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jueves, 30 de abril de 2015

Catedral gótica y esoterismo cristiano (III)

Las similitudes y analogías que hemos encontrado al comparar la catedral gótica en tanto microcosmos con el Árbol sefirótico de la cábala hebrea nos invitan a realizar una exploración más detallada de las relaciones existentes entre ambos diagramas cósmicos. Nuestra exploración tomará como punto de partida la correlación gráfica de ambos diagramas y va a permitir arrojar algo de luz sobre algunos simbolismos del templo medieval que suelen pasar desapercibidos   

Si superponemos el árbol sefirótico sobre el plano de una catedral comprobaremos el sorprendente grado de coincidencia existente entre los dos modelos y la extraordinaria armonía que se desprende de la fusión de ambos. 

Superposición del Árbol sefirótico sobre la planta de la catedral de Chartres. 

Como puede apreciarse en la ilustración además de la coincidencia general entre ambas figuras destacan las correspondencias simbólicas existentes entre el Pilar central del Árbol y el eje central de la catedral. 

En el caso concreto de la catedral de Chartres, cuya planta hemos presentado en la ilustración imediatamente anterior algunas coincidencias son especialmente significativas: la 'séfira oculta' D'aath coincide con el lugar donde originalmente se encontraba el altar mayor de la catedral, la novena séfira, Yesod, coincide con el lugar que ocupa el famoso laberinto, Tiferet coincide con el crucero de la catedral, Malkhuth con el nártex, y las tres séfiras superiores que coronan el Árbol -y que corresponden a realidades situadas fuera de la manifestación- corresponden a los tres ábsides menores de la girola. 

sábado, 25 de abril de 2015

Catedral gótica y esoterismo cristiano (II)

Presencia de los 'tres mundos' en la catedral medieval. 

Según lo que hemos dicho hasta ahora acerca del valor como microcosmos de todo templo, sería de esperar que los 'tres mundos' se encuentren, como una suerte de resumen del universo, contenidos y representados de algún modo en el propio templo cristiano medieval. Así es en efecto, y además lo están por partida doble: podemos encontrarlos representados en la planta del templo y también en su alzado. Esto es así, conviene hacer la aclaración a fin de evitar malentendidos, siempre y cuando se cumpla la condición básica de haber sido edificado el templo conforme a las reglas -el canon- de la arquitectura sagrada, como ya hemos comentado antes, lo que por otra parte era lo habitual en la edad media, no así en tiempos más recientes y prácticamente nunca en tiempos modernos. 


Alzado de la nave central de la catedral de Nôtre-Dame de Chartres, 
donde se aprecia claramente la división en los tres niveles de manifestación o 'mundos'. 
El triforio corresponde al mundo intermedio. 

viernes, 24 de abril de 2015

Catedral gótica y esoterismo cristiano (I)



A fin de continuar profundizando en el simbolismo del templo cristiano y en su dimensión cósmica nos referiremos a continuación a algunas de las relaciones que existen entre la catedral gótica y la cábala medieval, relaciones mucho más estrechas de lo que cabría imaginar desde las tan frecuentes perspectivas religiosas exclusivistas que tratan de presentar como realidades separadas y enfrentadas entre sí a las diferentes tradiciones espirituales.

Tales relaciones entre tradiciones espirituales no deberían extrañar a nadie y a buen seguro fueron de un mayor alcance de lo que se suele reconocer. En general la influencia cultural e intelectual entre los esoterismos judío y cristiano durante la edad media ha sido bastante infravalorada, especialmente si la comparamos con la muy sobrevalorada influencia musulmana en la cultura europea y cristiana, que ha recibido una atención mucho mayor -quizá exagerada- por parte de los académicos. 

