límite, tan necesario para el buen orden de la manifestación como inevitable [1]. Siguiendo la clásica comparación del alma humana con una planta diríamos que el límite cumple la función del tutor y la poda que son necesarias para dar a la planta su forma más adecuada, digamos la forma de árbol, imagen clásica por ser el árbol intermediador natural entre tierra -donde hunde sus raíces- y cielo -hacia donde extiende sus ramas y hojas-. El árbol es así un símbolo del Hombre Universal, tal y como se representa, por ejemplo, en la tradición extremo-oriental taoísta, con los brazos alzados al cielo. Algo también expresado por Orígenes:

sábado, 17 de mayo de 2014

Esoterismo cristiano: el Avemaría (y II)



Hemos visto ya cómo la oración del Avemaría contiene en su interior el Nombre de Jesús tal y como la Virgen María contuvo en su seno al mismo Jesús. 


Volvamos por un momento al esquema que presentamos para visualizar el sentido en que se mueven las dos partes de la oración de María: la salutación angélica en sentido descendente y la plegaria el pueblo de Dios en sentido ascendente. 




Esoterismo cristiano: el Avemaría (I)



Como todo símbolo sagrado, la conocida oración del Avemaría, rezada cada día por millones de cristianos en todo el mundo, oculta en su interior sentidos y significados que van más allá y completan el sentido que muestra su forma exterior; forma que, en este caso, por tratarse de una oración verbal, la proporcionan las palabras. La forma misma de esta oración, como veremos, es parte de la enseñanza mística que se pretende transmitir.

Como es sabido el Avemaría consta de dos partes: una primera de salutación y bendición a la Santísima Virgen y una segunda que es una plegaría que los fieles y toda la Iglesia le dirigen en tanto Madre de Dios.  

martes, 18 de febrero de 2014

Simbolismo de la Esvástica


Es un error muy común considerar la esvástica como un 'símbolo solar'. No lo es en absoluto. Se trata de uno de los muchos errores que cometen las 'ciencias' académicas al tratar de interpretar el arte tradicional, error que después se transmite durante décadas debido a la endogamia bibliográfica -y a la falta de relectura crítica- que es una de las señas de identidad del mundo académico, que se perpetua a sí mismo en un infinito 'corta y pega'. Ante la mistificación de la bibliografía académica, toda ella cortada por el mismo patrón y que adolece de los mismos defectos, parece que citar una fuente anterior sea un criterio de verdad. Es así que saberes académicos como la arqueología, la antropología y la historia del arte, carentes por completo de un marco de referencia que les permita entender, siquiera en parte, el arte tradicional, tan solo pueden 'especular' sobre el arte de los pueblos antiguos. Especulaciones que además, demasiado a menudo, se ven alimentadas por las esperpénticas fantasías provenientes del psicoanálisis, del cual el pensamiento académico -aunque siempre acusándolo desde su pretendida superioridad de 'pseudo-ciencia'- nunca ha renegado en absoluto, bien al contrario, lo ha aceptado y asumido como lo que es: la (pseudo-)mitología más propia de la posmodernidad[1], la que ha dado origen a sus mitos, imágenes y fantasías. Todo esto sería largo de explicar pero las anteriores palabras serán más que suficientes para quien tenga un mínimo conocimiento tradicional. 

domingo, 9 de febrero de 2014

La Virgen y San Juan



Siguiendo con el estudio de las principales figuras de la simbólica tradicional, pasemos ahora al análisis de un símbolo bien conocido que quizá nos aporte más pistas sobre el significado que san Juan, el discípulo amado, puede tener. 

En las representaciones tradicionales de la Crucifixión -ya fueran de arte mueble o pictóricas- vemos a Jesús en la Cruz flanqueado a ambos lados por la Virgen y Juan Evangelista. En muchas de estas representaciones -fáciles de ver aun hoy en cualquier iglesia que conserve su retablo original- se muestran además sobre el travesaño de la Cruz, el sol y la luna, justamente por encima de las figuras de san Juan y María. 

Ya hemos tenido ocasión de comentar el simbolismo solar de san Juan. Respecto a la Virgen existen parentescos notables con la luna. Parentescos observables en la iconografía tradicional, donde  la Virgen aparece a menudo sobre una luna creciente o menguante, según el caso [1]. La principal relación entre ambas figuras proviene del hecho de representar la Virgen el polo substancial de la manifestación y como tal su principal virtud es receptiva -recibir al Espíritu-, análoga en este sentido a la función lunar que recibe y refleja la luz del sol. Además la luna rige las aguas y la vegetación, con las cuales también se pone en relación a la Virgen misma [2]. 

lunes, 3 de febrero de 2014

Simbolismo zodiacal: Piscis




La representación moderna del signo de Piscis muestra dos peces nadando en sentidos opuestos, sin embargo la imagen tradicional de este signo era otra y estaba vinculada a un personaje propio de las mitologías mediterráneas orientales pre-cristianas. Veamos en primer lugar cómo se representaba este signo en la edad media.  




Signo de Piscis del zodiaco del Portal Real de Chartres.

domingo, 2 de febrero de 2014

El sacrificio de Isaac en la catedral de Chartres




El sacrificio de Isaac. 
A los pies de Abraham y su hijo Isaac vemos el carnero enzarzado. 
Portal Norte de la catedral de Chartres.





Templo cristiano y astrología (V)



Los 4 evangelistas en la catedral


Ciertamente, no acaban aquí las correspondencias astrológicas presentes en el templo cristiano. Los 4 elementos clásicos -fuego, aire, agua y tierra- también pueden ponerse en relación con los 4 evangelistas a través de su representación artística como los 'cuatro vivientes' de la visión de Ezequiel en que aparecen bajo la forma de cuatro animales fantásticos, alados y con rostro humano. Ésta es la representación más tradicional de los evangelistas en el arte medieval, tanto románico como gótico: el Tetramorfos

Bien conocida es la correspondencia entre estos cuatro seres fabulosos y los 4 evangelistas: 
  • Mateo es el ángel, 
  • Marcos el león, 
  • Lucas el buey o toro, y 
  • Juan el águila.


Pantocrátor del tímpano central del Portal Real, en Notre-Dame de Chartres. 
Nótese cómo los 4 evangelistas rodean a Cristo en Majestad representados como los 'cuatro vivientes' de la visión de Ezequiel, el Tetramorfos.



martes, 28 de enero de 2014

Templo cristiano y astrología (IV)


Los 5 elementos en la arquitectura de la catedral


Según las tradiciones platónica y pitagórica, de las que procede la tradición hermética occidental, los cuatro elementos materiales proceden de un Quinto Elemento o Quintaesencia llamado Éter. Puesto que el éter precede en la manifestación a los otros cuatro elementos la representación esquemática de los cinco elementos suele ser bien la cruz en el ámbito del plano, bien la pirámide si la representación es volumétrica. En el caso bidimensional de la cruz el éter -por ser más principial, más cercano al principio que los otros- se situaría en el centro, que es el punto primigenio del que emana dicha forma geométrica. En el caso de la pirámide el éter se situaría en la cima -un grado más elevado de la manifestación y por ello mismo también más cercano al principio- y cada una de las esquinas de la pirámide correspondería a uno de los otros cuatro elementos. 






En el caso de la catedral gótica ideal representada sobre el plano encontramos la misma imagen: las cuatro columnas que enmarcan el crucero -espacio vano donde se cruzan la nave y el transepto- corresponden a los cuatro elementos terrestres mientras el centro de este espacio cuadrado corresponde al éter o quintaesencia.





Por si esta analogía dejara lugar a dudas, sobre el crucero se eleva la bóveda en cuya cúspide está la piedra angular que sostiene no solo la bóveda sino también simbólicamente todo el edificio. Así como del éter proceden los cuatro elementos, de la cúspide de la bóveda proceden, a través de las nervaduras, las cuatro columnatas que delimitan el crucero y sostienen en esencia el edificio. Ahora bien, la piedra angular, cuyo simbolismo ha sido ampliamente estudiado, es equivalente a la cima de la pirámide[1], y suele llevar representado el 'Cordero místico' -o bien un simbolismo afín, como el Crismón-. De este modo toda la estructura -bóveda y crucero- expresa claramente el simbolismo teológico de la pre-existencia de Cristo "antes de todas las cosas", pues como los cuatro elementos se originaron a partir del éter, el universo mismo fue generado a partir del Verbo "y sin Él nada se hizo". 




