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miércoles, 22 de julio de 2020

Símbolos polares. Animales polares: la oca.

Como hemos dicho los símbolos polares están entre los más olvidados en la actualidad y se confunden muy a menudo con los solares. Entre los símbolos animales en ocasiones ambiguos o confusos respecto a su carácter polar o solar se encuentra el de la oca, ave a la que se vinculan otros varios símbolos algunos de ellos muy populares como la pata de oca, el huevo de Pascua o el del juego de la oca.

La oca ha sido empleada como símbolo del Polo desde tiempos muy remotos y por muy diferentes tradiciones desde el antiguo Egipto hasta la Roma clásica o la edad media europea pasando por el hinduismo. 

Las famosas ocas de Meidum (de la especie A. fabalis), ubicadas originalmente en la mastaba de
Nefermaat (Dinastía IV) y actualmente en el Museo Egipcio de El Cairo. Se trata de un fresco sobre estuco.
En el antiguo Egipto la oca estaba consagrada al dios Amón.

jueves, 25 de diciembre de 2014

Símbolos de la Natividad: el árbol de Navidad (I)



"A los que vivían en tierra de sombras una luz brillante los cubrió. 
Acrecentaste el regocijo, multiplicaste la alegría: 
alegría por tu presencia, como la alegría en la siega."
(Is. 9:2)


Al enfrentarnos al significado del conocido árbol navideño, presente en tantos hogares cuando se celebra el nacimiento de Jesús cada 25 de diciembre, nos encontramos ante otro caso de ataque premeditado contra un símbolo tradicional con la intención de desacreditarlo y borrar por completo el sentido profundo que tal símbolo contiene. Un caso bastante similar en su fondo e intención al que viene sucediendo en las últimas décadas con los tradicionales animales del Pesebre, el buey y la mula, y que ya hemos tratado (ver aquí)

Si la presencia del buey y la mula en el Portal de Belén ha sido en los últimos tiempos cuestionada por no encontrarse referencia explícita a dichos animales en el Evangelio -olvidando de paso que también lo que la iglesia practica forma parte de la Tradición-, el árbol navideño es acusado cada año con mayor beligerancia de ser un símbolo pagano y extranjero y, en definitiva, de ser una tradición dudosamente compatible con la fe cristiana. 


Resulta llamativo que todas estas campañas acostumbren a aparentar un exceso de celo y de rigor por la pureza de la tradición, a la cual supuestamente quieren librar de elementos espurios, a pesar de lo cual no es difícil advertir que lo que realmente persiguen tales campañas es destruir la tradición en su esencia más profunda, pues nunca ninguna de ellas atiende jamás al verdadero significado esotérico -es decir espiritual y metafísico- de los símbolos contra los que carga, sino que atienden exclusivamente a los factores más superficiales y anecdóticos del asunto, demostrando con ello lo lejos que están de comprender los símbolos en su justa medida, así como de cualquier enseñanza tradicional del tipo que sea. 

martes, 19 de agosto de 2014

Esoterismo cristiano: IHS

El Nombre de Jesús ha sido representado tradicionalmente mediante el monograma IHS, figura que, pese al olvido generalizado del simbolismo cristiano, aún es frecuente encontrar en las iglesias, sobre todo en los altares y en los retablos. Quizá su representación más conocida sea formando parte, junto con la Santa Cruz y los tres clavos, del conocido escudo de la Orden de la Compañía de Jesús. 

El monograma IHS en el escudo de la Compañía de Jesús.


Aparte de su significado más evidente como las tres primeras letras que forman el Santo Nombre en lengua griega, se ha dado a este monograma otras interpretaciones, de las que quizá la más interesante sea la que interpreta las tres letras como las primeras, respectivamente, de las palabras: 


Iesus Hominum Salvator


Si bien estas lecturas no responden directamente al origen del símbolo, tampoco son descartables, pues todo símbolo verdadero admite varias lecturas, las cuales además en este caso resultan ser complementarias, perfeccionando el significado original. 

En este sentido es especialmente significativo que durante los muchos siglos en que el monograma crístico ha sido empleado por parte de la iglesia latina se haya latinizado la letra sigma, pasando de Σ a S, y no se haya latinizado sin embargo la letra eta, pasando de H a E. Esto responde a razones simbólicas muy profundas como a continuación veremos, razones que pueden funcionar de manera inconsciente en la cultura popular -en el 'inconsciente colectivo' diría Jung- preservando un significado simbólico aún cuando este pase por completo desapercibido para la mayoría. 

miércoles, 18 de junio de 2014

Edad moderna vs. edad media (IV): feminismo e 'ideología de género' desde una perspectiva tradicional

El 'eterno femenino' y el feminismo moderno.


Volviendo al tema que nos ocupa, el de la importancia de lo femenino como símbolo del 'pilar de la emancipación', y su consiguiente exclusión del núcleo ideológico del paradigma moderno, si nos dirigimos a las antiguas tradiciones espirituales puede advertirse que generalmente se ha asociado a lo masculino lo activo y exterior, el aspecto exotérico de una cultura, mientras a lo femenino se asocia lo pasivo, lo interior, lo oculto, aquello que no se muestra explícito a la luz -el alma, por ejemplo que se relaciona siempre con lo femenino-, y por ello lo femenino está en relación no tanto con el polo exotérico sino con la dimensión esotérica -interior- de la tradición. 

Ya hemos tratado en otras ocasiones de la concepción tradicional de los opuestos, no como enemigos -lo son solo en apariencia- sino como complementarios que deben dar lugar a un nuevo equilibrio y orden que les trascienda. La superación de ambos se producía en una síntesis creativa, lo que muchas tradiciones representaban básicamente bajo dos imágenes:

martes, 10 de junio de 2014

Edad moderna vs. edad media (III)




El valor de lo femenino.

Entre los diferentes pares de opuestos que pueden asociarse a los pilares 'del control' y 'la emancipación' hay uno que forma parte de la interpretación más tradicional de los opuestos: la polaridad masculino-femenino

Esta polaridad cobra especial relevancia cuando reparamos en que va asociada en la modernidad a otra: razón-superstición. En efecto, para la modernidad -que ha sido acertadamente calificada de misógina por numerosos autores- la razón -y por consiguiente todas las disciplinas científicas de carácter moderno que le son deudoras- se encuentra clarísimamente asociada a lo masculino y al varón, mientras las ideas asociadas a lo irracional, como superstición, creencia o intuición, así como todas aquellas que remiten al ámbito religioso, caen del lado de lo femenino y la mujer. 

Estas constelaciones de significados resultan aún más evidentes cuando las analizamos en referencia al discurso histórico construido desde la modernidad y que ya hemos expuesto anteriormente. Este acercamiento nos interesa especialmente para entender el carácter que se ha atribuido a la edad media, carácter que, como veremos a continuación y en tanto contra-ejemplo histórico de la modernidad misma, ha retenido buena parte de los significados y valores asociados con lo femenino en el mundo tradicional. 

domingo, 18 de mayo de 2014

Los 4 niveles de interpretación del símbolo



Son conocidos los cuatro niveles de interpretación que estableciera Dante en su Convivio (literalmente 'Convite' o 'Banquete'). Resumidamente estos niveles son: 
  • el literal,
  • el alegórico, 
  • el tropológico (también denominado a veces moral o filosófico) y
  • el anagógico (a veces llamado teológico).

Dante especifica que a excepción del literal o histórico, los otros tres son alegóricos, pues provienen de alle, extraño, otro. Es una idea común que este esquema proviene de Dante, pero aunque Dante es la referencia clásica, como buen autor tradicional, él hereda y transmite este conocimiento. Según Dante da a entender es un procedimiento que aplicaban los escolásticos a la lectura e interpretación de la Sagrada Escritura. Pero tampoco ellos fueron sus descubridores.  

sábado, 17 de mayo de 2014

Esoterismo cristiano: el Avemaría (y II)



Hemos visto ya cómo la oración del Avemaría contiene en su interior el Nombre de Jesús tal y como la Virgen María contuvo en su seno al mismo Jesús. 


Volvamos por un momento al esquema que presentamos para visualizar el sentido en que se mueven las dos partes de la oración de María: la salutación angélica en sentido descendente y la plegaria el pueblo de Dios en sentido ascendente. 




jueves, 6 de marzo de 2014

Sobre simbolismos animales (II): parejas animales

La gaviota y el albatros.


Idéntica dualidad que la comentada entre la lechuza y el mochuelo encontramos entre la gaviota y el albatros. Siendo aves relativamente parecidas morfológicamente la gaviota por su comportamiento simboliza el mal -es un ave a menudo considerada satánica-, mientras el albatros es un símbolo de la pureza espiritual, la nobleza y la elegancia. 

Si nos referimos concretamente a la gaviota, es un animal conocido por lo pendenciero y conflictivo de su conducta -incluso con los de su misma especie-, ladrón y saqueador de nidos de otras aves, carroñero y oportunista, no en vano fue símbolo de la piratería. Además vive en ruidosas colonias donde no deja acercarse apenas a ningún otro animal, incluido el hombre. Semejante carácter sin duda ha marcado su carácter popular como ave agresiva y maligna. Un ejemplo de cómo es considerada popularmente como un ave astuta y traicionera, con un toque malvado, es su papel protagonista entre todas las aves en el film de Alfred Hitchcock, 'The Birds'.

domingo, 2 de marzo de 2014

Hortus conclusus: mística del jardín medieval (I)

'Hortus conclusus, soror mea, sponsa, 
hortus conclusus, fons signatus.'
(Ct. 4:12)


Hablar del jardín medieval implica en primer lugar recuperar el sentido etimológico de la palabra jardín para después analizar lo que la idea misma de jardín significaba para los hombres de la edad media. 

La palabra jardín vincula su etimología con las palabras inglesas garden o yard, las cuales remiten a la idea de un espacio cerrado, medido y dividido, separado del exterior, es decir un espacio cualificado y por tanto distinto del resto de espacios o lugares. Relacionadas etimológicamente encontramos las palabras guardia y guardián, que se refieren igualmente a la vigilancia y la separación de un lugar, ciertamente cercanas al garden inglés. 

Descubrimos así que la denominación de 'jardín cerrado' o 'jardin clos', que designa un tipo concreto de jardín muy habitual en la edad media -a veces también llamado 'secret garden'- resulta en sí misma una redundancia pues todo jardín contiene en su misma concepción la idea de ser un espacio cerrado y separado del espacio exterior, considerado profano. En todo caso seríamás acertado utilizar la expresión medieval 'hortus conclusus'. Esta idea de protección frente al exterior es central en la idea medieval de jardín, como veremos a continuación.

martes, 25 de febrero de 2014

Reflexiones sobre la edad media (II)


Para el pensamiento medieval el hombre no es dueño absoluto de la creación, pues ésta no le ha sido donada ni cedida de parte de Dios, sino que es más bien un préstamo; préstamo por el cual el hombre deberá responder llegado el día ante el 'dueño de la viña', tal y como es indicado explícitamente en la parábola evangélica de los talentos[1]

Siendo ambos, naturaleza y hombre, creaciones divinas, no deja de ser llamativo que Dios ponga una parte de su creación a las órdenes de otra, imponiendo una jerarquía ontológica entre ellas. Es así porque el hombre es, desde la perspectiva medieval, la parte preferida por Dios de toda su Creación. 

He aquí una de las bases del fuerte sentido jerárquico medieval, que tan incomprendido y criticado es por parte de la mesocratizadora y anti-jerárquica modernidad. Para el orden tradicional situarse en una posición más alta en la jerarquía –ya sea social o natural- implica, no unos mayores privilegios[2] como es el caso de la modernidad y su ideal clasista, sino sobre todo una mayor responsabilidad para con los subordinados en el desempeño de la función a la que se ha sido vinculado. Existe un compromiso respecto a los otros, compromiso adquirido con Dios mismo. En efecto, tal posición de relativa superioridad [3] sobre el resto de la creación -superioridad querida y concedida por el mismo creador, recordemos- no llevaba a la soberbia y al abuso del superior sobre el inferior. Tal superioridad era sentida como una responsabilidad y era entendida como un factor de dignificación humano, pues significaba que el creador había concedido unas cualidades especiales al hombre y depositado su confianza en él como administrador de su hacienda, y esto implicaba que el hombre debía responder a esa confianza depositada en él demostrando ser digno de ella.

lunes, 3 de febrero de 2014

Simbolismo zodiacal: Piscis




La representación moderna del signo de Piscis muestra dos peces nadando en sentidos opuestos, sin embargo la imagen tradicional de este signo era otra y estaba vinculada a un personaje propio de las mitologías mediterráneas orientales pre-cristianas. Veamos en primer lugar cómo se representaba este signo en la edad media.  