Por otra parte la existencia de influencias mutuas entre tradiciones espirituales a niveles que sobrepasan el marco meramente religioso o exotérico no puede ser negada y en este caso concreto resultan ser una prueba irrefutable del contacto que el cristianismo medieval mantenía con los 'centros espirituales' de su época, tal y como ha sido apuntado repetidamente por infinidad de autores, entre ellos Guénon, Evola, Burckhardt o Hani. La existencia de estos contactos ha dejado su huella en la memoria colectiva y popular en forma de mitos y leyendas que hacen referencia a los mismos, como son algunos episodios presentes en las leyendas elaboradas en torno a la misteriosa búsqueda del Grial o aquellas otras que se refieren al Reino del Preste Juan

A pesar de que, como decíamos, las posibles relaciones entre el esoterismo hebreo y el esoterismo cristiano han sido ignoradas hasta tiempos muy recientes por los especialistas, es innegable que la tradición cabalista se encontraba por razones obvias en una posición mucho más favorable para influir sobre el esoterismo cristiano que el mundo musulmán, mucho más alejado no solo culturalmente sino incluso físicamente -hay que recordar que antes de las cruzadas los únicos puntos de contacto serio y mantenido entre ambos mundos eran la península ibérica y Sicilia-. Asimismo, la cultura judía estaba en una posición privilegiada para tender puentes entre las respectivas élites espirituales de las otras dos tradiciones y realizar una cierta labor de mediación entre ellas. No decimos que tenga que haber sido forzosamente así, pero sí que, de haberse producido tales contactos entre élites o centros espirituales en el mundo medieval, este parece ser el camino más lógico en que se produjeran tales contactos. A este respecto es llamativo que fuera precisamente en el entorno mediterráneo donde la cábala tuviera un mayor desarrollo (Cataluña, Baleares, Provenza, Languedoc, etc...).  

martes, 18 de febrero de 2014

Simbolismo de la Esvástica


Es un error muy común considerar la esvástica como un 'símbolo solar'. No lo es en absoluto. Se trata de uno de los muchos errores que cometen las 'ciencias' académicas al tratar de interpretar el arte tradicional, error que después se transmite durante décadas debido a la endogamia bibliográfica -y a la falta de relectura crítica- que es una de las señas de identidad del mundo académico, que se perpetua a sí mismo en un infinito 'corta y pega'. Ante la mistificación de la bibliografía académica, toda ella cortada por el mismo patrón y que adolece de los mismos defectos, parece que citar una fuente anterior sea un criterio de verdad. Es así que saberes académicos como la arqueología, la antropología y la historia del arte, carentes por completo de un marco de referencia que les permita entender, siquiera en parte, el arte tradicional, tan solo pueden 'especular' sobre el arte de los pueblos antiguos. Especulaciones que además, demasiado a menudo, se ven alimentadas por las esperpénticas fantasías provenientes del psicoanálisis, del cual el pensamiento académico -aunque siempre acusándolo desde su pretendida superioridad de 'pseudo-ciencia'- nunca ha renegado en absoluto, bien al contrario, lo ha aceptado y asumido como lo que es: la (pseudo-)mitología más propia de la posmodernidad[1], la que ha dado origen a sus mitos, imágenes y fantasías. Todo esto sería largo de explicar pero las anteriores palabras serán más que suficientes para quien tenga un mínimo conocimiento tradicional. 

martes, 28 de enero de 2014

Templo cristiano y astrología (II)


La Catedral gótica y el Zodíaco

Una vez definidos los puntos cardinales y el eje longitudinal sobre el que se levantará la catedral se trazaba un gran círculo y dentro del mismo se inscribía la rueda zodiacal. El zodiaco es una medida cíclica del tiempo: indica el tiempo que tarda el sol en volver a ocupar la misma posición aparente en el cielo. Para calcular estas posiciones del sol se toman como referencia las distintas constelaciones que el astro cruza en su recorrido celeste. El sol tarda un año en completar su recorrido cíclico y volver a su posición de partida. Este viaje de un año está dividido en doce etapas o estaciones: las doce constelaciones que dan nombre a cada uno de los doce signos del Zodiaco.

Pero, ¿por qué inscribir la catedral en un círculo astrológico? Por dos razones.

  1. Por una parte el círculo es símbolo del Cielo como el cuadrado es símbolo de la Tierra. Puesto que la intención de quienes construían una catedral era hacer un lugar de encuentro entre el Cielo y la Tierra y la catedral era una suerte de representación (o reflejo) en la Tierra de la Jerusalén Celeste, debía plasmarse en ella el orden celeste en tanto las leyes del cielo ordenaban la tierra. El orden celeste debía ser representado matemática y simbólicamente en la catedral, que era como una porción de la tierra elegida para contener el orden total del cosmos, así la catedral sería un microcosmos dentro del caos que suponía el resto del mundo exterior, la tierra entendida como materia prima y caótica -sin orden- o caos pre-formal. 
  2. En segundo lugar Cristo es designado Sol del mundo y comparado a menudo en la Edad Media con el Astro Rey. En tal caso el mismo templo debe estar en función del Sol y de su ciclo anual (con sus dos mitades ascendente y descendente).