En el mismo centro del crucero se dispone en ocasiones el altar. Si interpretamos la catedral como una analogía del cuerpo humano, el crucero, de planta cuadrada, simboliza el pecho. El altar situado en el centro del crucero -que es el lugar simbólico del elemento éter como acabamos de ver- representa el corazón de la Iglesia -en sus dimensiones arquitectónica y mística-, y del hombre mismo entendido como microcosmos [2], pues el corazón está en el centro del pecho y oculta en sí la esencia del hombre. Así como los elementos se originaron a partir del éter y en la Gran Disolución final habrán de ser reabsorbidos en su origen, así el hombre ha de reintegrarse con su principio y esencia que yace simbólicamente en el fondo su corazón. 


Puede ser adecuado señalar que, a partir de la arquitectura renacentista, la piedra angular fue gradualmente sustituida por el simbolismo del óculo, una apertura en la cima de la bóveda por la que podía entrar la luz, lo cual no altera en absoluto el simbolismo que venimos indicando y de hecho lo pone en relación con el simbolismo del Templo como gruta escondido en interior de la montaña universal (Axis Mundi), lo cual nos recuerda inmediatamente el conocido mito de la caverna platónica y ese agujero sito en su cima por el que penetraba la luz y por el que Glauco escapa del mundo de sombras y va a salir al 'mundo real'. En efecto todos estos simbolismos son el mismo y las correspondencias entre ellos no son para nada casuales [3].






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[1] De hecho esta representación es mucho más acorde al simbolismo que la pirámide pues lo que en esta última es volumen sólido, en aquella es volumen vacío, es decir espacio puro, y precisamente el éter conlleva la cualidad del espacio. Por tanto el simbolismo es acorde a la enseñanza metafísica.


[2] Creado a 'imagen y semejanza'. 

[3] Para el simbolismo del templo en el interior de la montaña véase Guénon, R. 'Símbolos fundamentales de la ciencia sagrada'.  

Templo cristiano y astrología (III)


La Catedral y los Cuatro Elementos


Pasemos ahora a analizar otros simbolismos contenidos en la forma y disposición de la catedral en tanto que microcosmos que contiene en esencia -simbólicamente- el orden universal. 

Puesto que cada punto cardinal guarda una perfecta correspondencia simbólica con una estación del año y un signo del zodiaco puede ser asociado también a uno de los cuatro elementos de la Tradición occidental: fuego, aire, agua y tierra. Estos cuatro elementos se ordenan de menor a mayor densidad, siendo el Fuego el más inmaterial de ellos y la tierra el más denso y pesado -y por lo tanto inferior y último- en el orden de la manifestación. Los cuatro elementos en tanto que son muestra en la Tierra de principios superiores pueden ser puestos en relación con otros tantos elementos de otros niveles de la manifestación como se verá más adelante.

En primer lugar veamos la relación entre los elementos y los puntos cardinales, tal y como se muestran en la siguiente tabla:


Este
Primavera
Aries

Fuego

Sur
Verano
Cáncer

Agua

Oeste
Otoño
Libra

Aire

Norte
Invierno
Capricornio

Tierra



Estas múltiples correspondencias una vez trasladadas al caso particular que estamos analizando del plano esquemático de la Catedral dan como resultado: 





Se aprecia cómo estas correspondencias y analogías son acordes al simbolismo religioso de la catedral: 

  • en la cabecera está Cristo, el cordero pascual, asociado a la primavera -cuando se celebra la Pascua, en la primera luna de llena de la primavera- y al signo de Aries -el carnero-. 
  • en la puerta occidental la Tradición iconográfica representa a Cristo en majestad -usualmente el Pantocrátor- y el Juicio Final, que quedan asociados al signo de Libra cuyo símbolo no por casualidad es unja balanza -de hecho en el arte flamenco es usual la representación del Juicio Final mediante una balanza, al del peso de las almas...-. 




Más problemas presenta la identificación de los signos de Cáncer y Capricornio en el eje del crucero. sin tener todavía una opinión definitiva al respecto creemos advertir que debido a una inversión especular (cuyas razones se nos escapan y sobre las cuales solo podemos especular, pero sin duda las hay y de peso) ambos signos se invierten quedando la Puerta de Cáncer en el Norte -Cáncer es un signo de Agua- y la Puerta de Capricornio al Sur -Capricornio es un signo de Tierra-. Pero como decimos, a este respecto no podemos emitir un juicio definitivo, si bien podría estar relacionado con el sentido de giro del calendario imaginario que figuradamente se solapa sobre la planta de la catedral. 

En efecto, comenzando el calendario astrológico en el signo de Aries y en el punto cardinal Este, si el sentido de giro es levógiro el signo de Cáncer caería en el punto cardinal Norte, en cambio si el sentido de giro del calendario astrológico fuera dextrógiro el signo de Cáncer coincidiría con el punta cardinal Sur. En todo caso, y aunque en la actualidad se nos escape el porqué, el sentido de giro con que se representaba el ciclo astrológico debía obedecer a poderosas razones. 



Calendario del Portal Norte de la catedral de Chartres. 

En la serie exterior pueden verse los signos de Sagitario (la parte humana del centauro conserva la cabeza pero le faltan los brazos) y una insólita representación del signo correspondiente a Capricornio con forma humana (¿?). 

En la serie interior que corresponde a 'los trabajos' se muestra el mes de diciembre con un hombre acompañado de un cerdo. 







Templo cristiano y astrología (II)


La Catedral gótica y el Zodíaco

Una vez definidos los puntos cardinales y el eje longitudinal sobre el que se levantará la catedral se trazaba un gran círculo y dentro del mismo se inscribía la rueda zodiacal. El zodiaco es una medida cíclica del tiempo: indica el tiempo que tarda el sol en volver a ocupar la misma posición aparente en el cielo. Para calcular estas posiciones del sol se toman como referencia las distintas constelaciones que el astro cruza en su recorrido celeste. El sol tarda un año en completar su recorrido cíclico y volver a su posición de partida. Este viaje de un año está dividido en doce etapas o estaciones: las doce constelaciones que dan nombre a cada uno de los doce signos del Zodiaco.

Pero, ¿por qué inscribir la catedral en un círculo astrológico? Por dos razones.

  1. Por una parte el círculo es símbolo del Cielo como el cuadrado es símbolo de la Tierra. Puesto que la intención de quienes construían una catedral era hacer un lugar de encuentro entre el Cielo y la Tierra y la catedral era una suerte de representación (o reflejo) en la Tierra de la Jerusalén Celeste, debía plasmarse en ella el orden celeste en tanto las leyes del cielo ordenaban la tierra. El orden celeste debía ser representado matemática y simbólicamente en la catedral, que era como una porción de la tierra elegida para contener el orden total del cosmos, así la catedral sería un microcosmos dentro del caos que suponía el resto del mundo exterior, la tierra entendida como materia prima y caótica -sin orden- o caos pre-formal. 
  2. En segundo lugar Cristo es designado Sol del mundo y comparado a menudo en la Edad Media con el Astro Rey. En tal caso el mismo templo debe estar en función del Sol y de su ciclo anual (con sus dos mitades ascendente y descendente).



Así, al consagrar el espacio en que se levantaría la catedral se repetía simbólicamente la creación del mundo descrita en el Génesis en que Dios imprime un orden en la materia caótica mediante su Palabra y con este acto ordenador la potencia deviene acto. Recordemos además que la palabra consagrar contiene el sentido de 'separar para Dios', como se dice expresamente de la consagración de Samuel desde su nacimiento en la Escritura (1S 1, 24). 

Por otra parte, lo que en los cielos es una medida temporal (la sucesión de los doce signos del Zodíaco) pasa a ser en la Tierra una medida espacial. La rueda zodiacal queda entonces inscrita en las cuatro direcciones del Espacio. Este paso del tiempo al espacio y del Cielo a la Tierra se muestra simbólicamente como el paso del círculo (celeste) al cuadrado (terrestre), operación también conocida como 'cuadratura del círculo'.




