Al
contrario de lo que solemos pensar, las personas
con ira espiritual no son violentas sino perfectamente civilizadas, comedidas, educadas, etc. La ira espiritual se presenta en forma "buena", como crítica exigente, no como algo grosero.
De hecho aparece rodeada de "virtud".
El
que tiene ira espiritual cae con frecuencia en el perfeccionismo. Se exige a sí mismo hasta la extenuación, sabiendo lo que le
cuesta conseguir ser virtuoso. A causa de ese "esfuerzo", inconscientemente tacha de "insolidarios" a los que no se esfuerzan como él.