Así, al consagrar el espacio en que se levantaría la catedral se repetía simbólicamente la creación del mundo descrita en el Génesis en que Dios imprime un orden en la materia caótica mediante su Palabra y con este acto ordenador la potencia deviene acto. Recordemos además que la palabra consagrar contiene el sentido de 'separar para Dios', como se dice expresamente de la consagración de Samuel desde su nacimiento en la Escritura (1S 1, 24). 

Por otra parte, lo que en los cielos es una medida temporal (la sucesión de los doce signos del Zodíaco) pasa a ser en la Tierra una medida espacial. La rueda zodiacal queda entonces inscrita en las cuatro direcciones del Espacio. Este paso del tiempo al espacio y del Cielo a la Tierra se muestra simbólicamente como el paso del círculo (celeste) al cuadrado (terrestre), operación también conocida como 'cuadratura del círculo'.




Zodiaco de la catedral de Amiens.

De izquierda a derecha pueden observarse los signos de Leo, Virgo y Libra; 
bajo ellos los meses de julio, agosto y septiembre representados 
con los trabajos correspondientes.  



Pero trasponer los símbolos de lo temporal a lo espacial requería de precisos cálculos. Para lograr estos cálculos y transposiciones se debía efectuar una serie de correlaciones simbólicas.

En primer lugar se han de poner las constelaciones del Zodiaco en correspondencia con las direcciones del Espacio y los puntos cardinales. Esto no es muy complicado. Se debe considerar en primer lugar que el año astrológico comienza en el equinoccio de Primavera. A su vez la rueda del zodiaco comienza en el signo de Aries. Por tanto pueden ponerse en relación el equinoccio de Primavera y el signo Aries: de hecho zodiacalmente el equinoccio primaveral corresponde al comienzo del signo de Aries (21 de Marzo). Vemos ahora la importancia que tiene tomar la salida del sol en dicho equinoccio como referencia principal para la construcción del Templo. Esta salida del sol que marca la primavera establece una primera correspondencia espacial entre el signo astrológico de Aries y un punto cardinal del horizonte: el Este.

Si el Este corresponde a Aries, a partir de aquí no resulta difícil establecer el resto de correspondencias astrológico-espaciales atribuyendo a cada punto cardinal un signo del zodiaco. Veamos cómo se puede fácilmente hacer coincidir los cuatro puntos cardinales con las cuatro estaciones del año solar y los signos que las abren.

La circunferencia en que se dibuja el Zodiaco tiene 360 grados. Trazando un diámetro desde el Este hacia el Oeste donde se corta la circunferencia en el extremo opuesto se obtiene el signo opuesto a Aries, que astrológicamente es el equinoccio de Otoño: Libra. Si se traza a continuación un diámetro perpendicular a este último (lo que sería el Cardus romano) se obtienen los signos que cierran el Zodíaco por arriba y por abajo (es decir el punto más alto y el punto más bajo del recorrido anual del sol): los solsticios de Verano e Invierno. Astrológicamente los solsticios corresponden a los signos de Capricornio y Cáncer también denominados en ocasiones Puertas Solsticiales [1]. 

La catedral queda encuadrada de este modo por el ciclo solar, marcado ante todo por los equinoccios y los solsticios, tal y como puede verse en el dibujo:




Hemos dicho que la catedral queda encuadrada en el ciclo solar o zodiacal. A simple vista cabe destacar una coincidencia para nada casual: se denominan signos cardinales a los 4 signos zodiacales que señalan justamente los conocidos 4 puntos cardinales. Esto quiere decir que los 4 puntos cardinales son definidos en la tierra mediante 4 acontecimientos celestes, más concretamente solares: los dos solsticios y los dos equinoccios.   

Consideramos que el sentido de giro del plano de la catedral es levógiro -contrario a las agujas del reloj-. De este modo el signo de Cáncer -que señala el solsticio de verano- queda ubicado en la puerta norte de la catedral y el signo de Capricornio -que señala el solsticio de invierno- queda ubicado en la fachada sur de la catedral. 

