Hemos visto cuáles son los dos significados generales que contiene el ideal del jardín medieval. Uno es el de ser un espacio íntimo de recogimiento y encuentro con Dios. El otro es que tal espacio íntimo y lugar de encuentro con lo divino es una metáfora del alma humana, y más particularmente del alma del místico o contemplativo, restaurada en su pureza y armonía originales tal como la había dispuesto el creador: un alma purificada de toda pasión, 'limpia' y dispuesta a encontrarse con su Señor. Así el trabajo efectuado sobre el jardín -abonado, limpieza, cuidado, etc.- es análogo al trabajo que el hombre espiritual ha de realizar sobre el alma y los frutos del jardín -frutos y flores- son análogos a los frutos del alma del contemplativo. En definitiva para el simbolismo místico medieval el aspecto que toma el alma 'restaurada' del místico es un reflejo del aspecto que presentaba el Paraíso primordial. Imagen y semejanza son así restablecidas, si bien en el interior del hombre.
En último lugar hemos analizado cómo el arquetipo ideal de un alma tal, perfecta en su pureza y restaurada en su semejanza, es la misma Virgen María, Madre de Dios, de modo que el jardín pasó a ser muy pronto un símbolo de profundo carácter mariano.
Fue obedeciendo a estos sentidos espirituales como se desarrolló el significado profundo del jardín medieval. Ahora bien, a la hora de inspirarse para realizar el jardín en tanto que espacio real los maestros medievales recurrieron a dos modelos de jardín bien diferentes entre sí, aunque ambos fueron tomados, como no podía ser de otro modo, de la Escritura: