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martes, 13 de enero de 2015

Simbolismo de la nieve y el hielo



Ya que nos hemos referido brevemente al significado que poseen la nieve y el hielo al tratar del sentido esotérico del Árbol de Navidad (ver aquí), creemos que puede ser útil extendernos un poco más sobre ello a fin de precisar el valor simbólico que poseen estos elementos de la naturaleza desde un punto de vista tradicional.

En primer lugar, debemos advertir que los significados simbólicos que vamos a abordar a continuación adquieren su plena significación solamente cuando son contemplados desde el punto de vista de la Geografía Sagrada, es decir, desde la asunción de que la naturaleza en tanto que fenómeno no es sino una Epifanía en sentido estricto (del griego επιφάνεια), es decir un 'manifestarse', un 'darse a conocer' de lo numinoso bajo la forma del mundo. Es sobre esta certeza sobre la que se asienta cualquier analogía tradicional que tome como punto de partida un fenómeno, ya se trate de un acontecimiento o de un elemento natural cualquiera.

Por otra parte hay que precisar que el significado simbólico de nieve y hielo resulta inseparable de otros dos simbolismos, con los que se asocia de manera inevitable y a los que nos referiremos muy brevemente como introducción: el de la montaña y el del agua, y dentro de este último se asocia, más concretamente, al simbolismo de los ríos.

domingo, 8 de junio de 2014

El Guernica de Picasso o el Belén infernal


Arte moderno, anti-tradición y 'muerte de dios'.


Siendo todo arte verdadero y auténtico expresión del alma humana, el arte moderno o contemporáneo no puede sino mostrar en toda su crudeza el desorden interior que acompaña al desorientado hombre de la modernidad. El Guernica de Picasso, considerado universalmente un icono del siglo XX, es uno de esos casos donde el arte moderno muestra más claramente su carácter nihilista y anti-tradicional, desequilibrado y crispante, lo que paradójicamente aquí no constituye un demérito de la obra sino que más bien la dota del valor de la denuncia. Como veremos a continuación la interpretación habitual de esta obra como un homenaje al pueblo de Guernica o una mera denuncia política y/o pacifista -lo que también es sin duda- supone pasar por alto el sentido último -que nos atrevemos a llamar metafísico y filosófico- que como obra de Arte con mayúsculas posee. 

sábado, 17 de mayo de 2014

Esoterismo cristiano: el Avemaría (y II)



Hemos visto ya cómo la oración del Avemaría contiene en su interior el Nombre de Jesús tal y como la Virgen María contuvo en su seno al mismo Jesús. 


Volvamos por un momento al esquema que presentamos para visualizar el sentido en que se mueven las dos partes de la oración de María: la salutación angélica en sentido descendente y la plegaria el pueblo de Dios en sentido ascendente. 




Esoterismo cristiano: el Avemaría (I)



Como todo símbolo sagrado, la conocida oración del Avemaría, rezada cada día por millones de cristianos en todo el mundo, oculta en su interior sentidos y significados que van más allá y completan el sentido que muestra su forma exterior; forma que, en este caso, por tratarse de una oración verbal, la proporcionan las palabras. La forma misma de esta oración, como veremos, es parte de la enseñanza mística que se pretende transmitir.

Como es sabido el Avemaría consta de dos partes: una primera de salutación y bendición a la Santísima Virgen y una segunda que es una plegaría que los fieles y toda la Iglesia le dirigen en tanto Madre de Dios.  

sábado, 26 de abril de 2014

Hortus conclusus: mística del jardín medieval (y IV)

Trataremos a continuación del significado y simbolismo del tipo de jardín que se inspira más específicamente en el Cantar de los Cantares, un modelo que como hemos dicho es descrito a menudo como un huerto. Si el claustro del monasterio intentaba ser una imagen del jardín del Edén, el jardín del mundo secular intentaba replicar el jardín del Cantar de los Cantares de Salomón, aquel en que se reúnen místicamente amado con amada. 

El jardín en el Cantar de los cantares


Como dijimos los primeros jardines occidentales no fueron otros que los claustros de los monasterios que trataban de reproducir simbólicamente el jardín del Edén. Pero como en otros aspectos de la vida y el pensamiento medievales, la extensión fuera de los muros del monasterio de los ideales místicos de la élite intelectual y monacal medieval tuvo como consecuencia una inevitable vulgarización de las formas y un olvido de algunos de sus significados más profundos. Ello no impidió que los símbolos y mitos mantuvieran su aspecto esotérico, si bien un tanto oculto bajo una forma más popular. 

Hortus conclusus: mística del jardín medieval (III)


Hemos visto cuáles son los dos significados generales que contiene el ideal del jardín medieval. Uno es el de ser un espacio íntimo de recogimiento y encuentro con Dios. El otro es que tal espacio íntimo y lugar de encuentro con lo divino es una metáfora del alma humana, y más particularmente del alma del místico o contemplativo, restaurada en su pureza y armonía originales tal como la había dispuesto el creador: un alma purificada de toda pasión, 'limpia' y dispuesta a encontrarse con su Señor. Así el trabajo efectuado sobre el jardín -abonado, limpieza, cuidado, etc.- es análogo al trabajo que el hombre espiritual ha de realizar sobre el alma y los frutos del jardín -frutos y flores- son análogos a los frutos del alma del contemplativo. En definitiva para el simbolismo místico medieval el aspecto que toma el alma 'restaurada' del místico es un reflejo del aspecto que presentaba el Paraíso primordial. Imagen y semejanza son así restablecidas, si bien en el interior del hombre. 

En último lugar hemos analizado cómo el arquetipo ideal de un alma tal, perfecta en su pureza y restaurada en su semejanza, es la misma Virgen María, Madre de Dios, de modo que el jardín pasó a ser muy pronto un símbolo de profundo carácter mariano.  

Fue obedeciendo a estos sentidos espirituales como se desarrolló el significado profundo del jardín medieval. Ahora bien, a la hora de inspirarse para realizar el jardín en tanto que espacio real los maestros medievales recurrieron a dos modelos de jardín bien diferentes entre sí, aunque ambos fueron tomados, como no podía ser de otro modo, de la Escritura: 

jueves, 5 de marzo de 2009

Los dos 'san Juan' (I): el dios Jano y los dos San Juan



Los tres años de vida pública de Jesucristo se encuentran enmarcados por los dos ‘san Juan’ como por dos columnas que sustentan la revelación de dios en el mundo. Ambos juanes marcan un antes y un después en la historia, los límites tangibles, históricos y temporales de la presencia de dios hecho hombre y habitando entre nosotros. 

El bautismo en el Jordán por su primo san Juan Bautista marca el inicio de su misión pública, misión que encuentra su final en la cruz, donde poco antes de expirar, Jesús, en presencia tan solo de su madre y de su discípulo amado, de nombre Juan, les dice:

“Mujer, ahí tienes a tu hijo”.

Para después añadir:

“Ahí tienes a tu madre”. (1)



En efecto tras su bautismo en el Jordán Jesús comienza su prédica y adquiere más protagonismo progresivamente en tanto que la estrella del Bautista parece declinar apresuradamente hasta su desgraciado fin a manos de Herodes. Las mismas palabras de S. Juan Bautista son a este respecto providenciales: 


"Yo debo menguar y Él debe crecer". 


De este modo la misión pública de Jesús como profeta queda enmarcada entre dos juanes: el bautista y el evangelista. Uno anunció su venida [2] y el otro dio ‘testimonio de estas cosas’ y su ‘testimonio es verdadero’ [3]. No es descabellado tras estas y otras palabras de Jesús dirigidas a San Juan Evangelista (concretamente en la Última Cena o en su despedida final a orillas del Tiberíades) ver en el discípulo amado a un "heredero" (si puede hablarse así) de Jesús. 




Los dos 'san Juan' y el dios Jano

El nombre de Juan puede emparentarse etimológicamente con el de Jano, que procede del latín Iannua, puerta. 

En el mundo romano Jano era el dios de las dos caras, y era representado tradicionalmente con dos rostros que miraban en direcciones opuestas. Un rostro era joven mientras el otro era viejo. Curiosamente los dos juanes que enmarcan la vida pública de Cristo son también uno viejo (el Bautista) y otro joven (el Evangelista), idea respetada singularmente a lo largo de los siglos en su iconografía. 

Se decía que el rostro joven de Jano miraba al futuro y el viejo al pasado, por esta razón los romanos le consagraron el mes del año nuevo (Januarius = Enero): una cara miraba al año viejo y la otra al año nuevo. Además el dios Jano se situaba a menudo guardando las puertas, y los umbrales, con una cara mirando a cada lado, por lo que se le consideraba guardián de los 'pasos', en particular de aquellos momentos y decisiones de la vida que marcan un antes y un después. Pero también, y por la misma razón, era el dios de las iniciaciones, pues estas son consideradas un paso de una vida -vieja- a otra -nueva, por ello la expresión neófito, nueva planta-. 

En general presidía las iniciaciones de los oficios y las artes en la antigua Roma, pero muy en particular era asociado a los colegios de arquitectos y constructores. Encontramos aquí otra curiosa coincidencia o reminiscencia con los dos 'san Juan', estos son precisamente los patrones de la masonería, que durante siglos fue la continuación del colegio romano de constructores. Aquí una vez más el paralelismo entre los 'san juanes' y Jano es obvia. 



Simbolismo astrológico de Jano

Menos conocido es quizás la relación de Jano con el Sol. El año romano (y su calendario) estaba en función del sol y de su ciclo celeste. El fin de un año y el comienzo de otro eran señalados por el fin de un ciclo del sol (el solsticio de invierno) y el comienzo de uno nuevo.

Las dos fiestas anuales dedicadas a Jano coincidían precisamente con los dos solsticios, invierno y verano. Esto nos indica que ambos estaban considerados 'pasos' o puertas temporales, fronteras a un nuevo tiempo. Tiempo que debe considerarse cualitativo y no lineal y cuantitativo -como e sel tiempo moderno-: un tiempo de ascenso del Sol y otro tiempo que corresponde a su 'caída'. Sin duda esto tenía connotaciones simbólicas y no es de descartar que incluso los ritos de las iniciaciones de oficio estuvieran en función del momento del año. 

Si atendemos ahora a los dos 'san Juan' de la tradición cristiana es bien sabido que sus fiestas coinciden aproximadamente con los dos solsticios: San Juan Bautista es el solsticio de verano -comienzo del signo astrológico de Cáncer- y San Juan Evangelista corresponde al solsticio de invierno -comienzo del signo de Capricornio-. Una vez más la relación es evidente. 


Habida cuenta de todos estos paralelismos, cabe preguntarse si los dos 'san Juan' no han venido a sustituir de alguna manera lo que en la religión romana significaba el dios Jano y cuál era este significado. 

Como dijimos, los dos 'San Juan', abren y cierran un ciclo: la estancia de Cristo en la Tierra. Uno prepara su llegada y el otro asiste a su partida, recibiendo además el encargo de permanecer hasta que Él regrese. Es decir, ellos marcan y señalan el 'paso' que es Cristo. 

El Juan viejo (el Bautista) que desaparece con la llegada de Cristo, podría simbolizar las viejas tradiciones, la vieja Ley que será completada y cumplida por Cristo [4]. El Juan joven  por su parte, toma el testigo de Jesús y mira al futuro, a los nuevos tiempos, a la naciente tradición cristiana, no puede ser casualidad en este sentido que sea el de San Juan Evangelista el último de los cuatro evangelios, ni que él mismo  cierre con sus palabras toda la Biblia, él es el anunciador del nuevo tiempo en que Cristo se ha revelado a los pueblos.



Los dos 'san Juan' y la puerta del Templo

Los dos ‘san Juan’ también se han puesto en relación con las columnas de Hércules, que aparecen en el Plus Ultra (R. Guénon) y que señalan también los dos solsticios: el punto más alto -solsticio de verano- y el más bajo -solsticio de invierno- del curso del sol. 

Si ponemos en relación esta idea de los dos ‘san Juan’ como las dos columnas que marcan el límite al sol con la simbólica arquitectónica, encontramos una interesante relación. Las dos columnas del Plus Ultra pueden ser equiparadas a las dos columnas legendarias que custodiaban la entrada del Templo de Salomón: Jaquín y Boaz

Ahora bien, si imaginamos la entrada a un templo cristiano, por ejemplo románico, encontramos estas dos columnas en las jambas que flanquean la portada. Sobre ellas precisamente descansa un arco -habitualmente de medio punto- que simboliza el cielo, la bóveda celeste, y la ‘piedra angular’ de dicho arco  es el mismo Cristo, como dice el Salmo[5]:

            “La piedra desechada por los constructores vino a ser la piedra angular”. 


Precisamente en el lugar de esta ‘piedra angular’ es frecuente encontrar el Crismón, escudo y anagrama de Cristo. Cristo es esa ‘piedra angular’ que mantiene en equilibrio toda la estructura, toda la Iglesia -como cuerpo espiritual-, apoyado en las dos columnas que simbolizan los dos ‘san Juan’. Sin esta 'piedra angular' el arco -y simbólicamente todo el edificio- se derrumbaría. Cristo, según este simbolismo constructivo, mantiene unido y en equilibrio el universo mismo. Por tanto el simbolismo entre el arco de medio punto como curso del sol y las jambas del portal como sus límites -superior e inferior- es bastante claro. 