Como se deduce fácilmente de la imagen, si el sentido de giro que se otorgara a la representación zodiacal fuera dextrógiro solo cambiarían los lugares de los signos solsticiales -se invertirían uno por otro-, mientras los signos equinocciales -Aries y Libra- permanecerían sin cambios, orientados a este y oeste respectivamente, es decir permanecen invariantes tanto si la representación zodiacal fuera en sentido levógiro -como creemos que de hecho es- como si fuese en sentido dextrógiro. 

Muy probablemente había razones simbólicas de peso por las que el giro era determinado en sentido levógiro, quizá relacionadas con la medida diferente de los dos tiempos cualitativos de que ya hemos hablado, pero dichas razones son desconocidas hoy. Como sabemos que generalmente los ritos circunambulatorios -procesiones y peregrinaciones- que tenían lugar en el interior de la catedral eran desarrollados en sentido levógiro optamos aquí por esta hipótesis, pero las razones de que sea así todavía se nos escapan. 






En realidad la catedral guarda muchas relaciones matemáticas y simbólicas con el cuadrado. En su forma más elemental, la cruz latina es el desarrollo plano del hexaedro regular o cubo, de modo que simbólicamente la catedral es como un cubo desplegado y abierto hacia cielo [2]. Dado que cuadrado y cubo son símbolos de la tierra (todo lo que implica el número 4 en general) el despliegue del cubo simboliza muy bien la apertura de la tierra para recibir la gracia de los cielos y así al seguirse este patrón digamos cúbico se dota al lugar de la regularidad geométrica adecuada para que tal comunicación entre cielo y tierra se lleve a efecto. Dicho cubo primordial se mantiene esencialmente en el crucero, enmarcado por los cuatro pilares que señalan la unión de la nave y el transepto y sobre los que descansa la bóveda (véase la ilustración).  



En la siguiente tabla puede verse la correspondencia entre los cuatro puntos cardinales y las cuatro estaciones del año, junto a los signos del zodiaco correspondientes que señalan el comienzo de las mismas:



Punto cardinal
Estación
del año
Signo zodiacal
Evento solar
Este
Primavera
Aries
21 de Marzo (equinoccio de primavera)
Sur
Verano
Cáncer
21 de Junio (solsticio de verano)
Oeste
Otoño
Libra
21 de Septiembre (equinoccio de otoño)
Norte
Invierno
Capricornio
21 de Diciembre (solsticio de invierno)




Tenemos ya las cuatro estaciones principales del sol a lo largo de su año (que marcan también las cuatro estaciones del año terrestre) situadas en los extremos de los dos diámetros ortogonales de la circunferencia. Cada estación ocupa un cuarto de circunferencia y dista 90º de la siguiente (o la anterior). Sólo resta entonces ubicar los otros ocho signos zodiacales. Como los signos del zodíaco se distribuyen en número de tres en cada cuadrante o estación solar, los ocho que restan son fáciles de asignar en su lugar si se calculan sus posiciones en función de ángulos de 30 grados (30ºx12=360º).

Queda así dividido el círculo en 12 arcos de 30 grados en el que cada arco corresponde a un signo del Zodiaco, es decir a una etapa del calendario celeste, es decir del recorrido del sol por el cielo a lo largo del ciclo anual. 

Esto tiene dos curiosas lecturas. Por una parte la catedral es situada simbólicamente en el centro del año: los meses y las estaciones se distribuyen a su alrededor como Cristo está en el mismo centro del universo. Son frecuentes las representaciones medievales de Cristo como Rey del Mundo situado en su centro, a modo de chakravarti, el Señor del universo que gobierna toda la manifestación y hace girar la rueda. El centro simbólico de la catedral -que es el altar- replica así este simbolismo situando a Cristo en el mismo centro del mundo. De este modo la catedral es una réplica del universo en miniatura orientado y ordenado según la ley celestial y divina, como tradicionalmente han sido los templos destinados a acoger los ritos sagrados.  

Por otra parte al estar así construida la catedral constituye en sí misma un magnífico reloj solar que marca las horas del día y los meses y estaciones del año y del sol. La catedral y el ciclo temporal quedan de este modo definitivamente enlazados.