Zodiaco de la catedral de Amiens.

De izquierda a derecha pueden observarse los signos de Leo, Virgo y Libra; 
bajo ellos los meses de julio, agosto y septiembre representados 
con los trabajos correspondientes.  



Pero trasponer los símbolos de lo temporal a lo espacial requería de precisos cálculos. Para lograr estos cálculos y transposiciones se debía efectuar una serie de correlaciones simbólicas.

En primer lugar se han de poner las constelaciones del Zodiaco en correspondencia con las direcciones del Espacio y los puntos cardinales. Esto no es muy complicado. Se debe considerar en primer lugar que el año astrológico comienza en el equinoccio de Primavera. A su vez la rueda del zodiaco comienza en el signo de Aries. Por tanto pueden ponerse en relación el equinoccio de Primavera y el signo Aries: de hecho zodiacalmente el equinoccio primaveral corresponde al comienzo del signo de Aries (21 de Marzo). Vemos ahora la importancia que tiene tomar la salida del sol en dicho equinoccio como referencia principal para la construcción del Templo. Esta salida del sol que marca la primavera establece una primera correspondencia espacial entre el signo astrológico de Aries y un punto cardinal del horizonte: el Este.

Si el Este corresponde a Aries, a partir de aquí no resulta difícil establecer el resto de correspondencias astrológico-espaciales atribuyendo a cada punto cardinal un signo del zodiaco. Veamos cómo se puede fácilmente hacer coincidir los cuatro puntos cardinales con las cuatro estaciones del año solar y los signos que las abren.

La circunferencia en que se dibuja el Zodiaco tiene 360 grados. Trazando un diámetro desde el Este hacia el Oeste donde se corta la circunferencia en el extremo opuesto se obtiene el signo opuesto a Aries, que astrológicamente es el equinoccio de Otoño: Libra. Si se traza a continuación un diámetro perpendicular a este último (lo que sería el Cardus romano) se obtienen los signos que cierran el Zodíaco por arriba y por abajo (es decir el punto más alto y el punto más bajo del recorrido anual del sol): los solsticios de Verano e Invierno. Astrológicamente los solsticios corresponden a los signos de Capricornio y Cáncer también denominados en ocasiones Puertas Solsticiales [1]. 

La catedral queda encuadrada de este modo por el ciclo solar, marcado ante todo por los equinoccios y los solsticios, tal y como puede verse en el dibujo:




Hemos dicho que la catedral queda encuadrada en el ciclo solar o zodiacal. A simple vista cabe destacar una coincidencia para nada casual: se denominan signos cardinales a los 4 signos zodiacales que señalan justamente los conocidos 4 puntos cardinales. Esto quiere decir que los 4 puntos cardinales son definidos en la tierra mediante 4 acontecimientos celestes, más concretamente solares: los dos solsticios y los dos equinoccios.   

Consideramos que el sentido de giro del plano de la catedral es levógiro -contrario a las agujas del reloj-. De este modo el signo de Cáncer -que señala el solsticio de verano- queda ubicado en la puerta norte de la catedral y el signo de Capricornio -que señala el solsticio de invierno- queda ubicado en la fachada sur de la catedral. 

Como se deduce fácilmente de la imagen, si el sentido de giro que se otorgara a la representación zodiacal fuera dextrógiro solo cambiarían los lugares de los signos solsticiales -se invertirían uno por otro-, mientras los signos equinocciales -Aries y Libra- permanecerían sin cambios, orientados a este y oeste respectivamente, es decir permanecen invariantes tanto si la representación zodiacal fuera en sentido levógiro -como creemos que de hecho es- como si fuese en sentido dextrógiro. 

Muy probablemente había razones simbólicas de peso por las que el giro era determinado en sentido levógiro, quizá relacionadas con la medida diferente de los dos tiempos cualitativos de que ya hemos hablado, pero dichas razones son desconocidas hoy. Como sabemos que generalmente los ritos circunambulatorios -procesiones y peregrinaciones- que tenían lugar en el interior de la catedral eran desarrollados en sentido levógiro optamos aquí por esta hipótesis, pero las razones de que sea así todavía se nos escapan. 