Pero además, debido al anterior simbolismo citado, la iglesia misma pasa a ser una gran puerta, un umbral espiritual: salida de este mundo, terrestre, y entrada en otro mundo, celeste. Aquí los dos ‘san Juan’, más allá de ser dos meras columnas, son los dos legendarios custodios, guardianes o vigilantes del umbral, del 'paso iniciático', tal y como les encontramos en ‘La Flauta Mágica’ de Mozart. Por tanto las dos profetas que enmarcan a Cristo y su presencia real en el mundo, vigilan también el acceso a Él.  

Según esta idea de los guardianes del umbral, los dos 'san Juan' toman otra forma en la arquitectura cristiana tradicional. Los dos colosos mitológicos que guardan el umbral -simbolizados en la tradición hebrea como las dos columnas del Templo, Jaquín y Boaz- son representados en las arquitecturas románica y gótica por los dos altos campanarios que flanquean la portada occidental de todas las catedrales europeas. Los campanarios cumplen la función profética de llamada y advertencia, sus campanas son 'voz que clama en el desierto' para quien la quiera oír, y cuyo sonido, según la creencia popular, ahuyenta los demonios. Los campanarios por tanto, anunciando y proclamando la presencia de Cristo en toda la tierra, toman el lugar de los dos 'san Juan': entre ellos queda la puerta al reino de los cielos, que es el mismo Cristo. 

Y como Jano era un dios de las iniciaciones, aquí también se trata de un simbolismo claramente iniciático: la iniciación es presentada aquí como el 'paso' de un umbral, como el cruce de una puerta, un ‘antes y después’ que implica una muerte -el hombre viejo que es el Bautista- y un nuevo nacimiento -el hombre joven, representado por el evangelista-[6]. La puerta es una frontera entre dos mundos: el pasado profano y el futuro sagrado, la muerte y la vida, o el mundo de la perdición de un lado y el mundo de la salvación del otro.

En la Cruz se cierra un ciclo. El ciclo crístico del ministerio entre los hombres de Jesús. Un ciclo abierto con un Juan (el Bautista) y cerrado con otro Juan (el Evangelista). Si Juan estará siempre -según dice Jesús en su despedida- hasta que Él vuelva y Juan no es otra cosa que el 'paso' de la puerta o el umbral que nos lleva a la nueva vida, quizá signifique que la puerta por la que se llega al Reino de los Cielos estará siempre accesible. 






[1] Juan 19:26-27.
[2] Juan 1:7; 1:15.
[3] Juan 21:24.
[ 4] 'No vine a abolir la Ley y los Profetas sino a darle cumplimiento'. (Mt 5:17)
[5] Sal 118:22; Mt 24:43.
[6 ] Es el 'segundo nacimiento' de la conversación con Nicodemo.

viernes, 29 de agosto de 2008

Algunas notas sobre el amor cortés (III): Triángulo del amor cortés.




Adán – Lilith – Sammael

Adán – Eva – Serpiente



Es el triángulo del amor cortés. Adán es el esposo, pero la esposa Lilith lo abandona y se va con el ángel rebelde. Eva de algún modo, al caer en la tentación, también le es infiel. Es una figura arquetípica repetida infinitamente en la mitología y que subvierte o rompe el orden establecido, el orden moral-social.

Profundizando en el episodio el diálogo entre Eva y la serpiente es un diálogo idéntico a aquel que mantuvo Jesús en el desierto con Satanás durante sus tentaciones. Se trata de un diálogo puramente interno pues la voz del enemigo no es sino una parte de sí mismo, de su persona, de su interior. Eva no es más que la imagen elaborada, socializada, civilizada de la antigua Lilith. Es un regreso de Lilith bajo otra apariencia, donde se impone el super-yo freudiano. A partir de ahí Eva pasa a ser doble, pues la Lilith expulsada y ocultada, no está en otra parte que dentro de ella, en su oscuro subconsciente. La mujer es mitológicamente un ser doble: divina y diabólica, madre y amante a la vez.

Algunas notas sobre el amor cortés (I)

(Inspiradas en el libro El amor cortés o la pareja infernal de Jean Markale y yendo un poco más allá)

El amor cortés tuvo lugar entre los siglos XI y XIII y mayoritariamente entre las clases nobles y acomodadas. No fue un fenómeno de masas sino, más bien, de élites. No deja de sorprender que el triunfo del amor cortés coincida tan exactamente con la época de mayor esplendor de los cultos marianos, lo que podríamos denoiminar un
triunfo de la Virgen. Es evidente la relación entre ambos fenómenos. Notre-Dame, nuestra Dama o nuestra Señora, es también la dama del amor cortés que es su prefiguración, su materialización en la vida del caballero. Nuestra dama universal se convierte para el caballero en mi dama.