En la siguiente ilustración se muestra cómo se inscribe la catedral en la ruleta zodiacal: 








Figuras del zodiaco-calendario del Portal Norte de la catedral de Chartres. 
En la linea exterior se distinguen los signos de Libra y Escorpio (aquí también bajo la forma de una especie de lagarto con seis patas) mientras en la serie interior de 'trabajos y días' se ven los meses de septiembre (pisando la uva en el lagar), octubre y noviembre (el ideograma representa la recogida de las bellotas, el 'magosto': puede apreciarse un roble reconocible por sus hojas y unos cerdos bajo el mismo) 






[1] Guénon, R. 'Símbolos fundamentales de la ciencia sagrada'.

[2] Recordemos que la Kaaba donde descansa la Piedra Negra no es sino un cubo, como su propio nombre indica. 

sábado, 30 de agosto de 2008

Simbolismo del laberinto (II): Laberinto y comunidades iniciáticas



Para proseguir con los diferentes simbolismos del laberinto, compatibles todos ellos entre sí, pues no se excluyen, debemos remitirnos a la estructura funcional de una comunidad iniciática. Esto requiere de algunas explicaciones previas acerca de la morfología y constitución de las comunidades iniciáticas.

Una comunidad iniciática tradicional y regular es en sí misma un microcosmos, es decir, reproduce a su escala y nivel el orden universal. En una tal comunidad el maestro, en tanto que poseedor del conocimiento (gnosis) o la influencia espiritual (baraka) que hace al grupo ser lo que es, es la referencia indiscutible para el resto de miembros.

Puede perfectamente considerarse esta figura del maestro, en tanto que central, como un “centro inmóvil”, un “centro del universo” –universo que es la comunidad en sí misma –. El maestro es el “centro” de su comunidad exactamente como el sol es "centro" de su sistema solar. Podría decirse incluso que de modo del todo equivalente a como el sol mantiene unidos a sí los planetas del sistema solar, así el maestro -mediante su fuerza e influencia espirituales- mantiene a sus discípulos ligados a él, formando un “círculo” iniciático y protector.

En tanto que “centro inmóvil” el maestro es el “polo” de su comunidad al que deben tender (orientarse) sus discípulos; y en cierto sentido dicho maestro es inaccesible a los profanos. Esto es así no solo en la teoría sino incluso también en la práctica, pues dicho maestro está como rodeado y protegido, por sus alumnos, oficiales y adeptos de diversos niveles, de las influencias del “mundo profano”. Adeptos que por una parte le protegen como a una “tierra santa” y por otra establecen contactos con el mundo exterior, es decir mantienen comunicación con el “mundo profano”. En otras palabras, ellos, los adeptos, comunican el interior y el exterior de su comunidad[1] manteniendo a ésta en contacto con el mundo exterior. 

Los “oficiales” (y nótese las implicaciones militares de la palabra) son como el más cercano “cinturón de seguridad” del núcleo que representa el maestro, y pueden ser denominados por ello “guardianes de la Tierra Santa”. En virtud de semejantes equivalencias el maestro mismo constituye el auténtico “Grial” para su propia comunidad, pues él forma el vínculo que une a esa comunidad con el centro espiritual superior. Él representa en este nivel de manifestación ese hilo conductor ininterrumpido que pasa de maestro en maestro a lo largo del tiempo y las generaciones. 

Por último en el nivel más bajo si imaginamos una representación vertical -forma piramidal- o más alejado del centro si tomamos una representación horizontal -tal como puede ser el laberinto, la figura de la 'triple fortaleza' u otra de las muchas representaciones representaciones concéntricas que se refieren a esto-, estarían los aprendices, no considerados adeptos [2] por no haber actualizado aún la iniciación recibida. La iniciación la instruye exclusivamente el maestro que es el único que la puede dar regularmente.

Tal como hemos explicado la estructura constituida por núcleo, zona intermedia y periferia destaca la analogía que dicho esquema posee con la estructura del huevo de las aves -cáscara, clara y yema-, conocido símbolo del renacimiento espiritual, y en general con la estructura básica de la célula -membrana, citoplasma y núcleo-.



Enlosado de la catedral de Amiens que forma la figura del “triple recinto” o “triple fortaleza” celta, imagen de la configuración esencial de cualquier comunidad iniciática y por extensión de toda la sociedad tradicional en su conjunto.