Signo de Piscis del zodiaco del Portal Real de Chartres.

sábado, 25 de enero de 2014

Las tres Estampas Maestras de Durero: Una trilogía oculta (4)


Al final del capítulo anterior hemos citado al gran maestro espiritual español del Siglo de Oro, san Juan de la Cruz, el 'doctor místico'. Volvamos un instante a él antes de seguir. San Juan de la Cruz retoma esta ‘escala mística’ de ascensión espiritual transmitida por la tradición patrística que estamos siguiendo a través de las tres estampas de Durero pero profundiza en algunos aspectos que no habían recibido toda la atención necesaria por parte de otros doctores de la iglesia, nos referimos concretamente a las transiciones entre los estados o peldaños, al paso de un nivel al siguiente. Sobre estos estados liminares en que el sujeto deja de ser lo que era hasta entonces pero aún no es lo que será en el futuro –a los que el carmelita denomina noches- desarrolla san Juan de la Cruz una importante teología. Estas etapas de transición son descritas y analizadas por él con minucioso detalle en sus obras Subida al Monte Carmelo y Noche oscura del alma (cuyo comentario utilizaremos aquí como guía para lo que sigue).
Es bien conocida la importancia del símbolo de la noche en toda la obra de San Juan de la Cruz y es este quizá el símbolo más personal y característico del místico carmelita, pero veamos qué nos puede aportar su doctrina de las noches para la mejor interpretación de nuestros tres grabados. Sin necesidad de entrar en detalle en su doctrina teológica, sí diremos que su noche funciona a modo de ‘símbolo iniciático del devenir de la espiritualidad del ser’[1].
Tenemos en primer lugar la noche oscura del sentido, que es aquella que separa a los principiantes de los aprovechados. Sería esta la primera transición. Sobre la misma nos dice san Juan de la Cruz:
“por tiempo habiendo purgado algo el sentido, esto es, la parte sensitiva, de las fuerzas y aficiones naturales por medio de las sequedades que en ella pone, va ya encendiendo en el espíritu este amor divino. Pero entretanto, en fin, como el que está puesto en cura, todo es padecer en esta oscura y seca purgación del apetito, curándose de muchas imperfecciones.” (N.O. Cap. 11, 2)
“Y la más propia manera de este castigo para entrar en sabiduría son los trabajos interiores que aquí decimos, por cuanto son de los que más eficazmente purgan el sentido de todos los gustos y consuelos a que con flaqueza natural estaba afectado, y donde es humillada el alma de veras para el ensalzamiento que ha de tener.
Pero el tiempo que al alma tengan en este ayuno y penitencia del sentido, cuánto sea, no es cosa cierta decirlo, porque no pasa en todos de una manera ni unas mismas tentaciones; porque esto va medido por la voluntad de Dios conforme a lo más o menos que cada uno tiene de imperfección que purgar.”[2] (N.O. Cap. 14, 4-5)

Se trata por tanto de una “noche y purgación del apetito” (N.O. Cap. 12, 1), dirigida por consiguiente a purificar el alma apetitiva, el nivel más inferior del alma según la división ternaria que anteriormente expusimos.
Pero tras esta noche espera una segunda noche, la noche oscura del espíritu que prepara para la divina unión. Es esta segunda noche la transición obligada entre el nivel de los aprovechados y el de los perfectos, pues siendo definitivamente limpiada el alma en ella ya puede contemplar sin mancha ni rubor la pura luz divina. Esta segunda transición se situaría según nuestra interpretación entre los grabados del caballero y de san Jerónimo, pues este último se encuentra ya entre:
“los perfectos, purificados ya por la noche segunda del espíritu”. (N.O. Libro II, Cap. 1, 2)
No nos extenderemos en esta segunda noche pues creemos haber mostrado suficientemente que la primera estampa muestra figuradamente la primera noche, a la que denomina san Juan de la Cruz ‘del sentido’ y que se presenta de modo obligado en el paso entre principiante y aprovechado. Hay suficientes datos que lo confirman: las abundantes referencias de la estampa al alma inferior o apetitiva, así como a la materialidad más grosera (véase el instrumental y los materiales duros y pesados de trabajo que rodean al personaje) y a la misma melancolía, que es algo propio de los principiantes (como reconocen el mismo San Juan de la Cruz y Jacob Boehme).
Por tanto no nos parece aventurado sostener que la figura melancólica de la primera estampa está en curso de superar su particular ‘noche oscura del sentido’, noche oscura destinada a limpiar –purificar- las pasiones desordenadas de su alma apetitiva y que es la manera de desapegarse el alma de los bienes terrenos, de lo exterior, pendiente de lo cual ha vivido hasta entonces, pues:
“Este es el primero y principal provecho que causa esta seca y oscura noche de contemplación: el conocimiento de sí y de su miseria.” (N.O. Cap. 12, 2)
Queda por explorar aún un importante tema simbólico y es aquel que relaciona la noche oscura del sentido con el simbolismo de la muerte y del nuevo nacimiento. En palabras de san Juan de la Cruz, el espíritu hace padecer al alma:
“[…] absorbiéndola en una profunda y honda tiniebla, que el alma se siente estar deshaciendo y derritiendo en la haz y vista de sus miserias con muerte de espíritu cruel; así como si, tragada de una bestia, en su vientre tenebroso se sintiese estar digiriendo, padeciendo estas angustias como Jonás (2, 1) en el vientre de aquella marina bestia. Porque en este sepulcro de oscura muerte la conviene estar para la espiritual resurrección que espera.” (N.O. Libro II, Cap. 6, 1)
Se debe observar que:
“En sentido cronológico la noche es la víspera del día de las nupcias; en sentido alegórico representa la melancolía en la todavía ausencia del Amado, y también el sufrimiento de la propia aniquilación, pues el alma ha de morir a su naturaleza imperfecta durante esa noche, para acceder a la vida sobrenatural a través de la unión con Dios en el matrimonio espiritual.[3]
La noche oscura del sentido es a la vez melancolía y muerte, dolor por lo que se deja atrás y anhelo por lo porvenir. La melancolía es “la herida que inicia y signa la noche oscura de la purificación”[4]. Por tanto la noche oscura del sentido:
“nos recuerda el período del nigredo u obra en negro, el primer estrato de la gradación alquímica de los tres mundos o tres partes de la Piedra Filosofal en la tradición de la filosofía hermética. Y aunque la noche representa un símbolo magnífico en ambas tradiciones alquímicas y místicas, San Juan utiliza las características analógicas de la oscuridad cósmica para exponer el fragor inicial del entendimiento en la oscuridad mística.”[5]
Aquí es obligada la referencia a la tradición simbólica hermética y alquímica que, como se sabe, ha explotado abundantemente este símbolo de la muerte y el nuevo nacimiento tanto en su literatura como en su iconografía y que estaba, no lo olvidemos, en pleno desarrollo en tiempos de Durero.
Se “está purgando el alma, aniquilando y vaciando o consumiendo en ella, así como hace el fuego al orín y moho del metal, todas las afecciones y hábitos imperfectos que ha contraído toda la vida, porque en esta fragua se purifica el alma como el oro en el crisol.”[6] (N.O. Libro II, Cap. 6, 6)
El simbolismo alquímico se hace obvio aquí: el crisol, el oro y la purificación de los metales al fuego. Volvamos ahora por un instante al primer grabado. Si por una parte es evidente la nocturnidad –o crepuscularidad- del mismo y su referencia saturnal -cuya relación con la nigredo alquímica ya fuera señalada por Erwin Panofsky[7]-, encontramos en este grabado además referencias a la purificación de los metales e incluso a la consabida muerte iniciática.
Quizá la más obvia referencia al simbolismo alquímico de las tres estampas sea el crisol puesto al fuego, en el margen izquierdo de ‘La Melancolía’, que no por casualidad posee forma de corazón[8], y medio oculto por esa masiva figura pétrea del icosaedro truncado que nos transmite una fuerte sensación de inercia y pesadez. Figura pétrea que oculta además los primeros peldaños de la escalera impidiendo el acceso a la misma –y por tanto impidiendo el ascenso del alma por ella-.




El crisol con forma de corazón medio oculto por la gran piedra que figura 
el gran obstáculo en el alma del iniciado.


Además podemos observar algunos símbolos que nos remiten a la misma pasión de Cristo y, a través de la misma, a la muerte iniciática del personaje: los cuatro clavos[9], las tenazas, el martillo, la corona, la bolsa de monedas y la escalera. La escalera -de siete escalones, importante número simbólico- es además una referencia a esa Scala Paradisi que antes mencionamos[10] y por la que quisiera ascender el alma atribulada de la estampa, aunque todavía no encuentra el camino porque, como acabamos de señalar, se lo impide la mole granítica. Por último la rueda de molino, símbolo de la trituración, la demolición, la mortificación a que está sometida el alma, nos recuerda la piedra ante del sepulcro[11], un símbolo más de esa muerte. Piedra que habrá de ser removida[12] para alcanzar la ‘espiritual resurrección que espera’.




Los clavos de la Pasión a los pies de la figura melancólica. 



Crucifixión románica con cuatro clavos, 
como era habitual en la época medieval. 


La conclusión es que Durero plasma en este primer grabado al alma principiante que está en pleno proceso de aniquilamiento, disolución y muerte iniciática. Muerte y transformación que ha de ocurrir en lo oscuro, en lo secreto, a riesgo de echarse a perder si sale a la luz, incluso puede producirse en el interior de la Tierra[13], pues:
“si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda él solo; pero si muere, da mucho fruto.”[14]
Existe además una especie de prueba inversa de lo que decimos, y es una referencia a la superación de la muerte iniciática presente precisamente en los otros dos grabados mediante un conocido símbolo: la calavera. Sabemos que ésta ha sido frecuentemente símbolo de la muerte del ‘hombre viejo’, del viejo Adán y por ello mismo es símbolo de los que han muerto al mundo y nacido al espíritu, o, empleando una conocida metáfora, de aquellos que han ‘nacido por segunda vez’, los iniciados o neófitos, pues como dijo Cristo a Nicodemo en aquel misterioso pasaje:
“El que no nazca de nuevo, no puede ver el Reino de Dios”[15].
     
    La presencia de la calavera a los pies del caballero así como junto al escritorio de san Jerónimo nos asegura que ambos personajes han muerto al mundo y sus pasiones y han nacido de nuevo, esta vez al mundo del espíritu.







[1] Álvarez, M.A., Experiencia y expresión de lo inefable en San Juan de la Cruz; en revista Hipertexto, nº7. UTPA. Edinburg, TX, USA, 2008.
[2] Las cursivas son nuestras.
[3] Op. Cit. La cursiva es nuestra.
[4] Op. Cit.
[5] Op. Cit.
[6] La cursiva es nuestra.
[7] Panofsky et al. Op. Cit.
[8] “René Guénon, (…) insistió suficientemente en el significado de la vasija, de la copa, del cáliz como símbolo del corazón; simbolismo que deriva directamente de la forma del objeto, análoga a la del órgano físico. Se ha recordado a este respecto que en Egipto el jeroglífico usado para designar el corazón era precisamente una vasija.” Hani, J. Mitos, ritos y símbolos. Ed. Olañeta. Palma de Mallorca, 2005
[9] Las crucifixiones románicas acostumbran a presentar cuatro clavos y no tres, costumbre iconográfica que no se impuso hasta el gótico y que es exclusiva del occidente europeo (nótese que las crucifixiones ortodoxas aún presentan cuatro clavos). Un conocido ejemplo lo encontramos en el popular Cristo de San Damián.
[10] Ver Nota 18.
[11] Mt. 27, 60.
[12] Jn. 20,1.
[13] Recordemos la máxima hermética: ‘V.I.T.R.I.O.L.’.
[14] Jn 12, 24.
[15] Jn. 3, 3.

viernes, 6 de marzo de 2009

Reflexiones sobre Hermes (y VI).

Algunas conclusiones. Las dos caras de Hermes.

Por tanto debemos ver una dualidad en el desarrollo histórico de las funciones y atribuciones de Hermes:
  • Hermes-Toth – por un lado relacionado con Toth, dios de la sabiduría, la inspiración intelectual y el lenguaje.
  • Hermanubis – por otro lado relacionado con Anubis, siendo referencia en el paso de las fronteras espirituales y la muerte. Es esta imagen la que ha quedado recogida con más fuerza en la leyenda de san Cristóbal.

Sería de interés investigar bajo qué formas ha sobrevivido la primera de estas dos funciones en la tradición cristiana. Tampoco carecería de interés analizar a que fuerzas femeninas (diosas) ha estado asociado Hermes.

Podemos deducir efectivamente que en origen Hermes asumía ambas funciones sin contradicción, o que eran dos aspectos complementarios de la misma deidad, y que solo fueron separados en tiempos ya posteriores a la romanización.

Resumiendo podemos decir que Hermes presentaba un doble aspecto:
  • De ave - generalmente el ibis, un ave que vive en las aguas someras, símbolo del mundo intermedio.
  • De cánido - perro, chacal o lobo.

Analizando este doble aspecto la figuración como ave se relaciona con su papel de mediador entre el mundo superior y el de los hombres en tanto su figuración como cánido se relaciona con la mediación entre el mundo de los hombres y el mundo inferior. Es decir toma un aspecto distinto dependiendo de la frontera que ha de cruzar y los mundos que debe comunicar.

En tanto que Hermes-Toth fue convertido en Hermes Trismegistos (literalmente “Maestro de los Tres Mundos”, ¿superior, terrestre e inferior?, ¿de los dioses, de los hombres y de los muertos?) deidad fundadora de las ciencias herméticas (como la alquimia) y capaz de conceder la sabiduría a sus discípulos . A él se atribuía legendariamente el Corpus Hermeticum. Hermes-Toth (lo cual es como decir en su aspecto de ave) es también el fundador del oráculo simbólico denominado Tarot, o libro de Toth.

En tanto que Hermanubis los romanos le equipararon con el Lugus céltico de modo que su culto tuvo gran importancia en las regiones celtas romanizadas, como pervivencia de un culto anterior. Tal equiparación solo pudo ocurrir en base a paralelismos coincidentes entre ambas deidades, paralelismos que se encontraban en su función de guía en el más allá.



Reflexiones sobre Hermes (I).

El guardián de caminos.

En primer lugar expondremos una serie de datos que consideramos importantes de forma sumaria para más tarde analizarlos, compararlos y extraer algunas posibles y valiosas conclusiones.