En realidad la catedral guarda muchas relaciones matemáticas y simbólicas con el cuadrado. En su forma más elemental, la cruz latina es el desarrollo plano del hexaedro regular o cubo, de modo que simbólicamente la catedral es como un cubo desplegado y abierto hacia cielo [2]. Dado que cuadrado y cubo son símbolos de la tierra (todo lo que implica el número 4 en general) el despliegue del cubo simboliza muy bien la apertura de la tierra para recibir la gracia de los cielos y así al seguirse este patrón digamos cúbico se dota al lugar de la regularidad geométrica adecuada para que tal comunicación entre cielo y tierra se lleve a efecto. Dicho cubo primordial se mantiene esencialmente en el crucero, enmarcado por los cuatro pilares que señalan la unión de la nave y el transepto y sobre los que descansa la bóveda (véase la ilustración).  



En la siguiente tabla puede verse la correspondencia entre los cuatro puntos cardinales y las cuatro estaciones del año, junto a los signos del zodiaco correspondientes que señalan el comienzo de las mismas:



Punto cardinal
Estación
del año
Signo zodiacal
Evento solar
Este
Primavera
Aries
21 de Marzo (equinoccio de primavera)
Sur
Verano
Cáncer
21 de Junio (solsticio de verano)
Oeste
Otoño
Libra
21 de Septiembre (equinoccio de otoño)
Norte
Invierno
Capricornio
21 de Diciembre (solsticio de invierno)




Tenemos ya las cuatro estaciones principales del sol a lo largo de su año (que marcan también las cuatro estaciones del año terrestre) situadas en los extremos de los dos diámetros ortogonales de la circunferencia. Cada estación ocupa un cuarto de circunferencia y dista 90º de la siguiente (o la anterior). Sólo resta entonces ubicar los otros ocho signos zodiacales. Como los signos del zodíaco se distribuyen en número de tres en cada cuadrante o estación solar, los ocho que restan son fáciles de asignar en su lugar si se calculan sus posiciones en función de ángulos de 30 grados (30ºx12=360º).

Queda así dividido el círculo en 12 arcos de 30 grados en el que cada arco corresponde a un signo del Zodiaco, es decir a una etapa del calendario celeste, es decir del recorrido del sol por el cielo a lo largo del ciclo anual. 

Esto tiene dos curiosas lecturas. Por una parte la catedral es situada simbólicamente en el centro del año: los meses y las estaciones se distribuyen a su alrededor como Cristo está en el mismo centro del universo. Son frecuentes las representaciones medievales de Cristo como Rey del Mundo situado en su centro, a modo de chakravarti, el Señor del universo que gobierna toda la manifestación y hace girar la rueda. El centro simbólico de la catedral -que es el altar- replica así este simbolismo situando a Cristo en el mismo centro del mundo. De este modo la catedral es una réplica del universo en miniatura orientado y ordenado según la ley celestial y divina, como tradicionalmente han sido los templos destinados a acoger los ritos sagrados.  

Por otra parte al estar así construida la catedral constituye en sí misma un magnífico reloj solar que marca las horas del día y los meses y estaciones del año y del sol. La catedral y el ciclo temporal quedan de este modo definitivamente enlazados.

En la siguiente ilustración se muestra cómo se inscribe la catedral en la ruleta zodiacal: 








Figuras del zodiaco-calendario del Portal Norte de la catedral de Chartres. 
En la linea exterior se distinguen los signos de Libra y Escorpio (aquí también bajo la forma de una especie de lagarto con seis patas) mientras en la serie interior de 'trabajos y días' se ven los meses de septiembre (pisando la uva en el lagar), octubre y noviembre (el ideograma representa la recogida de las bellotas, el 'magosto': puede apreciarse un roble reconocible por sus hojas y unos cerdos bajo el mismo) 






[1] Guénon, R. 'Símbolos fundamentales de la ciencia sagrada'.

[2] Recordemos que la Kaaba donde descansa la Piedra Negra no es sino un cubo, como su propio nombre indica.