Dama – del latín domina, femenino de dominus; dueña, señora.

Se produce en el ideal del amor cortés una unión del amor con la acción guerrera (con todo lo que implica el ideal de la caballería). El amor pasa a ser el motivo que permite la hazaña, la proeza, la superación de uno mismo.

El caballero nunca puede ser el marido (sería entonces el igual de su esposa). El caballero debe estar mas abajo que la amada en la escala social y espiritual, por eso el caballero no tiene dominios ni fortuna personal, tan solo voluntad, por ello presta sus servicios. Pero el caballero sí ha de poseer una potencialidad, una capacidad de ser, una casta guerrera. Y gracias a la mujer que a la que va a honrar con sus gestas y a la que servirá hasta el limite extremo de sus posibilidades pondrá en marcha esa potencialidad, llevará a cabo proezas que le harán ser amado por la mujer adorada y podrá recibir la recompensa que se merece. Al hacerlo él mismo superará distintos estadios de evolución: una rigurosa iniciación caballeresca que le llevará a un rango espiritual superior, al que no habría tenido acceso sin la motivación, provocada exclusivamente por la mujer, su dama.

La dama por su parte nada sería sin aquel al que elige entre los pretendientes, aquel con el que va a iniciar un verdadero ritual de posesión, un ceremonial que llevará al hombre a transgredir los interdictos sociales, morales e incluso sexuales, para llegar a un estado de exaltación gracias al cual todo es posible. El objetivo reconocido de la dama es ser valedora de su amante, exigirle todo para hacerle mejor, lograr que recorra las etapas necesarias para su desarrollo espiritual y eso al precio des las más duras obligaciones, pruebas penosas e injusticias escandalosas en muchos casos. Se somete al amante a vicisitudes intolerables en algunas ocasiones pues afectan a su honor. Con ello no se mide el grado de obediencia sino la fuerza, el coraje, la virtud (del latín virtus, fuerza), la capacidad de enfrentarse con el mejor de los ánimos a los contratiempos, a las derrotas, a los sinsabores y a pesar de todo soportar la situación.

La noción del individuo desaparece en este juego amoroso para dejar paso a la noción de pareja: el caballero amante no puede existir por sí solo (necesita una dama objeto de su amor), ni tampoco la dama encuentra mucho sentido a su existencia en su orgullosa soledad. Era un honor y un privilegio ser pretendida y para ello había también que hacerse valer, cultivarse como dama culta. De este modo, entre las damas de la nobleza era casi obligatorio conseguir algún caballero pretendiente, lo contrario representaba un fracaso... ¿Es esta pareja infernal paso obligado del ser que busca su plenitud? ¿Es esta pareja el perfecto hermafrodita, el rebis alquímico de las dos caras?

Socialmente el amor cortés fue también en ocasiones un modo arriesgado de vincular la fidelidad de un paladín a su señor a través de la esposa de éste. En la leyenda artúrica Arturo pide a Ginebra que retenga a Lancelot en la corte como sea. ¿Cuál es entonces el límite?

El mismo vasallo será, si es aceptado por la dama, el adicto a la dama en virtud de un juramento de amor equivalente en todo al juramento de vasallaje a su señor. Se tejía así una sutil red de interdependencias entre individuos en un sistema de vínculos espirituales y relaciones de fidelidad muy estrechas, como era en el orden feudal.

El amor aparece como un estado trascendental del ser que solo puede alcanzarse siguiendo cuidadosamente las etapas de una iniciación social, moral y psicológica al mismo tiempo. El amor cortés es una dura y larga prueba durante la cual, sean cuales sean los sufrimientos soportados, el amante desea con todo su ser llegar a la perfección encarnada en este mundo por su dama y llegar a tal perfección sólo en honor a ella. Debe hacerse valedor, merecedor de su dama. Y en último término es solo a ella a quien debe cuentas en este sentido. 

La pareja del amor cortés es infernal en la medida en que es inmoral, pues está al margen de las leyes establecidas socialmente, es subversiva; y también es inmoral en la medida en que aporta turbación y sufrimiento sin límite a alguien, el caballero, que se entrega voluntariamente y en plena conciencia a la mujer/dama que ha elegido.