Acerca del dios Hermes griego podemos decir:

  • Su culto parece de origen arcadio. La Arcadia era una región de pastores y como tal aparece en la mitología y la literatura griegas.
  • Su principal símbolo eran las ‘hermas’ que señalaban los cruces de caminos y las fronteras para que los caminantes/viajeros no se extraviaran.
  • Las ‘hermas’ eran mojones o montones de piedras por lo que tenían un doble aspecto: fálico por una parte y de fertilidad por otro (recordemos el supuesto parentesco entre los menhires y algunos cultos de fertilidad de la tierra).
  • Si es tan antiguo como se supone su culto y su representación lítica en los caminos mediante ‘hermas’ podría incluso estar emparentado con alguna cultura/pueblo megalítico (pelasgos por ejemplo).
  • Ya que las ‘hermas’ señalaban el camino al caminante podemos colegir que se trataba de un ‘dios-guía’ de caminantes y de buscadores en un sentido más general.
  • Era un dios del campo y la montaña, de la naturaleza, y con un marcado sentido de apoyo y ayuda.
  • En origen asociado a la fertilidad – las hermas que señalaban caminos, cruces y fronteras (mojones y señales de piedra verticales) eran símbolos fálicos y siempre se representaron genitales en ellas.
  • Mensajero de los dioses – es su atribución principal, se relaciona por ello con la inspiración divina.
  • Carácter apotropaico – pasó a estar asociado a la buena suerte; las hermas servían para mantener alejado el mal, como amuletos protectores de un lugar. Esto debe ser puesto en relación con la idea (aún superviviente en el Islam) de que la religión es protección del hombre fiel frente al mal.
  • En su culto aparecía como mediador entre patricios y plebeyos; un papel de bisagra social entre clases/castas: puso paz entre las dos serpientes del caduceo que luchaban.
  • Espía nocturno.
  • Guardián de los sueños – es intermediario entre Morfeo y los hombres que sueñan.
  • Guardián de las puertas – se ponían hermas (normalmente con cabeza y genitales) a la entrada de las casas; servían por tanto como protección.
  • Probablemente era dios de iniciaciones de oficio de la casta de los vayshias (mercaderes y comerciantes). Señalar como curiosidad que la iniciación de los comerciantes y mercaderes de la antigua Roma poseía un ritual en que se vertía agua sobre la cabeza del neófito, costumbre que nos recuerda poderosamente a la iniciación cristiana del bautismo.
  • Psicopompos – guía de las almas de los muertos en el viaje al más allá; por analogía tb lo era de las almas de los iniciados. La iniciación, como la muerte, se entiende como una puerta, frontera o límite entre dos realidades y estados.
  • Inventor/transmisor de fuego, artes, música y juegos deportivos – aunque son atribuciones secundarias tenía ciertos parecidos con Prometeo como deidad dadora de conocimiento.
Atributos:
  • Pétaso – sombrero de ala ancha
  • Alas en sombrero o en sandalias
  • Caduceo – vara de heraldo (mensajero) con serpientes entrelazadas.
  • Gallo – pájaro del despertar, que anuncia el nuevo día. Símbolo iniciático.
  • Tortuga - Según Homero inventó la lira vaciando usando el caparazón de una tortuga.

Atribuciones:

  • Dios de los pastores de ganado (la Arcadia era región de pastores)
  • Dios de los viajeros y de los que cruzan fronteras (no solo en sentido literal sino sobre todo simbólico)
  • Dios de las almas de los difuntos (las guía en su viaje al más allá)
  • Del comercio del cereal
  • De los atletas (tardío)

De todo lo anterior podemos, haciendo un ejercicio de síntesis, concluir que su papel es triple, como:

  1. Intermediador entre opuestos y en conflictos (arte de la retórica y del discurso).
  2. Comunicador de los mensajes, guía del pensamiento y el alma, funciones intelectuales.
  3. Guardián de caminos, fronteras y límites (sobre todo en un sentido simbólico.

viernes, 17 de octubre de 2008

Mística y misterios



Se suele considerar que las palabras “misterios” y “mística” poseen el mismo origen etimológico: mistes; término que se refiere a “cerrar ojos y boca”, es decir a lo que produce oscuridad y silencio, que no puede ser visto ni comunicado y cuya única vía de penetración sea quizá el oído (el más sutil de los sentidos). Recordemos al respecto el importante papel del simbolismo de la caverna en todos los misterios antiguos; y tb el recogimiento interior, el abandono de los sentidos corporales, el “profundo centro” de San Juan de la Cruz; la caverna misma puede representar esta interiorización-aislamiento (anábasis) y la separación del cuerpo sensitivo (ascesis). Desde este punto de vista en el origen los místicos eran quienes se iniciaban en los misterios (Eleusis, Orfeo, Osiris, Mitra, etc.). 



Incomunicabilidad de los misterios.

En los ritos mistéricos siempre se hizo énfasis en su incomunicabilidad – puesto q no podía ser visto ni dicho era aquello que ni penetraba por los sentidos corporales ni salía de ellos, entraba por otra vía y quedaba resguardado dentro-. ¿Cuáles son las razones de esta incomunicabilidad? Probablemente que el conocimiento que suponen es contrario a la explicación discursiva racional (propia de la filosofía), no se deja explicar y esto por su cualidad esencial: el conocimiento adquirido a través de los misterios es irracional. Es esta irracionalidad una de las causas que lo convierten en inefable e inexpresable.

Esta incomunicabilidad tiene dos consecuencias:
  • Que el místico debe abandonar la idea de transmitir su saber, esto es el contenido de su experiencia (al menos en los términos acabados de un conocimiento) y tan sólo puede expresar su experiencia en tanto que vivencia fenomenológica y por tanto subjetiva, individual, concreta e intransferible. El místico puede decir lo que pasó (exterior) más no lo que fue (interior). El místico debe por ello “abrazar el silencio” con pesar, en función de su incapacidad para comunicar adecuadamente el mensaje que quiere transmitir.
  • Que la única vía de transmitir adecuadamente el mensaje es, no mediante palabras, sino proporcionando la experiencia de primera mano al otro; y para facilitar tal experiencia o vivencia, para señalar el camino que conduce hasta ella, se ha de recurrir al símbolo.

Es debido a la suma de ambas razones que la narración/explicación de los misterios toma siempre un carácter poético y simbólico. La narración, en virtud de la primera característica no puede dejar de ser un relato personal; y en virtud de la segunda característica no puede dejar de querer decir o expresar más de lo que de hecho dice, intentando siempre llegar más lejos, es decir, no puede evitar tomar una forma simbólica.

