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jueves, 21 de diciembre de 2017

Reflexiones acerca del arte en la sociedad moderna.

"El arte no es para los museos sino para el hombre." 
J. Oteiza


El mundo de la creación en general, de la cultura y del arte, han sido absorbidos durante el último medio siglo por lo que se denomina cada vez con mayor naturalidad y sin rubor industria cultural o del entretenimiento. 

Ahora bien, dentro de la 'industria' cultural y artística distinguimos dos ámbitos o tendencias marcadamente diferenciadas: 
  1. la 'cultura de masas', que alcanza su mejor expresión en la llamada 'cultura pop'; y 
  2. la 'cultura de las élites', considerada como superior intelectual y socialmente, la propia de los sectores sociales más educados (cultivados) que quieren distinguirse de la vulgaridad de la cultura de masas.

Ninguna de las dos es propiamente una cultura artística o un Arte en sentido tradicional y clásico. La primera es un producto meramente industrial y por tanto carente de verdadera alma, tiene de cultural lo mismo que una lata de conservas pero de ningún modo puede encontrarse en ello algo artístico. 

La segunda categoría que hemos señalado es, por su parte, algo mucho más sofisticado y pernicioso, pues no se trata de un falso arte -como pudiera ser aquel que consistiera en la imitación repetitiva y formal carente de contenido y significado-, sino que es aquello a que pueden aplicarse en rigor los términos de contracultura y anti-arte. Topamos así una vez más con la inversión y suplantación -tan propia de la modernidad y la anti-Tradición- del arte verdadero y no con una mera imitación.

Como veremos a continuación esta distinción es análoga a la que estableciera Guénon entre pseudo tradición y contra-Tradición.

domingo, 8 de junio de 2014

El Guernica de Picasso o el Belén infernal


Arte moderno, anti-tradición y 'muerte de dios'.


Siendo todo arte verdadero y auténtico expresión del alma humana, el arte moderno o contemporáneo no puede sino mostrar en toda su crudeza el desorden interior que acompaña al desorientado hombre de la modernidad. El Guernica de Picasso, considerado universalmente un icono del siglo XX, es uno de esos casos donde el arte moderno muestra más claramente su carácter nihilista y anti-tradicional, desequilibrado y crispante, lo que paradójicamente aquí no constituye un demérito de la obra sino que más bien la dota del valor de la denuncia. Como veremos a continuación la interpretación habitual de esta obra como un homenaje al pueblo de Guernica o una mera denuncia política y/o pacifista -lo que también es sin duda- supone pasar por alto el sentido último -que nos atrevemos a llamar metafísico y filosófico- que como obra de Arte con mayúsculas posee.