El suelo original de la catedral fue sustituido en tiempos modernos por este otro que puede verse en la imagen, el cual, a pesar de su factura moderna, conserva varias formas tradicionales, incluyendo esvásticas y un curioso laberinto poligonal.



Pasando al análisis de los laberintos propiamente, diremos que los laberintos de camino único representan básicamente la misma estructura en tres capas de profundidad que ya hemos descrito: zona de límite y protección, zona intermedia y núcleo. 

El sendero del laberinto simboliza el camino que debe recorrer el hombre profano desde la exterioridad hasta el centro de sí. Tal viaje hacia el interior de sí mismo tiene su correlato con la posición que ocupa ese individuo particular en su comunidad o sociedad, posición que puede ser más interior o más exterior: en tanto que hombre profano solo participa de la vida social normal de la comunidad y acaso de sus ritos exotéricos, está por tanto en la exterioridad, pertenece a la periferia de la comunidad; pero en tanto que iniciado y adepto ocupa un lugar central, sosteniendo invisiblemente a su comunidad mediante su participación en el núcleo de la misma. 

Desde este punto de vista el propio laberinto semeja la comunidad iniciática, el grupo sagrado. Si el centro es el maestro de su comunidad, las baldosas que conforman el enlosado representan ellas mismas -siguiendo el conocido simbolismo de las piedras de la iglesia en representación de sus fieles- a todos los iniciados que han trabajado activamente en la obra (exterior e interior) y que están ejecutando por y en sí mismos el camino que designa el laberinto.

Toda la comunidad iniciática tomada como conjunto, así como el camino iniciático individual de cada miembro están representados –debido a la ley de analogía- en el mismo símbolo del laberinto. Penetrar en el laberinto equivale por tanto a acceder al ámbito sagrado que supone la comunidad regular e iniciática. Poco a poco el iniciado deberá recorrer progresivamente –y en un largo transcurso de años- el camino que lleva desde la periferia (el grado de aprendiz) hasta el centro (el grado de maestría). El adepto que alcanza el centro de su comunidad (o de su laberinto) se convierte a todos los efectos en un nuevo maestro, al modo de un sol que ilumina y guía a sus discípulos. Esta es la razón por la que los nombres de los maestros constructores de las catedrales góticas estaban inscritos o grabados precisamente en el centro de sus mismos laberintos.

Este es el camino reproducido y representado simbólicamente en las circunvalaciones de todos los laberintos y por esta razón es perfectamente correcto decir que el laberinto es un camino esotérico, pues a través de él se pasa de lo exterior -el mundo profano- a lo interior.



Laberinto en el suelo de la catedral de Chartres.



Aún podría hacerse una última lectura: el laberinto está dentro de la iglesia o catedral. La iglesia (como comunidad cristiana) sostiene y protege -mejor sería decir debe sostener y proteger- las comunidades esotéricas en su interior. El esoterismo tiene lugar y sentido entonces sólo dentro de la iglesia cristiana que es su marco debido.

Todo lo que se ha indicado a nivel de la comunidad es también válido a un nivel individual (en virtud de la ley de analogía): el hombre que alcanza su propio centro -pasando por las mismas o equivalentes pruebas por las que habría de pasar caso de pertenecer a una comunidad iniciática y tras el mismo arduo y tortuoso camino-, alcanza también el grado de maestro, pasa a encontrar desde entonces su maestro interior que no está sino en su propio centro, en el centro de su individualidad, el centro de su laberinto, laberinto que no es otro que su personalidad retorcida y profana, esquiva de lo más esencial y fundamental, es decir, su ego, que da una vuelta tras otra para no enfrentar lo fundamental: que está pronto a desaparecer. 

Dicho camino laberíntico hacia en interior de sí en ninguna parte está mejor representados que en el mito medieval de la búsqueda y el encuentro del Santo Grial.







[1] Al modo de la membrana celular, que protege el interior de la célula pero también lo “une” en cierto sentido al exterior pues por ella pasa la comunicación con el “mundo exterior”: separa y a la vez comunica ambos lados, ambos mundos.

[2] Como explicara Guénon, el lenguaje vulgar y profano usa la palabra 'adepto' como  equivalente de seguidor o iniciado y la emplean para los que están en sus inicios, cuando en realidad se refiere a los miembros que están más alto en la realización espiritual.