El símbolo es básicamente subjetivo de modo que ofrece a cada cual algo distinto que está en función de su capacidad (cualidad) y de su voluntad (intención) de comprender. A través del símbolo se puede llegar a percibir lo oscuro y recóndito, la otra realidad para la que se preparaba al hombre con los misterios. La exposición del símbolo a todos, iniciados y profanos, como puerta a los misterios (y a su conocimiento) deja a éste (al símbolo) demasiado expuesto a tergiversaciones y malinterpretaciones. Por ello, para librar al símbolo de los ataques exteriores, muchos símbolos (y también sus interpretaciones) se hicieron secretos y prohibidos, esto es, ocultos, esotéricos. Por esta razón todas las tradiciones mistéricas, con una elevada conciencia de comunidad y de integridad del grupo todas ellas, desarrollaron un fuerte componente de secretismo.

Hay aquí en efecto una cierta contradicción interna pues siendo el símbolo el único medio para compartir/transmitir este cierto conocimiento -incomunicable de otro modo cualquiera, racional y discursivamente-, parece contradictorio ocultar los mismos símbolos (que son la única vía) del común de la gente, privando a la mayoría por tanto de la única posibilidad para acceder a ese tal conocimiento. Hay aquí algo contradictorio y que debería ser mejor explicado. La explicación ad hoc tan frecuente de que tal ocultación respondía a razones de supervivencia de la comunidad (evitar peligros exteriores, defenderse del statu quo) no se sostiene, y esto por dos razones: 1) que en muchos casos históricos la religión mistérica fue la religión estatal o al menos tuvo apoyo y consentimiento de las instituciones gubernamentales (caso de los diferentes cultos mistéricos de Grecia o Egipto por ejemplo o de la época helenística); y 2) que en muchísimos casos la principal razón que ha conducido a la persecución de dichas comunidades mistéricas ha sido precisamente su carácter exclusivo y esotérico. Debe ocultarse aquí una razón de mayor peso que no alcanzamos a vislumbrar.

Resumiendo, la incomunicabilidad de los misterios era por tanto doble:
  • En función de su inexpresabilidad que impedía explicarlos y comunicarlos verbal y racionalmente. Es por esta razón que la forma historiográfica y documental que toma tal conocimiento es artística, poética y simbólica (incluso dentro de la misma tradición filosófica, tomando la forma del mito por ejemplo).
  • En función de su carácter privado o exclusivo (en tanto que poseído por un grupo determinado) que no debía ser divulgado por peligro de que el conocimiento fuera profanado o tergiversado. Es por esta segunda razón que el símbolo se torna sagrado, santo e intocable.

La raíz de este conocimiento intransferible es la identificación entre saber y ser. Se es lo que se conoce. Pero hay que puntualizar que sólo se conoce lo que se vive en uno mismo. No hablamos aquí de conocimiento verbal y discursivo por tanto, sino de experiencia.(*) Cuando esta experiencia se refiere a un ámbito que cae fuera del conocimiento cultural y del lenguaje humano se torna indecible, inefable, intransferible en todo punto.(**) Pues solo se sabe realmente aquello que se es, es decir aquello que se ha experimentado, llegando en último término a la identificación con el objeto de conocimiento y con el conocimiento mismo.

Esta argumentación tiene varias implicaciones: 

1) ofrecer el resultado de un conocimiento a otro sin haber transitado el camino es enteramente inútil. Sería como alcanzar la meta sin haber hecho el camino. ¿De qué nos sirven las conclusiones de la física o la matemática si no comprendemos su procedencia, su alcance o el camino que ha conducido hasta ellas? Y en tanto que se convierte en inútil, ¿merece la pena en estas condiciones su transmisión?

2) Un conocimiento al que no se ha llegado por sí mismo siempre será ajeno y como exterior, no se sentirá como propio (máxime cuando no ha costado ningún esfuerzo y su alcance ha sido gratuito). Será un conocimiento superpuesto o adherido a la parte más exterior de nosotros mismos. Nunca será considerado algo esencial, algo interior, algo fundamental para nosotros mismos. No estará indisolublemente unido a lo que somos, ya que somos eso, algo inseparable de nosotros mismos, con lo que nos identificamos sino que será como un vestido que puede usarse según la ocasión. 

3) El conocimiento (y ya no le conviene esta palabra) se convierte así en un dato anecdótico y nada más, presto al olvido, enteramente inútil. Algo con lo que no se identifica el poseedor, una joya de erudición a lo sumo, un dato más que pasa a engrosar la acumulación enciclopédica de nuestra memoria. Pero ¿es que puede la acumulación, el mero cúmulo de datos, sustituir la calidad de lo sabido/vivido? Efectivamente lo que llamábamos conocimiento ya no es tal. Ahora le corresponde otra denominación: información.


Pueden extraerse interesantes conclusiones al respecto de nuestra realidad social. La confusión ya referida en que se naufraga a menudo respecto a la diferencia y oposición entre Información y Conocimiento muestra el signo de nuestro tiempo, definido por otra oposición no menos fundamental que abarca aquélla: Cantidad vs. Cualidad. Y esta a su vez descansa en otra, madre de todas las demás, la confusión entre Ser y Tener. Cuando ambos términos se tornan equivalentes, estamos ante el Reino de la Cantidad. Se es lo que se tiene, solo entonces el conocimiento pasa a ser un traje, un disfraz que uno se pone y se quita según la ocasión. En un mundo donde prima la cantidad la información se impone al verdadero conocimiento, incluso pasa por él, lo suplanta y se hace pasar por conocimiento. El cúmulo de datos de nuestra sociedad de la información, la fiebre acumulativa de nuestra civilización expresada en cada muestra de su carácter (desde el consumo al fetichismo de la mercancía) amenaza con reproducir el mítico caos informe del origen de los tiempos y constituirse como su inversión maléfica (lo cual no hace sino confirmar las previsiones tradicionales). Sociedad de la información, pero no por ello del conocimiento.




(*) El problema que se plantea aquí es la relación inevitable entre conocimiento y lenguaje pues en efecto hay una equivalencia entre lo que sabemos y lo que somos capaces de decir, así como al revés: tiende a ser invisible para nosotros, y por tanto a no existir plenamente, aquello que no somos capaces de nombrar, esto es, aquello que no posee palabras que lo designen. Este tema, en efecto, nos lleva al punto de origen, aquel del significado de los misterios en cuanto son un conocimiento y una experiencia para los que no existen palabras, lo cual los convierte en indecibles en la práctica.
(**) La pregunta consiguiente es: ¿puede efectivamente experimentarse algo que cae fuera de las categorías humanas estipuladas, algo más allá de lo nombrable? ¿Acaso puede llamarse a eso experiencia? ¿Depende la experiencia para darse del lenguaje o puede haber experiencia más allá del lenguaje?

viernes, 29 de agosto de 2008

Algunas notas sobre el amor cortés (III): Triángulo del amor cortés.




Adán – Lilith – Sammael

Adán – Eva – Serpiente



Es el triángulo del amor cortés. Adán es el esposo, pero la esposa Lilith lo abandona y se va con el ángel rebelde. Eva de algún modo, al caer en la tentación, también le es infiel. Es una figura arquetípica repetida infinitamente en la mitología y que subvierte o rompe el orden establecido, el orden moral-social.

Profundizando en el episodio el diálogo entre Eva y la serpiente es un diálogo idéntico a aquel que mantuvo Jesús en el desierto con Satanás durante sus tentaciones. Se trata de un diálogo puramente interno pues la voz del enemigo no es sino una parte de sí mismo, de su persona, de su interior. Eva no es más que la imagen elaborada, socializada, civilizada de la antigua Lilith. Es un regreso de Lilith bajo otra apariencia, donde se impone el super-yo freudiano. A partir de ahí Eva pasa a ser doble, pues la Lilith expulsada y ocultada, no está en otra parte que dentro de ella, en su oscuro subconsciente. La mujer es mitológicamente un ser doble: divina y diabólica, madre y amante a la vez.

viernes, 1 de agosto de 2008

Reflexiones sobre el Grial


El mito del grial está muy emparentado con la doctrina tradicional de las cuatro Edades del mundo. En efecto en la edad de hierro (Kali-Yuga hindú) la Tradición, asediada y perseguida por las circunstancias profanas que habrán terminado por imponerse totalmente en el mundo, se refugiará, retirándose del mundo y permanecerá oculta hasta el fin del ciclo actual. Este proceso de progresiva retirada del mundo o recogimiento se simboliza a veces con la imagen de una nuez, una cáscara (la fortaleza) que protege el fruto (que no es otro que el grial) en su interior. Así desde la perspectiva profana su circunstancial desaparición será vista como su definitiva extinción, aunque en realidad es más bien un recogimiento protector, un retraimiento – dentro de las dos fases sucesivas que supone toda manifestación, expansión y contracción, la tradición entraría en una fase de letargo ocultación en espera de tiempos favorables equivalente a la fase de contracción. El mismo mensaje lo encontramos en la historia de Noé y su arca en la que se refugian y sobreviven las semillas del futuro nuevo ciclo de la humanidad. Este proceso de contracción o retraimiento (de abandono de la manifestación en definitiva y aparente desaparición) va acompañado del dificultamiento –cuando no de la pérdida o la interrupción– de la transmisión iniciática en las condiciones en que se daba antes. Esto será debido a los innumerables impedimentos y trabas (tanto a nivel físico como a nivel psíquico) que el mundo (el saeculum) opondrá a la tradición misma. No debemos olvidar que si por algo se define el mundo moderno es por su carácter anti-tradicional.

A esta circunstancia, enmarcada en el ciclo histórico universal y en la doctrina de las cuatro edades o eras (Manvantara), es a lo que se refiere el mito en última instancia: dadas las condiciones excepcionales que cobrará la manifestación en el fin de ciclo, las condiciones de transmisión de la tradición no pueden ser menos excepcionales y la misma tradición habrá de buscar nuevas vías para garantizar su supervivencia (lo cual está garantizado en todo caso por su misma naturaleza ya que “el espíritu sopla donde quiere”). De ahí la figura del caballero –héroe de los tiempos de guerra– que busca su camino sólo. El caballero va efectivamente recubierto de su armadura, recubierto de hierro, como corresponde al hombre de este tiempo definitivo: un hombre inserto en la brutal edad de hierro. El caballero reproduce, siguiendo la analogía entre macrocosmo y microcosmo, al grial mismo – en esta fase de retiro del mundo manifestado pero en el nivel de manifestación humano –: así como el grial está protegido y a la vez oculto (velado) en su fortaleza, el alma del caballero se recubre para protegerse de las influencias exteriores por su rígida coraza. Así puede decirse que el verdadero caballero prefigura el grial mismo en su persona.

Hemos de entender por todo ello que, desde la perspectiva tradicional que toman las leyendas, los tiempos oscuros no fueron aquellos del mito sino éstos que nos ha tocado vivir. Tiempos en que la luz del espíritu no brilla más, aunque eso no significa que se haya apagado, como puede parecer a los profanos e ignorantes, sino que se encuentra, según dice la palabra evangélica, “bajo el celemín”.

En conclusión, dado el momento crítico por el que pasa actualmente la tradición misma es tiempo de excepciones, podríamos decir. Los iniciados por tanto no pueden ser sino gente excepcional, hombres excepcionales, héroes de este tiempo; y tendrán que transitar por un camino no menos excepcional. Ante la desaparición o perversión progresiva de las organizaciones tradicionales que anteriormente aseguraban la transmisión regular y efectiva de la tradición –es decir, custodiaban el grial, el tesoro de la tradición – los neófitos, los aspirantes a iniciados, tendrán que seguir un camino diferente, guiados únicamente por su intuición: siendo cada vez mas difícil contar con un guía externo o con la protección que brinda una organización estable, los iniciados habrán de confiar exclusivamente en su maestro interior.

Esta es la razón por la que en el hombre actual (el hombre de la edad de hierro) predomina, al menos aparentemente, la acción sobre la contemplación. Pero esta acción debe ser una acción dirigida, más concretamente debe ser una acción dirigida hacia el interior, centrípeta y no centrífuga. El hombre del fin de ciclo se salva por la acción, pues “por sus actos les conoceréis”. Condenado a la inevitable ley del karma de todas sus historias pasadas el hombre del fin de ciclo se redime por su acción, concretamente por la acción justa, es lo que el hinduísmo conoce como karma-yoga, vía perfectamente representada por la figura de Arjuna en la Baghavad-Gita. Relacionando lo anterior con la teoría hindú de los tres gunas, la acción centrífuga correspondería a la fuerza del rajas, el guna expansivo (lo que equivaldría al yin extremo oriental). Sin embargo la fuerza centrípeta (el yang) corresponde al sattwa, la fuerza que conduce de la diversidad y la difusión a la unidad y la unificación.
Por otra parte no puede dejar de verse aquí la compatibilidad que toman el “estado del espíritu” – si puede decirse así – y la forma que adopta la vía misma, causa última de la necesidad de la caballería espiritual en los tiempos últimos: mientras el espíritu es actuante en el mundo no conviene al hombre otra cosa que la no-acción taoísta, pues con tan solo esa condición el espíritu actúa por él; en cambio cuando el espíritu pasa a estar oculto y a ser no-actuante el hombre requiere pasar a la acción para encontrarlo, debe ir en su busca, quedando la no-acción para quienes ya han andado el camino, aquellos que le han encontrado, es decir para quienes poseen en efecto el grial. Poseer el grial implica ponerse en manos del espíritu y ser su instrumento en la tierra.

Así, encontramos que el mensaje de la leyenda es más optimista de lo que se suele suponer. El grial no se niega a quien lo merece, y esto es así en cualquier tiempo o bajo cualquier condición en que se presente la realidad exterior. Por tanto, sean cuales sean las condiciones ambientales de los tiempos y las dificultades que impone el fin de ciclo, todavía/aún (y siempre) es posible encontrar y poseer el grial. Pero los nuevos caballeros tendrán que hacer un camino distinto del que antes conducía al grial; un camino repleto de peligros. Por ello es imprescindible que el caballero se arme, y no solo de valor sino, como dice san Pablo, de “toda la armadura de dios”, que no es más que la fe y la virtud, la armadura espiritual que ha de proteger al caballero de los peligros de este tiempo “infernal”. La recta intención, que nunca debe flaquear, es simbolizada por la lanza que siempre acompaña al grial, es la “demanda” que conduce a la búsqueda constante.

El grial es un tesoro, si bien un tesoro espiritual. Largo y tortuoso es el camino que conduce hasta él, representado a menudo por la espiral. La búsqueda del grial transcurre en el nivel psíquico o “anímico”, el nivel del alma –mediador entre el mundo físico y el espiritual–, aunque requiere de un correlato evidentemente físico y material, podríamos decir un correlato práctico. Los peligros son también y ante todo -más que peligros físicos- peligros psíquicos, que ponen en riesgo particularmente el alma del iniciado. Es por esto que los que se dirigen al grial sin las aptitudes requeridas, sin el valor o la protección adecuadas quedan por ello marcados, heridos de por vida, sucumben a los peligros del camino. Ninguno de tales peligros del mundo intermedio –anímico – podrá hacer desistir al verdadero caballero que marchará con paso lento pero firme, sin titubear ni volverse nunca atrás hasta el mismo corazón de la tradición, la morada del grial.

Así, si bien es cierto que la leyenda pinta un paisaje desolador – con el preciado grial en paradero desconocido y oculto en un castillo casi inexpugnable y rodeado de múltiples peligros para el alma del caballero – la leyenda nos impulsa a la búsqueda y no a perder la esperanza. El mito griálico es en el fondo un mito utópico que nos habla de un futuro mejor y siempre posible y nos dice que el destino depende en buena medida de nuestra firme voluntad y esfuerzo. El hombre del kali-yuga no espera –no puede esperar– pasivamente la gracia divina, la iluminación salvadora sino que, dadas las condiciones de ciclo actuales, ha de buscar esa gracia activamente, debe dirigirse a ella: conquistar el grial por su esfuerzo y sacrificio. En efecto, dado el momento de degradación espiritual en que vive el hombre ordinario, la no-acción tan querida por las antiguas tradiciones equivaldría a ser absorvido y como arrastrado por la corriente descendente propia de esta fase del ciclo cósmico. De dejarse llevar por la tendencia general del mundo actual la espiral tamásica engulliría al caballero y le conduciría inexorablemente a los estados infrahumanos de la materialización y la mecanización. Por ello el caballero debe enfrentarse a esta tendencia general que prima en su mundo y entre sus contemporáneos, debe oponerse por todos los medios a esa fuerza centrífuga y disgregadora y debe remontar la corriente hacia las fuentes de agua pura, como el salmón remonta el río. La no-acción queda reservada para aquel que alcanza el “centro”, el “motor inmóvil”, que es la sede del grial. Sólo allí es posible “no-actuar” (como dice la doctrina taoísta), pues sólo allí el elegido queda al margen de la corriente, fuera del devenir, ajeno al movimiento constante de la manifestación, y es señor virtual de los “tres tiempos”, contemplando pasado, presente y futuro. El caballero que alcanza el grial ha cumplido enteramente su estado humano, lo ha realizado efectivamente, se encuentra entonces en el “centro del mundo”, el lugar por el que pasa el “Eje del mundo”, es decir el punto desde el cual es posible la comunicación efectiva con otros estados superiores –al estado humano– del ser, donde es posible el contacto con el mundo espiritual propiamente dicho. Es el “hombre primordial”. Esto es lo que en lenguaje pitagórico significa haber efectuado los “misterios menores”. Es el camino horizontal el que se ha recorrido –y resta entonces ascender en sentido vertical el “eje del mundo”-. El laberinto ha sido recorrido hasta su centro. Solo entonces se abren ante la vista del iniciado los “misterios mayores”, invisibles para el hombre ordinario, el cual no ha alcanzado el centro de su estado. Para encontrar el grial hay, por tanto, que hacerse merecedor de él, y si es necesario avanzar y abrirse paso en el camino por la fuerza, declarando la guerra al mundo profano y sus perversiones.

Este era en rigor el mensaje final de las leyendas griálicas: en los tiempos porvenir, en el futuro oscuro y aciago que se avecina al hombre y que cerrará el ciclo, cuando el grial no estará ya a la vista de todos, ni siquiera protegido por unos pocos “elegidos” –los cuales, por otra parte, cuando lo logran se retiran de este mundo–, sino oculto, en algún paraje desconocido, aún entonces pese a las dificultades y las calamidades (la tierra yerma) los verdaderos caballeros que luchen por alcanzarlo con fe e intención lo encontrarán. Porque el grial no se niega a nadie que lo merezca. Y dadas las nuevas “condiciones ambientales” en que estamos la manera de abrirse paso hasta él tendrá que ser por ello no menos novedosa. Nuevas armas y nuevas estrategias para luchar con el enemigo de siempre que ahora se nos presenta bajo un nuevo disfraz, más seductor pero igual de peligroso: el disfraz del espectáculo de una sociedad infundada.

laración fina
Hemos dicho que los elegidos por el grial para defenderlo (y la mejor defensa es guardarlo en el corazón, dentro de uno mismo) se retiran del mundo. Esto es tanto debido a la imposibilidad de manifestar exotéricamente el grial (a riesgo de perder la vida y el grial mismo) en las condiciones del mundo actual, gobernado por fuerzas contrarias, Gog y Magog; tanto como debido a la imposibilidad manifiesta de vivir ellos mismos bajo la condición de la modernidad y de compaginar el “deber sagrado” de servir al grial con el estado de vida profano (los “deberes profanos”). En efecto, ya está dicho que “no se puede servir a dos señores: a dios y al dinero”. Se puede concluir de ello que los “caballeros del grial”, es decir aquellos que realizan los “misterios menores”, representan – o “son”, y entiéndase bien esto en sentido simbólico, pero no por ello menos real– en el plano de realidad humano, el grial mismo y por ello es correcto decir que de sus vidas depende el mismo grial. Por ello deben retirarse del mundo* (como el grial mismo en la leyenda) y, en razón de su deber sagrado, no les es dado manifestarse al mundo sino que han de permanecer ocultos, apartados del mundo en su fortaleza interior, hasta que el cambio cíclico les permita de nuevo salir a la luz y manifestarse en el mundo. Ellos “son”, en el mundo actual, el mismo grial vivo, el canal, el puente (de ahí que ellos sean pontifex) por el que desciende y se manifiesta el espíritu (la Shekinah) en el mundo.






* “Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero, como no sois del mundo, porque yo al elegiros os he sacado del mundo, por eso os odia el mundo.” Juan 15, 19